Lo que los chicos cuentan en el aula que los adultos no ven
En Misiones, los docentes se capacitaron y ahora detectan antes las señales de alerta. Pero lo que los chicos cuentan en el aula no siempre nace ahí: conflictos familiares, abusos y violencias aparecen detrás de las crisis que llegan al sistema educativo. La funcionaria que coordina el protocolo explicó por qué no se puede leer el aumento de casos de forma lineal.
La escuela se transformó en el lugar donde muchos pibes de Misiones encuentran la chance de contar lo que les pasa. Según la directora de Políticas Estudiantiles del Ministerio de Educación, Emilia Lunge, los conflictos familiares, los abusos y las situaciones de violencia son hoy los motivos más frecuentes detrás de las crisis que llegan al sistema educativo.
La funcionaria habló con FM 89.3 Santa María de las Misiones en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La provincia viene consolidando desde 2024 una red que conecta escuelas, Salud Pública, Policía, equipos técnicos y organismos de protección de derechos.
Más intervenciones, pero con cautela
Ese entramado registró 369 intervenciones durante 2025. En el primer corte de junio de este año ya se habían superado las 300. Sin embargo, Lunge pidió no leer esos números de manera lineal: con apenas dos años de trazabilidad y un protocolo nuevo, no puede afirmarse que las crisis entre estudiantes hayan crecido en la misma proporción.
Parte del aumento podría explicarse porque los docentes están mejor capacitados y ahora detectan antes las señales de alerta. “No puedo vincular directamente el número” con un aumento de los casos, remarcó, y advirtió que hacerlo sin una serie histórica suficiente sería irresponsable.
Qué hay detrás de las crisis
Uno de los cambios más importantes que dejó la experiencia de los últimos años tiene que ver con las causas. Lunge recordó que tiempo atrás, ante una crisis emocional de un estudiante, se buscaba enseguida una explicación en el bullying o en problemas de convivencia. Hoy los registros muestran otro panorama: los casos aparecen asociados sobre todo a conflictos dentro de las familias, abusos y distintas formas de violencia.
En esos casos, la escuela no es el lugar donde nace el problema, sino donde finalmente se hace visible. El estudiante encuentra ahí un docente, un directivo u otro adulto de referencia al que contarle qué le pasa, y a partir de esa manifestación se activa la red de intervención. Por eso Lunge sostuvo que la escuela sigue siendo un espacio seguro de escucha, lo que implica detectar, registrar, derivar y acompañar.
Un protocolo puede activar otros
Cuando una escuela activa el protocolo de prevención del suicidio, con frecuencia aparecen elementos que obligan a poner en marcha otros mecanismos de protección por vulneración de derechos. Si surge una situación de abuso o violencia, actúan también los protocolos correspondientes. Ese modelo se construyó con la Dirección de Salud Mental de Misiones y la Asociación Defender la Vida, entre otros organismos.
Uno de los resultados fue la elaboración de un triage común, pensado para que los equipos escolares sepan cuándo están frente a un riesgo bajo que requiere observación y acompañamiento, y cuándo hace falta la intervención directa de un profesional de salud mental.
Qué señales pueden encender una alerta
La evaluación no se apoya en un solo comportamiento. Lunge señaló que suele observarse la concurrencia de varios factores: cambios en la rutina, modificaciones importantes en la conducta, episodios de ansiedad o angustia, mayor irritabilidad o transformaciones bruscas en la manera habitual de relacionarse. Un estudiante introvertido puede empezar a mostrarse extremadamente exaltado, o puede pasar exactamente lo contrario. Pero ninguna de esas señales, tomada de manera aislada, permite un diagnóstico.
Por eso uno de los pilares del sistema es ofrecer espacios donde los chicos puedan explicar cómo se sienten y qué les está ocurriendo, antes que interpretar automáticamente una conducta desde afuera.
El reclamo que nació de los propios estudiantes
El interés por incorporar la salud mental a la agenda educativa no surgió solo de los organismos públicos. Lunge recordó que ya en el Parlamento Estudiantil de 2019 los propios alumnos empezaron a pedir que el tema se incorporara con más fuerza. Hasta entonces había contenidos relacionados dentro de la Educación Sexual Integral y de áreas vinculadas con ciudadanía, participación, ambiente y formación ética. Después de la pandemia, aquella demanda aumentó.
La funcionaria consideró que ese proceso también ayudó a derribar prejuicios y permitió hablar con mayor naturalidad de cuestiones que durante mucho tiempo estuvieron rodeadas de estigmas.
En septiembre de 2024 la Provincia creó la Comisión Provincial de Abordaje Integral del Suicidio, mientras que Educación ya había avanzado meses antes con su protocolo específico. Desde entonces todas las instituciones educativas cuentan con herramientas para actuar, y este año se realizó por segunda vez consecutiva una jornada provincial destinada a fortalecer los factores protectores de la salud mental.
Más de 14.500 producciones en las escuelas
La jornada del 9 de septiembre alcanzó a todos los niveles y modalidades y dejó más de 14.500 producciones elaboradas por estudiantes de distintos puntos de Misiones. Hubo dibujos, murales, mensajes, carteleras, trabajos audiovisuales y actividades grupales bajo la consigna “El silencio no protege, los vínculos sí”.
El material se adaptó según las etapas educativas. En el Nivel Inicial se trabajó sobre emociones, confianza, pertenencia y posibilidad de pedir ayuda, sin introducir directamente el suicidio. En Primaria se abordaron emociones y adultos protectores. En Secundaria, Educación de Jóvenes y Adultos y Nivel Superior se profundizó sobre vínculos, señales de preocupación, cuidado entre pares y mecanismos institucionales de acompañamiento.
Las actividades se diseñaron para evitar que los estudiantes tuvieran que exponer públicamente experiencias personales o situaciones sensibles. Se usaron relatos ficticios, consignas colectivas y otros recursos pedagógicos que permitieran hablar del tema sin forzar testimonios.
El seguimiento después de la detección
Otro cambio importante es el seguimiento posterior a una detección. Antes, una escuela podía elaborar un acta y comunicar la situación, pero después quedaba en manos de la familia conseguir un turno o encontrar un profesional. Ahora existe una base de datos compartida y un circuito articulado entre Educación, Salud Pública y Policía.
Si una intervención empieza a través de la Policía, Educación recibe la información para saber que se trata de un estudiante y que su escuela deberá acompañarlo. Si se inicia desde Salud, también se comunica con el sistema educativo. Y cuando la detección ocurre en la escuela, el recorrido se activa en sentido inverso. La escuela puede conocer cuándo fue asignado el turno y si el estudiante efectivamente accedió a él. Cuando una familia incumple de manera sostenida con esa instancia, puede intervenir la Dirección de Niñez, porque no garantizar el acceso a la atención necesaria puede significar una vulneración del derecho a la salud.
Para Lunge ese concepto es central: así como los adultos tienen la responsabilidad de garantizar el acceso a la educación, también deben asegurar que un niño o adolescente reciba la atención profesional indicada cuando atraviesa una situación vinculada con su salud mental.
El acompañamiento tampoco termina después de la primera consulta. Lunge indicó que hay estudiantes que ya acumulan 18 meses de seguimiento, junto con otros que completaron sus tratamientos, recibieron el alta de Salud Mental y pudieron reintegrarse plenamente a la dinámica escolar. Esos casos, sostuvo, permiten comprobar que la articulación puede funcionar y que una intervención a tiempo puede evitar consecuencias más graves.
El enfoque también apunta a construir diariamente factores protectores: pertenencia, vínculos respetuosos, adultos disponibles, participación estudiantil, continuidad educativa y posibilidades reales de pedir ayuda.
Lunge dirigió mensajes diferenciados a docentes, estudiantes y familias. A los docentes les agradeció por ofrecer espacios de escucha que exceden la transmisión de contenidos académicos, porque esa cercanía cotidiana muchas veces permite detectar cambios y abrir una conversación antes de que la situación se agrave. A los estudiantes les pidió que busquen a un adulto de confianza cuando no se sienten bien.
También hizo una advertencia concreta sobre el cuidado entre pares: si un amigo cuenta algo que puede comprometer su integridad, no debe interpretarse como un secreto que haya que guardar, sino como una señal para recurrir a una persona adulta capaz de activar ayuda.
Finalmente puso énfasis en el rol de las familias. Para Lunge, la red de protección será mucho más eficaz en la medida en que los padres y referentes afectivos vuelvan a considerar la escuela como un espacio propio, se acerquen a las instituciones y acompañen tanto las trayectorias educativas como los tratamientos que puedan indicarse.
El crecimiento de las activaciones, insistió, deberá analizarse con el paso del tiempo y con una serie estadística más amplia. Pero más allá de cómo evolucione esa cifra, la experiencia acumulada ya permitió identificar algo central: muchas de las situaciones que llegan a las aulas no nacen allí, pero la escuela puede convertirse en el primer lugar donde alguien logra contarlas y donde una red empieza a actuar.
Canales de ayuda
Ante una situación de preocupación, crisis o riesgo, se puede recurrir a los siguientes servicios:
- IPS Misiones: 3765-481000, atención en crisis durante las 24 horas.
- Mesa de Ayuda del Ministerio de Salud: WhatsApp +54 9 376 5157000 y +54 9 376 5157002, de 8 a 12 y de 14 a 18.
- También se puede acudir al establecimiento de salud más cercano.
- Ante una emergencia: llamar al 911 o comunicarse con la Policía local.