Lo que hallaron bajo la arena de Egipto dejó sin palabras a los arqueólogos
Buscaban restos griegos, pero la tierra les devolvió algo mucho más antiguo y revelador. La ciudad que conecta a Akenatón con Ramsés II y que obliga a reescribir los libros de historia.
Un equipo de investigadores franceses hizo un descubrimiento que está reescribiendo la historia del norte de Egipto. Una ciudad entera, con más de 3.400 años de antigüedad, emergió en un lugar donde nadie la esperaba, desafiando todo lo que se creía saber sobre la ocupación de esa zona.
El hallazgo se produjo en el yacimiento de Kom el-Nugus, situado a unos 43 kilómetros de la famosa Alejandría. Originalmente, los arqueólogos estaban trabajando sobre restos del período griego, pero lo que encontraron bajo sus pies pertenecía a una época mucho más remota.
La pista que cambió todo
Durante las excavaciones, los expertos detectaron estructuras de adobe que no cuadraban con la época helenística que estaban estudiando. El material y la técnica de construcción apuntaban directamente al Imperio Nuevo, un período que se extendió aproximadamente entre los años 1550 y 1070 antes de Cristo.
Este simple detalle fue una revelación. Demostró que, siglos antes de lo que se pensaba, ya existía una ciudad egipcia floreciente en esa región del norte, un dato que obliga a revisar los mapas históricos.
¿Quiénes fundaron esta ciudad perdida?
Los investigadores han trazado un vínculo fascinante con algunas de las figuras más poderosas del Antiguo Egipto. La evidencia sugiere que la ciudad pudo haber sido fundada durante la dinastía del faraón Akenatón, conocido por su controvertido reinado y por ser el padre del famoso Tutankamón.
Pero la historia de este asentamiento no terminó ahí. Los indicios apuntan a que fue ampliado posteriormente por Ramsés II, uno de los faraones más importantes y longevos de la historia egipcia, lo que habla de su relevancia estratégica o religiosa.
Un hallazgo clave que refuerza esta conexión con la época de Akenatón es una ánfora que lleva el nombre de Meritatón, una de sus hijas. Este objeto personaliza el descubrimiento, vinculándolo directamente con la familia real de uno de los períodos más intrigantes del Imperio Nuevo.
Los tesoros que emergieron de la tierra
El análisis del sitio ha permitido identificar una variedad de estructuras y artefactos que pintan el retrato de una ciudad activa y compleja. Los arqueólogos han desenterrado restos de edificaciones de adobe, fragmentos de lo que fueron templos y capillas, y una gran cantidad de cerámicas y utensilios de uso cotidiano.
También se encontraron bloques de piedra pertenecientes a construcciones monumentales, lo que indica la presencia de edificios importantes. Incluso hay indicios de actividad industrial, con posibles instalaciones vinculadas a la producción de vino, mostrando una economía diversificada.
El misterio que aún persiste
A pesar de la magnitud del descubrimiento, los expertos del Institut Français d’Archéologie Orientale advierten que quedan cruciales incógnitas por resolver. Todavía no se conoce la extensión total que tuvo esta ciudad bajo las arenas, ni cuál era su nombre original.
Las excavaciones continuarán en los próximos años con el objetivo de desentrañar estos y otros secretos. El trabajo futuro buscará entender mejor la vida cotidiana de sus habitantes y el papel exacto que jugaba este asentamiento dentro de la red de ciudades del Antiguo Egipto.
Por ahora, este hallazgo en Kom el-Nugus ya es considerado uno de los más significativos de la arqueología egipcia reciente. No solo añade un nuevo capítulo a la historia, sino que plantea fascinantes preguntas sobre el verdadero alcance del poder y la cultura del Imperio Nuevo en el norte del país.