Llenar el tanque ya cuesta más de $100.000: cuánto sale según tu auto
Con la nafta súper a $2.059 y la premium a $2.259, completar el tanque de un auto ya no baja de los $82.000 para los modelos más chicos. Pero hay un caso, entre los vehículos de mayor capacidad, que se lleva el gasto más alto de todos.
El combustible sigue siendo uno de los gastos más pesados para quienes manejan todos los días. En septiembre de 2026, completar el tanque de un auto puede superar los $100.000, aunque la cifra final depende de la capacidad del depósito y del tipo de nafta que se cargue.
Los precios de referencia marcan el punto de partida: el litro de nafta súper se ubica en $2.059, la premium en $2.259 y el gasoil común en $2.125. Con esos valores, calcular cuánto cuesta llenar el tanque desde cero es cuestión de multiplicar.
Cuánto sale llenar el tanque según la capacidad
Para un auto con un depósito de 40 litros, una carga completa de súper demanda $82.360. Si la capacidad sube a 50 litros, el gasto trepa a $102.950.
Con premium los números son más altos: llenar 40 litros requiere $90.360 y completar 50 litros cuesta $112.950.
La diferencia entre ambos combustibles es de $200 por litro. En la práctica, elegir premium significa $8.000 adicionales para un tanque de 40 litros y $10.000 más para uno de 50.
Tanques más grandes, facturas más grandes
El gasto se dispara en vehículos con depósitos de mayor tamaño. Un tanque de 48 litros necesita $98.832 con nafta súper y $108.432 con premium. Para uno de 55 litros, el desembolso alcanza los $113.245 con súper y los $124.245 con premium.
En el caso de los diésel, un vehículo con capacidad de 80 litros y gasoil común a $2.125 por litro exige $170.000 para completar la carga.
Así, el costo de llenar el tanque queda determinado por dos factores: cuántos litros entran y qué combustible pide el motor.
Lo que realmente cuesta usar un auto
El precio de una carga completa sirve como referencia, pero no alcanza para medir el gasto mensual de un vehículo. También influyen los kilómetros recorridos, el rendimiento del motor, el tránsito, la velocidad de circulación, el peso que se transporta y la forma de conducir.
Algunas costumbres simples ayudan a bajar el consumo: mantener una velocidad estable, controlar la presión de los neumáticos y evitar aceleraciones y frenadas bruscas. En cambio, el uso intensivo del aire acondicionado y circular a alta velocidad con las ventanillas abiertas aumentan la demanda de combustible.