Llegan tarde siempre: qué esconde la impuntualidad y por qué puede arruinar tus vínculos
¿La impuntualidad es un simple mal hábito o hay algo más profundo? Psicólogos revelan las causas ocultas detrás de las demoras y cómo afectan tus relaciones.
¿Te pasa que siempre llegás tarde y no sabés por qué? La impuntualidad no es solo un hábito: puede estar escondiendo ansiedad, procrastinación o problemas para percibir el tiempo. Psicólogos explican las causas y cómo afecta las relaciones.
En La Plata, como en gran parte del país, la tolerancia social frente a los retrasos es notable. Pero detrás de cada persona que llega tarde hay una historia distinta, y no siempre es falta de respeto.
¿Por qué algunos siempre llegan tarde?
Tomás, diseñador gráfico de 26 años, confiesa: "Siempre pienso que llego a tiempo, aunque después termino llegando tarde". Subestima el tiempo de cada tarea: cree que puede salir a las 9:30 para llegar a las 10, pero la ducha, la ropa y un mensaje lo retrasan.
La psicóloga Nadia Alaguero explica que la impuntualidad debe pensarse "desde la singularidad de una subjetividad". Puede estar ligada a la autoridad, al deseo o a la resistencia al lazo social, pero aclara: "No se debe interpretar toda impuntualidad como resistencia o conflicto inconsciente".
Procrastinación y falta de percepción
Para Alaguero, la procrastinación es clave: postergar la salida hasta que el tiempo se acaba. También influyen las funciones ejecutivas, como la organización. Tomás lo reconoce: "Cuando algo no me entusiasma, inconscientemente lo voy postergando".
El psicólogo Mel Gregorini suma otra causa: la falta de percepción del tiempo. Hay personas que "no se dan cuenta, no calculan o perciben bien" cuánto tiempo pasa. Esto puede tener un origen neuropsicológico.
El otro lado: los que esperan
Mariana, contadora de 43 años, es de las que llega diez minutos antes. "Ser impuntual es una falta de consideración", sostiene. Le molesta la repetición y la falta de aviso: "Si acordamos a las ocho, no entiendo por qué tengo que asumir que es ocho y media".
Analía, periodista de 56 años, tenía la puntualidad como virtud, pero ahora puede demorarse unos minutos en encuentros sociales. "Nunca media hora o más, porque ya me parece una falta de respeto", aclara.
El papel de las pantallas
Gregorini observa que las redes sociales absorben la atención: estudiantes miran reels en lugar de entrar a clase. La tecnología, dice, puede hacer que el tiempo compartido pierda peso.
Luciana, abogada de 52 años, es puntual desde chica y le molesta la impuntualidad ajena. Para ella, refleja el compromiso: "El tiempo me estructura, pero no me define. Lo importante es lo que hacés con él".