Lluvias torrenciales en la región núcleo: el agua que salva y el diluvio que paraliza la cosecha

¿Alivio o pesadilla? Las lluvias torrenciales que cayeron sobre la región agrícola más importante del país dejaron un mapa de extremos: desde récords de 150 mm que anegan campos hasta lotes que apenas recibieron agua. Te contamos cómo este fenómeno divide a los productores en plena cosecha.

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Lluvias torrenciales en la región núcleo: el agua que salva y el diluvio que paraliza la cosecha

Un nuevo episodio de precipitaciones intensas volvió a golpear el corazón agrícola argentino, trazando un mapa de contrastes extremos. Mientras algunos lotes reciben el alivio hídrico que necesitaban, otros se anegan bajo más de 150 milímetros, frenando en seco las máquinas en plena campaña de recolección. Los datos oficiales revelan acumulados que van desde récords preocupantes hasta registros moderados, definiendo un cierre de ciclo marcado por la incertidumbre.

En la provincia de Córdoba, los números son elocuentes y preocupantes. La localidad de El Tío registró un acumulado extremo de 150,8 milímetros en las últimas 24 horas, un volumen de agua que supera con creces cualquier expectativa. Le siguieron La Francia, con 130 mm, y Las Varas, con 106,8 mm.

Pero la lista de afectados es extensa. Saturnino María Laspiur anotó 85,2 mm, Chilibroste 83,4 mm y Alicia 83,2 mm. Otras zonas como Devoto, Balnearia y El Arañado también reportaron acumulados importantes, todos por encima de los 65 milímetros.

¿Qué pasó en el norte de Buenos Aires?

El fenómeno no se limitó a Córdoba. En el norte de la provincia de Buenos Aires, otro polo productivo clave, las lluvias también hicieron de las suyas. Rancagua acumuló 83 mm, mientras que Mariano Alfonzo y Pinzón registraron 75 y 73 mm respectivamente.

En Pergamino, un centro neurálgico de la agricultura, cayeron 44 mm, una cantidad suficiente para interrumpir las labores en numerosos campos. Los datos del INTA de la Estación Experimental San Pedro muestran una marcada variabilidad: San Nicolás lideró con 76,7 mm y Arrecifes anotó 70 mm.

Agua que suma, cosecha que espera: el pulso desigual del tramo final de la campaña gruesa

Sin embargo, hacia el corredor del río Paraná los valores fueron menores: Zárate registró 31,8 mm y Campana 35 mm. Localidades del interior como Ramallo y San Pedro mostraron cifras más moderadas, de 16 y 10 mm respectivamente.

El panorama desigual en Santa Fe

En el sur de la provincia de Santa Fe, las lluvias presentaron una distribución más homogénea pero igualmente significativa. Bigand y Firmat lideraron los acumulados con 58 mm cada una, seguidas por Murphy con 55 mm y Carmen con 45 mm.

Otras localidades como Los Cardos (38,6 mm), Villa Gobernador Gálvez y Carcarañá (36 mm) también recibieron aportes considerables. No obstante, hacia el centro-norte provincial el escenario cambió drásticamente, con registros que apenas superaron el milímetro en zonas como Irigoyen, María Juana y San Jorge.

Agua que suma, cosecha que espera: el pulso desigual del tramo final de la campaña gruesa

La información proviene de una red colaborativa de monitoreo que incluye al INTA, la Estación Experimental de San Pedro, la Secretaría de Recursos Hídricos de Santa Fe y la Administración Provincial de Recursos Hídricos (APRHI) de Córdoba, además de reportes directos de productores.

Un final de campaña con dos caras

Este patrón climático irregular plantea un escenario complejo para el tramo final de la campaña gruesa. Por un lado, las precipitaciones son un alivio fundamental para sostener los rindes en los lotes de soja y maíz de ciclo tardío, además de ayudar a recomponer las reservas de humedad en el suelo.

Por el otro, los excesos hídricos puntuales y la persistencia de condiciones de humedad generan graves complicaciones. Impiden el ingreso de la maquinaria pesada a los campos, provocan demoras logísticas críticas y elevan sustancialmente el riesgo de pérdidas en la calidad del grano.

Agua que suma, cosecha que espera: el pulso desigual del tramo final de la campaña gruesa

Así, la región núcleo enfrenta una dualidad palpable: el agua que llega para salvar la producción y el mismo elemento que, en exceso, se convierte en un obstáculo formidable para concretar la cosecha. El pulso final de la campaña se define entre la esperanza de buenos rindes y la carrera contra el tiempo y el clima.

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