Comodoro vuelve a mirar el cielo con El Niño encima y un sistema de drenaje a medio terminar. Una obra está por arrancar, pero detrás quedan proyectos por más de 80 millones de dólares que nadie sabe cómo se van a pagar.
Comodoro Rivadavia vuelve a mirar el cielo con la misma inquietud que en 2017, aunque por motivos algo distintos. El pronóstico de precipitaciones por encima de lo normal asociado a El Niño pone otra vez en tela de juicio la infraestructura pluvial de la ciudad, que desde el temporal de hace nueve años apenas sumó una fracción de las obras que se habían proyectado.
Desde el municipio admiten que los avances concretos siguen siendo limitados. El más relevante es el conducto de descarga al mar de avenida Roca, que podría empezar a ejecutarse en las próximas semanas y que, según la evaluación oficial, permitirá aliviar los episodios de lluvia de intensidad intermedia. No alcanzará, en cambio, para responder a una tormenta como la de 2017.
La preocupación no pasa solo por la posibilidad de una catástrofe. También por lluvias mucho más modestas que, al concentrarse en pocos minutos, superan la capacidad de absorción y conducción del sistema existente. El 20 de octubre pasado, apenas 4 milímetros caídos en aproximadamente media hora complicaron seriamente algunos sectores, en especial un área de Kilómetro 3.
El Niño y un historial que no deja dudas
El calentamiento extraordinario de las aguas del Pacífico, por encima incluso de lo habitual en ese fenómeno cíclico, lleva a elevar la previsión de precipitaciones por encima de lo normal en el Centro y Este de Chubut. Comodoro llega a ese escenario con algunas mejoras, pero lejos de haber resuelto sus problemas de drenaje.
Los especialistas advierten que los episodios de lluvia fuera de los valores normales podrían esperarse cada cuatro o cinco años en un escenario influido por el cambio climático. Los registros históricos les dan la razón, y en algunos casos con una frecuencia más acelerada:
17 de febrero de 2010: 42 milímetros en 26 horas. Grandes anegamientos de calles y tres personas fallecidas.
14 de enero de 2014: 100 milímetros en 24 horas, con 50 viviendas inundadas y vehículos atrapados por las corrientes de agua.
1 de enero de 2016: 14 milímetros en 50 minutos, con complicaciones en distintos sectores de la ciudad.
29 y 30 de marzo de 2017: 230 milímetros en 24 horas y alrededor de 400 milímetros durante los ocho días que duró el temporal. Dejó una persona fallecida, miles de evacuados y cerca de 2.000 viviendas afectadas.
19 al 21 de septiembre de 2022: 169 milímetros en 48 horas, con nuevas inundaciones en avenida Chile y otros sectores.
Lo de 2017 fue absolutamente extraordinario: según los expertos, eventos de esa magnitud pueden darse cada cien o más años. La secuencia, sin embargo, muestra que las lluvias menos intensas pero significativas para las características de la región son esperables en plazos más breves. El registro de 2022, de hecho, fue el segundo en importancia de los últimos 30 años.
Qué se hizo desde 2017 y qué sigue pendiente
El balance de las obras proyectadas para evitar inundaciones sigue siendo negativo. Hubo escaso financiamiento de Nación entre 2017 y 2023, y una ayuda nacional directamente nula desde fines de aquel año hasta el presente.
El esquema original contemplaba reservorios para retener agua y sedimentos en las cuencas que rodean la ciudad —cuatro en zona sur y dos en zona norte—, además de ampliaciones de canales y nuevos conductos pluviales. De los cuatro reservorios previstos para la zona sur se concretó uno solo, al oeste de barrio Juan XXIII. Los dos de la cuenca norte, destinados a regular el escurrimiento por avenida Fray Luis Beltrán, siguen pendientes.
En cuanto a los canales, el pluvial de avenida Chile había sido licitado y adjudicado en 2022, pero nunca comenzó a ejecutarse y el contrato terminó rescindido a comienzos de 2024. También falta el ensanchamiento del canal de avenida Roca, cuya capacidad de conducción resulta insuficiente frente a determinadas precipitaciones.
Con fondos municipales se ejecutaron el ensanchamiento parcial del canal Roca en las bocacalles y un canal en barrio Moure, que debería conectar con el futuro canal de Chile.
La obra que está por arrancar
El conducto de descarga al mar de avenida Roca ya fue adjudicado y tiene financiamiento garantizado por más de 16.000 millones de pesos, aportados en partes iguales por Provincia y Municipio. Su función es evacuar hacia la costa el agua que llega al punto de confluencia de los principales pluviales de la zona sur, en el cruce de avenidas Roca, Chile y La Nación.
A eso se suman los 12 sumideros instalados en la intersección de avenida Chile, Congreso y Kennedy, que permitieron paliar al menos parcialmente la falta del pluvial más grande de avenida Chile. Según la evaluación municipal, el sistema respondió adecuadamente durante las últimas precipitaciones de intensidad intermedia y evitó la inundación de la avenida Chile.
También se destacó el desempeño del reservorio de la zona sur, que retuvo parte de los sedimentos que antes ingresaban directamente al canal de avenida Roca. Para que esa obra cumpla cabalmente su función será imprescindible el ensanche del canal de Roca, otro de los proyectos pendientes.
Son mejoras que atenúan los problemas, pero no equivalen a tener terminado el esquema hidráulico previsto.
Cuánto cuesta lo que falta
El financiamiento de la descarga al mar está garantizado con una adjudicación de 16.700 millones de pesos, pero esa intervención es apenas una parte del sistema. El ensanchamiento del canal de avenida Roca se estima en otros 15.000 millones, una obra que reemplazaría la sección trapezoidal por una rectangular para conducir más caudal.
El pluvial de avenida Chile, según las fuentes municipales consultadas, hoy costaría unos 23.000 millones de pesos. A eso se suman cinco reservorios, estructuras de contención para retener y regular caudales y evitar el arrastre de sedimentos: por ese conjunto, con un rol similar al de un dique, la estimación actual es de 67.400 millones para los tres restantes de zona sur.
También está el futuro pluvial de avenida Fray Luis Beltrán, en la cuenca Mosconi, donde todavía se trabaja en la reformulación del anteproyecto y en el proyecto ejecutivo. Con los dos reservorios incluidos, el costo rondaría los 24.650 millones de pesos.
Con esos valores, la estimación extraoficial de todo lo pendiente asciende a unos 130.000 millones de pesos. A una cotización de 1.570 pesos por dólar, el listado de proyectos representa algo más de 80 millones de dólares.
La dimensión de los recursos abre un interrogante sobre el financiamiento: difícilmente una infraestructura de esta magnitud pueda afrontarse solo con fondos municipales o provinciales, sobre todo si Nación mantiene su actual nivel de nula participación.
Por qué la descarga al mar va antes que el canal de Chile
Hay una razón de ingeniería hidráulica detrás del orden de las obras. La descarga al mar no es un conducto más: libera el punto donde confluyen los principales escurrimientos de la zona sur, en el triángulo de las avenidas Chile, Roca y La Razón. Ese lugar es hoy un cuello de botella, porque el agua llega desde distintas direcciones pero no encuentra salida rápida por la insuficiencia del conducto actual.
Por eso, empezar primero el canal pluvial de avenida Chile sin resolver la descarga aguas abajo no habría significado una solución integral: el caudal habría terminado confluyendo en el mismo punto de estrangulamiento. La nueva obra partirá desde ese sector hacia el este y, una vez operativa, tendrá más sentido avanzar con el ensanche del canal de Roca y después con el pluvial a cielo abierto de avenida Chile.
Ese orden coincide con la explicación del municipio. Concretarlo no será sencillo: resta resolver cómo se financiarán las obras ante la ausencia explícita del gobierno nacional.
Kilómetro 3 y la cuenca Mosconi, sin obras
La situación es distinta en la zona norte, en particular en la cuenca Mosconi, que abarca avenida Fray Luis Beltrán y Kilómetro 3. Allí las lluvias concentradas en períodos breves siguen exponiendo las limitaciones del drenaje, como mostró el episodio del 20 de octubre.
Desde el municipio reconocen que en esa cuenca todavía no se ejecutaron obras hidráulicas de la magnitud necesaria. La alternativa que se analiza es modificar el trazado del proyecto original, que contemplaba un conducto pluvial por el sector del Club Santa Lucía. El deslizamiento del cerro Hermitte obligó a revisar esa solución: si se hubiera construido siguiendo el anteproyecto, parte de la traza habría quedado expuesta al material desplazado. Ahora se evalúa llevarlo en paralelo a avenida Beltrán.
En los últimos meses se hicieron relevamientos aéreos y trabajos de topografía que permitieron elaborar un modelo digital de elevación y un ortomosaico de toda la cuenca. Esa información se incorporará a la revisión técnica del proyecto junto con las observaciones de la consultora IATASA, con el objetivo de llegar a un proyecto ejecutivo actualizado para gestionar financiamiento cuando haya recursos disponibles.
Mientras tanto, no hay solución hidráulica inmediata para las lluvias intensas en ese sector ni un paliativo de menor escala, como fueron los sumideros en zona sur.
La diferencia entre ambas zonas es clara: en el sur está por comenzar una obra que puede mejorar sustancialmente la evacuación, con intervenciones puntuales que ya mostraron resultados. En la cuenca Mosconi todavía se trabaja sobre el proyecto que deberá dar respuesta a los problemas de escurrimiento.
La descarga al mar puede ser un avance importante para las lluvias de intensidad intermedia y para reducir los anegamientos históricos de la zona sur, pero desde el propio municipio reconocen que no alcanzaría frente a una tormenta como la de 2017. Y no hay certezas frente a una lluvia como la de 2022, sobre todo con fenómenos climáticos que avanzan más rápido que cualquier decisión u obra pública.
Nueve años después de aquella catástrofe, Comodoro todavía tiene pendiente completar buena parte de la infraestructura que necesita para convivir con lluvias que, aunque no sean extraordinarias, pueden volver a exponer su vulnerabilidad.
La advertencia tiene una referencia inmediata: para el jueves 5 de noviembre, el Servicio Meteorológico Nacional incorporó a Comodoro en un alerta amarilla por lluvias, con acumulados previstos de entre 10 y 30 milímetros durante la tarde que podrían superarse localmente. El pronóstico inicial del meteorólogo Walter Maza, publicado por ADNSUR el miércoles, estimaba unos 7 milímetros concentrados entre el mediodía y las 18; la actualización del organismo nacional amplió después el rango.