Llegó a Pico desde Barcelona y no podía creer lo que encontró en plena ciudad

Claudia Muñoz llegó desde Barcelona y se topó con algo que no esperaba en General Pico. Junto a Franco Ferreira contaron cómo un género que parecía de unos pocos terminó llenando escenarios. Lo que revelaron sobre el origen de las bandas...

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Llegó a Pico desde Barcelona y no podía creer lo que encontró en plena ciudad
Llegó a Pico desde Barcelona y no podía creer lo que encontró en plena ciudad

Claudia Muñoz nació en Barcelona y desde marzo de 2022 se instala de manera intermitente en General Pico. Cuando llegó, algo la descolocó: la ciudad tenía una escena de jazz que no esperaba y que hoy no deja de crecer. Lo contó junto a Franco Ferreira, del grupo La Mara Big Band, en los estudios de InfoPico Radio 99.9.

«Cuando llegué a Pico me sorprendí muy gratamente de que hubiera tanto jazz en la ciudad. Yo venía escuchando mucho jazz en ese momento y quedé encantadísima de que hubiera tanto recorrido acá, gracias a Fran y a todos los chicos que lo impulsan», expresó la cantante de Mermelada Funk.

La charla tuvo un motivo concreto: la nueva edición del Ateneo Cultural, que se realizó el viernes con las actuaciones de Mermelada Funk, Body and Soul y La Mara Big Band.

Un ciclo que ya tiene identidad propia

Ferreira explicó que se trató del segundo encuentro del año dedicado al jazz dentro del Ateneo Cultural, un ciclo que convive con propuestas de folclore, rock y música tropical. «El Ateneo Cultural comenzó a mediados del año pasado, pero La Llave del Viejo Galpón ya tenía su historial, su historia», señaló el saxofonista, y recordó que el espacio transita su cuarto año de actividad.

La temporada había arrancado con un cruce de orquestas entre La Mara Big Band y la Orquesta Esca General Milonga, también de General Pico. Según detallaron, en esa oportunidad las entradas se agotaron por completo.

De la zapada al escenario

Uno de los fenómenos más curiosos del movimiento local es el de las jams que terminan convertidas en bandas estables. La Orquesta Esca General Milonga nació justamente de esas improvisaciones espontáneas que se arman al cierre de cada jornada.

«Surgieron dos jams del Viejo Galpón seguiditas, nos encontramos más o menos los mismos improvisando al final de la jornada y dijimos: che, bueno, ¿y si nos juntamos a ensayar? Va a tener otro cuerpo, otro rodaje», relató Ferreira. Y sumó: «Empezamos a ensayar de a poquito, seleccionando canciones, presentando algunas composiciones de algunos compañeros. Así le fuimos dando un poco de forma hasta que, bueno, es una banda, nos tuvimos que hacer cargo».

El caso de Mermelada Funk es parecido. Muñoz contó que la formación, integrada por seis músicos, se gestó a partir de un evento periódico que realizan en Siriaco, donde también se abre el escenario a la improvisación. «Mermelada en inglés es jam. El grupo, la formación, surgió a raíz de hacer un evento donde también se abre una jam, una zapada. Y bueno, por eso fue el nombre», explicó.

La lógica se repite en cada encuentro del Ateneo: después de las presentaciones formales, el escenario queda abierto. «La idea es que quien tenga ganas de compartir, que se suba a improvisar, a tocar música espontáneamente con otros músicos, y que suceda la magia», resumió la cantante.

El ensamble, esa «fuente» de la que salen todos

Para Ferreira, nada de esto sería posible sin lo que los músicos locales llaman «la fuente»: el Ensamble de Vientos, Cuerdas y Percusión, una orquesta escuela con doce años de trayectoria en la ciudad, dedicada a formar a niños y adolescentes en un instrumento y en la música.

«Todos nos formamos dentro del ensamble. Varios nos fuimos consolidando con el instrumento, empezamos a dar clases y a la vez seguimos estudiando y ensamblándonos, dejándole el paso a los que están sumándose ahora, los más jóvenes. Pero también nosotros queríamos seguir teniendo nuestra banda, nuestro estudio, nuestro ensamble», sostuvo.

Consultado sobre el acompañamiento del municipio a la actividad cultural, el músico fue categórico: «Es fundamental para el desarrollo de la educación de los jóvenes. Es algo sumamente importante, es algo que transforma totalmente las vidas de las personas: la música y el estudio».

En esa línea, destacó la importancia de contar con infraestructura adecuada: «Que tengamos un espacio, que tengamos un escenario como es el Viejo Galpón, un auditorio con las refacciones que ha tenido, con el sonido, con todo, se presta para un buen espectáculo».

La constancia, por encima del talento

Sostener una big band de 16 integrantes no es tarea sencilla. Ferreira reconoció que lo más difícil es «encontrarnos, ponernos de acuerdo y organizarnos», además de conseguir un espacio para ensayar. El grupo se reúne una vez por semana, en lo que definió como «el encuentro sagrado»: dos horas en las que sí o sí hay que estar.

«Es la constancia lo que construye, son los ladrillitos que vamos pegando», afirmó. Y agregó que el trabajo colectivo se complementa con el individual: «Cada uno tiene que seguir trabajando en casa con su instrumento, estudiando la música, sabiendo de dónde viene».

Derribar el mito del jazz de élite

Ferreira aprovechó el espacio para desarmar un prejuicio extendido. «Muchas veces asociamos al jazz como una música de élite o algo que hay que estudiar para poder entenderla o interpretarla. Y en verdad los orígenes son completamente diferentes, muy populares», explicó, y recordó que el género nació entre gente que buscaba «algún motivo para estar celebrando» en plena década del 30.

Músicos de la escena jazzística de General Pico

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