Lo abuchearon en dos escuelas y ahora Frigerio habla de "servir a los que invierten"
Los docentes lo corrieron a gritos en Paraná y Concordia. Él respondió con su propia receta: impuestos cero por 20 años a las inversiones nuevas. La comparación con su abuelo, el hombre que puso al Estado a planificar, deja una pregunta incómoda.
La semana no le fue sencilla a Rogelio Frigerio en territorio entrerriano. En Paraná los docentes lo abuchearon durante el Congreso de Educación y en Concordia tuvo que abandonar la Escuela Secundaria “Gerardo Yoya” entre cánticos que pedían su salida.
El reclamo sonó fuerte y sin vueltas: “Fuera, fuera, fuera Frigerio, fuera”. Detrás de los gritos había un malestar concreto, la pérdida del poder adquisitivo del salario docente, y una lectura crítica de su gestión, a la que ubican en sintonía con la motosierra nacional.
El gobernador, en cambio, sostiene otra idea del Estado. “Ahora el Estado está para servir a los que producen, a los que invierten y a los que crean trabajo”, plantea. Y suma un dato que marca su rumbo: “En Entre Ríos, a todas las nuevas inversiones no les cobramos ningún impuesto para los próximos 20 años, ni provinciales ni locales”.
La pregunta que sobrevuela ese planteo es incómoda: ¿qué lugar le queda al ciudadano común si el Estado no regula, no equilibra y se desfinancia? Ahí se abre la grieta entre inversión y servicios públicos.
El abuelo que planificaba
El contraste tiene nombre y apellido. Su abuelo, también Rogelio Frigerio, fue asesor de confianza de Arturo Frondizi y la historiografía lo cuenta entre los fundadores del desarrollismo, la corriente que tomó forma durante el gobierno de Frondizi.
Aquella receta buscaba romper con la dependencia agroexportadora y ampliar el capital nacional. Su lema lo resumía: “petróleo + carne = acero + industria”.
En ese esquema el Estado cumplía un papel central: ordenaba la inversión privada y extranjera y planificaba de manera equilibrada la importación de bienes de capital para lograr el autoabastecimiento en sectores clave. Lejos de ser un obstáculo, era el planificador.
De una revista clausurada a la consejería de Frondizi
Esas ideas tuvieron un recorrido largo. En los años 30 y 40, el abuelo Frigerio y otros autores coincidían en leer al país como capitalista, en la necesidad del capital extranjero y en el rechazo a la reforma agraria.
Industrializar y cortar con el modelo primario exportador eran prioridades. Las corrientes desarrollistas también abrevaron en Lenin, Marx y teóricos occidentales, con acento en el rol del Estado.
La biografía intelectual del abuelo deja huellas propias. En 1946 fundó junto a Baltazar Vicente Jaramillo la revista Qué sucedió en siete días, donde fue subdirector, y criticó al gobierno de Perón hasta que la publicación fue clausurada en 1947.
Tras el derrocamiento de Perón, en 1955, la revista volvió a salir y Frigerio la dirigió. Su línea editorial apostó a la conciliación con el peronismo y a la apertura democrática, con firmas filoperonistas como Raúl Scalabrini Ortiz.
También escribieron allí Arturo Jauretche y otros autores cercanos al peronismo. Desde esas páginas se militó con fuerza por Arturo Frondizi de cara a las elecciones presidenciales de 1958.
Frigerio conoció a Frondizi en 1956 y pronto se convirtió en su consejero político. Los dos impulsaron la integración del ideario peronista en plena oleada antiperonista.
Juntos salieron a dialogar y a convencer a los radicales antiperonistas y al Ejército, que gobernaba. En las parlamentarias de 1957, el voto en blanco había ganado como expresión de la resistencia peronista.
Entre el desarrollismo de aquel Frigerio y la política de este, el apellido carga con dos épocas. La provincia mira de cerca si el Estado vuelve a planificar o sigue puesto al servicio de los que invierten.