Lleva cuatro años sin poder hablar: la IA le devolvió su voz y ahora espera un hijo
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Lleva cuatro años sin poder hablar: la IA le devolvió su voz y ahora espera un hijo

Cuatro años sin poder hablar y un teclado que maneja con los ojos: así se comunica Caña. Pero hay algo que la ELA no le pudo quitar, y ahora lo comparte con alguien más.

Antonio Cañaveral perdió el habla y la movilidad por la ELA, pero no sus proyectos. El hombre, conocido como "Caña", y su esposa Andrea Martín González anunciaron que esperan un varón, concebido por fecundación in vitro. La noticia sorprendió a familiares y amigos y llega en un momento particular: la enfermedad le quitó gran parte de su autonomía física, aunque no las ganas de seguir adelante.

Andrea, de 28 años, contó que atraviesan esta etapa con ilusión pese a las dificultades que impone el día a día. Cuando supieron que el bebé sería varón, no tardaron en buscarle un apodo. "A él todo el mundo le llama Caña. En cuanto supimos que era un niño empezó a ser Cañita", relató entre risas.

Antonio fue diagnosticado en 2022. Ya no puede moverse por su cuenta ni comunicarse con su voz natural. Para las entrevistas usa un comunicador que maneja con la mirada: fija los ojos en un teclado virtual, escribe letra por letra y el sistema reproduce el mensaje por un altavoz.

La alianza que le devolvió el habla

Su historia se conoció durante la presentación de un acuerdo entre la Asociación Española de Esclerosis Lateral Amiotrófica (adELA) y ElevenLabs, una empresa de inteligencia artificial. Por esta colaboración, cualquier persona diagnosticada con ELA en España puede acceder gratis a una tecnología que reconstruye su voz original a partir de grabaciones previas a la enfermedad.

El sistema toma audios familiares, videos o cualquier registro sonoro anterior a que la ELA afectara el habla. Con ese material, la IA arma un modelo que reproduce la voz real del paciente y lo integra en los dispositivos de comunicación que ya usa. La herramienta resulta clave para quienes perdieron la voz y la movilidad: pueden controlar el comunicador con los ojos y emitir los mensajes con su propia voz recuperada, como hace "Caña".

Voz propia para sostener los vínculos

Para Antonio y Andrea —a quien él define como su "motor de energía infinito"— el valor de esta tecnología excede lo técnico. En plena preparación para la llegada de su hijo, comunicarse con una voz reconocible se volvió una forma de preservar su identidad y mantener intacto el lazo emocional con quienes los rodean.

Antonio contó que escuchar su voz a través del comunicador genera ilusión y alegría en su entorno. "Me ha permitido mantener un nivel de comunicación aceptable y seguir participando en la vida diaria", explicó. La tecnología no puede frenar la ELA, pero sí "reducir parte del aislamiento", aseguraron.

Antes de la enfermedad, Antonio había estudiado Ingeniería de Telecomunicaciones, aunque desarrolló la mayor parte de su carrera como profesor de secundaria y entrenador de fútbol. En ese ámbito conoció a Andrea, a quien entrenó durante años. Ella, consciente de la gravedad de la enfermedad, no dudó en decir "sí" cuando decidieron casarse.

Un documental y una asociación con su nombre

Desde que la ELA avanzó y limitó su autonomía, Andrea dejó su actividad deportiva para dedicarse a cuidarlo. Ambos viven esa decisión como una manera de afrontar juntos una enfermedad que transformó su día a día, pero no sus planes de futuro, como la llegada del bebé.

La experiencia de Antonio también impulsó la creación de la asociación Dale Caña al ELA, en Alcalá de Henares, Madrid. La entidad busca dar visibilidad a la enfermedad, acompañar a pacientes y familias y promover iniciativas de sensibilización.

Su historia quedó retratada en el cortometraje documental Caña: la sonrisa eterna de un maestro, realizado por cuatro estudiantes del IES Valcárcel de Alcalá de Henares. El film acompaña a Antonio durante una jornada y reconstruye su trayectoria con testimonios de familiares, amigos y exalumnos.

Más allá de la enfermedad, el documental muestra una historia de amistad, amor y superación, y refleja cómo Antonio sigue inspirando a quienes lo rodean pese a las limitaciones de la ELA. La cinta aborda el impacto de la patología sobre pacientes y cuidadores, pero pone el foco en los vínculos personales, el rol de la comunidad y la capacidad de seguir adelante cuando la vida cambia de golpe.

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