Llegó a Comallo esperando un paseo familiar y terminó viviendo otra cosa: los animales que lo cambiaron todo
Sociedad · Río Negro

Llegó a Comallo esperando un paseo familiar y terminó viviendo otra cosa: los animales que lo cambiaron todo

Comallo recibía unos 1.300 visitantes al año. Siete meses después de abrir el Paleoparque, la cuenta cambió por completo: qué encontraron los turistas en la estepa y por qué el pueblo ya no cierra al mediodía.

En Comallo, a unos 112 kilómetros de Bariloche, hay un lugar donde la estepa rionegrina se convierte en una máquina del tiempo. Se trata del Paleoparque, un recorrido que reconstruye cómo era la Patagonia hace unos 30 millones de años, cuando este territorio no era el paisaje árido que conocemos sino una región de bosques, lluvias abundantes y temperaturas cálidas.

La propuesta combina fósiles, animaciones digitales y reproducciones hiperrealistas a escala real de animales que ya no existen. Algunos impresionan por su tamaño; otros, por su aspecto, que roza lo cinematográfico. Todos forman parte de una historia verificable: la de una fauna extraordinaria que dejó sus huellas en la zona.

Un recorrido en tres capas

La visita arranca bajo techo, entre fósiles y piezas que permiten reconstruir el pasado. Luego sigue en un auditorio, con animaciones y un documental explicativo. El cierre es al aire libre, frente a las figuras de los animales.

«No hablamos de dinosaurios, sino de animales prehistóricos: megafauna, aves corredoras, marsupiales carnívoros y aves gigantes. Realmente es un contenido muy particular, que mostramos de una manera especial. El recorrido permite conocer los fósiles de estos animales en una sala de exposiciones, después pasar por un auditorio donde tenemos animaciones digitales y un documental explicativo y, finalmente, observarlos en vida durante el recorrido por el parque. Es como conocerlos en tres capas», explica Aarón Hermosilla, director ejecutivo del Paleoparque Comallo.

El contraste entre el paisaje actual y el que habitaron esas especies es parte del atractivo. Durante el Mioceno, la Patagonia tenía lluvias copiosas, calor y vegetación que cubría grandes extensiones. Ese pasado remoto se cruza con el presente a medida que avanza la caminata.

Del pasado remoto a las preguntas del presente

La propuesta no se queda en la exhibición de animales llamativos. También invita a reflexionar sobre qué ocurrió con esas especies y qué puede aprender la humanidad de las transformaciones ambientales.

«Es apasionante poder conocer esa historia. El período que estudiamos se llama Mioceno. En la ciencia, uno de los estudios que se realizan sobre el futuro utiliza datos de esa época. Se analiza un momento en el que la Tierra estaba caliente, con una temperatura promedio del planeta muy elevada, y en el que vivían estos animales. Había abundantes lluvias, mucho calor y una gran disponibilidad de agua en el continente», cuenta Hermosilla.

El tramo final aborda la interacción entre los seres humanos y la megafauna, con especies que desaparecieron en ambientes de características similares a los actuales. Allí la historia natural se conecta con una pregunta incómoda sobre la huella que deja nuestra especie.

«En el último tramo de ese recorrido cronológico aparece la interacción entre los animales de la megafauna y los seres humanos. Todo el recorrido nos permite hacernos preguntas sobre nuestro propio futuro y sobre el impacto que dejamos en el planeta. Hay también un simbolismo detrás de esa presentación», agrega el director.

Una salida sin apuro

La visita requiere al menos 90 minutos, aunque muchas familias se quedan más tiempo. El predio tiene gastronomía y regalería, así que no hace falta salir para completar la jornada. Para quienes van con chicos, la combinación de aprendizaje, entretenimiento y actividad al aire libre funciona como un plan redondo.

Hermosilla describe una reacción que se repite: la gente llega pensando en resolver una salida familiar y termina adoptando otro ritmo. «Cuando llegan acá es como si les cambiara el chip. Empiezan a vivirlo en otro tiempo. Se dan cuenta de que nadie los apura, que el ambiente del lugar y la tranquilidad del pueblo no los invitan a correr, sino a disfrutar de una manera totalmente distinta», relata.

El boca a boca se convirtió, según el director, en el principal promotor del parque. Hay visitantes que vuelven con familiares o amigos después de una primera experiencia, y otros que llegan recomendados por alguien que ya conoce el predio.

Casi 10.000 visitantes en siete meses

El Paleoparque abrió el 30 de marzo y su crecimiento superó las expectativas: en siete meses estuvo cerca de los 10.000 visitantes. La cifra cobra otra dimensión al compararla con el movimiento turístico previo de Comallo.

La mitad de quienes llegan son turistas. Muchos vienen de Bariloche, pero también hay visitantes de Villa La Angostura y San Martín de los Andes. Otros circulan por la Ruta Nacional 23 y encuentran en el parque un motivo para frenar. Las escuelas completan los tres públicos que el proyecto buscaba convocar desde su diseño, junto con los turistas y los científicos.

«Hicimos un gran trabajo para preparar un producto de excelencia, con estándares internacionales y realmente funciona y está revolucionando el pueblo. ¡10.000 visitantes en siete meses! Esto es importante para dimensionar: salvo la Fiesta de la Cordialidad, que es un evento masivo que tenemos en marzo, el pueblo registraba alrededor de 1.300 visitantes al año», destaca.

El pueblo cambia de ritmo

La llegada de turistas empieza a modificar la vida cotidiana. Los comercios de la avenida principal extendieron horarios, algunos dejaron de cerrar al mediodía y la demanda también se nota en las estaciones de servicio. Son señales de cómo una propuesta turística puede mover otros rubros y abrir oportunidades para los vecinos.

«Es impresionante cómo se nota. Todos los comercios se ven movilizados en días en los que antes no estaban acostumbrados a tener movimiento. Son pequeños detalles que quizás dentro del pueblo no siempre dimensionamos, pero que tienen que ver directamente con la llegada de turistas y con la actividad que generan quienes pasan por Comallo», explica Hermosilla.

El desafío: que los turistas se queden

El objetivo ahora es que quienes visitan el Paleoparque no se vayan apenas termina el recorrido. La localidad cuenta con unas 100 plazas turísticas repartidas en siete establecimientos: hostels, hosterías, departamentos, cabañas y alojamientos rurales. En gastronomía hay seis propuestas, aunque solo dos ofrecen servicio para consumir en el lugar; las demás trabajan con comida para llevar.

El movimiento ya se refleja en la ocupación de los alojamientos. Para sostener ese crecimiento, el municipio busca sumar actividades que permitan extender las estadías y generar oportunidades para los prestadores privados.

«Una de las propuestas es fomentar que los privados puedan ofrecer actividades complementarias a la experiencia del Paleoparque. Ya estamos desarrollando otros circuitos turísticos vinculados principalmente con la naturaleza, como recorridos de trekking y circuitos de escalada. La idea es que los vecinos puedan aprovechar ese tiempo que los turistas pasan en el pueblo para incorporar, poco a poco, sus productos y servicios», señala el director ejecutivo.

A fines de noviembre, el municipio prevé presentar los primeros cuatro circuitos de trekking. Serán recorridos accesibles, pensados para disfrutar durante el día y conocer algunos de los paisajes que rodean la localidad. La intención es aprovechar un entorno natural que todavía conserva espacios poco intervenidos.

La iniciativa no se limita a Comallo. La localidad también trabaja con otros municipios de la Región Sur para construir una propuesta turística complementaria. Un convenio firmado recientemente entre cuatro localidades busca articular atractivos y generar recorridos que capten a quienes viajan desde la cordillera hacia la costa o en sentido contrario. «Son experiencias muy buenas que pueden complementar la visita a la cordillera con la tranquilidad que ofrece la estepa y con otras actividades que tenemos en la región», sostiene.

Cuánto cuesta visitar el Paleoparque y dónde alojarse

  • La entrada general cuesta $10.000. Las personas con discapacidad, jubilados y pensionados abonan $3.000, correspondientes al seguro. Quienes tienen Club Río Negro acceden a un 30% de descuento de lunes a viernes y un 10% los fines de semana.
  • La propuesta gastronómica incluye sándwiches gourmet, ensaladas, hamburguesas y pizzas. Ningún plato supera los $30.000 y el consumo promedio por persona, con bebida incluida, ronda los $25.000.
  • Para pernoctar, Comallo dispone de unas 100 plazas en siete establecimientos. Las cabañas tienen tarifas de entre $20.000 y $30.000 por noche, según los valores informados por el director ejecutivo.
  • La ubicación permite sumar la visita a un viaje por la región. Comallo está a aproximadamente una hora de Bariloche y también funciona como alternativa para quienes recorren el camino hacia El Bolsón. Algunos visitantes eligen alojarse allí para reducir gastos, sobre todo familias de cuatro o cinco integrantes que encuentran tarifas más accesibles que en los destinos cordilleranos.

Desde Bariloche se llega a Comallo por la ruta 23: unos 112 kilómetros que demandan cerca de una hora y 40 minutos en auto. También hay servicios de colectivos y una conexión a través del Tren Patagónico, que incluye una parada en la localidad.

El Paleoparque permite mirar hacia una Patagonia que ya no existe, descubrir animales que habitaron este territorio millones de años atrás y entender cómo cambió el paisaje. Pero la experiencia también abrió otra puerta: la de un pueblo de la estepa que encontró en su pasado natural una oportunidad para atraer visitantes, generar actividad y empezar a ocupar un lugar distinto en los recorridos turísticos de Río Negro.

Para más información: @comallopaleoparque

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