Lo echaron por no hacer nada y ahora gana US$90.000 al año: su insólito método
Le dijeron que no aportaba nada y que daba lo mismo si iba a la oficina. En lugar de discutir, convirtió ese reproche en un servicio que hoy le deja US$90.000 al año. ¿Qué hace exactamente?
Shoji Morimoto escuchó de su jefe la crítica que a cualquiera le habría caído mal: que no aportaba lo suficiente y que daba lo mismo si iba o no a la oficina. Lejos de intentar demostrar lo contrario, el japonés convirtió ese reproche en un negocio millonario.
Hoy, a los 41 años, se alquila a sí mismo para “no hacer nada”. Acumula más de 4.000 sesiones y factura cerca de US$90.000 al año, según medios internacionales.
De la crítica al emprendimiento
Antes de convertirse en el hombre que cobra por acompañar a desconocidos, Morimoto había estudiado Física y hecho un posgrado sobre terremotos. Trabajó en varios lugares, entre ellos una editorial de materiales educativos, pero no se sentía cómodo en esos empleos.
Durante años recibió el mismo reproche en reuniones y encuentros sociales: que no hacía nada para ayudar. En 2018 se dio vuelta la pregunta: quizás esa debilidad podía ser su característica principal. El 3 de junio de ese año publicó en la actual red social X un mensaje ofreciéndose para no hacer nada. La propuesta era simple: acompañar, estar presente y responder si hacía falta.
Qué hace cuando lo contratan
La descripción del trabajo es tan sencilla como su nombre. Morimoto puede acompañar a alguien a comer, esperar junto a otra persona, caminar, ir a un evento o quedarse cerca mientras el cliente hace lo suyo.
Entre los pedidos hubo de todo: ayudó a personas que necesitaban apoyo para firmar documentos, esperó a corredores en la llegada de una maratón y participó como acompañante cuando el cliente solo quería tener a alguien cerca.
Su servicio tiene límites claros. No acepta propuestas sexuales ni encargos que impliquen tareas físicas o convertirse en una especie de empleado personal. Su función es otra: estar ahí.
De 10.000 yenes a una tarifa voluntaria
Al principio cobraba una tarifa fija de 10.000 yenes por sesión, más gastos de transporte y, cuando correspondía, comida y bebida. Con el tiempo el modelo cambió: ahora usa un sistema de tarifa voluntaria, donde cada cliente decide cuánto pagar.
Aun así, el negocio se convirtió en su principal fuente de ingresos y le permite sostener a su familia. El resultado es una cifra difícil de imaginar cuando se conoce el origen de la historia: alrededor de US$90.000 al año. No gana una cantidad específica todos los meses, porque sus ingresos dependen de la cantidad de solicitudes, las sesiones realizadas y lo que cada cliente decide pagar.
Más de 4.000 sesiones y clientes que repiten
La idea que arrancó con una publicación en redes sociales terminó convertida en una actividad profesional. Morimoto tiene cientos de miles de seguidores en X y recibió miles de solicitudes desde que empezó.
Algunos clientes vuelven una y otra vez. Una persona llegó a contratarlo 270 veces, mientras que otro compartió con él un viaje en tren de 17 horas.
La variedad de pedidos muestra que el servicio no responde necesariamente a una necesidad concreta. En muchos casos, lo que buscan los clientes es compañía sin tener que establecer una relación personal profunda.