Los bares y hoteles que guardan la noche roquense y ya no existen
Si vivís en Roca, tu esquina, tu bar o tu hotel favorito ya no es el mismo: estas historias te van a hacer mirar la ciudad con otros ojos.
Hubo una época en que los roquenses no necesitaban viajar para ver a los grandes artistas ni para vivir una noche elegante. Los bares, hoteles y boites de la ciudad funcionaron como escenarios de la vida social, política y cultural, y aunque muchos ya no existen, su recuerdo sigue intacto.
Mogambo, el primer cabaret
Sobre la calle 25 de Mayo, casi Maipú, funcionó Mogambo, una boite que marcó la noche roquense durante las décadas del 60 y 70. Con luces tenues, mesas y sillones alrededor de la pista, el lugar estaba pensado para la música en vivo y los bailes lentos, pero también recibió a artistas nacionales de primer nivel.
Según el historiador urbano Pichi Cafetero, fue uno de los primeros cabarets de la ciudad: “Lo compró el negro Muscarsel y puso el primer cabaret de Roca, fue donde vinieron por primera vez los travestis que pararon en el hotel Gran Hotel. En un momento hubo siete cabarets en Roca”, recordó.
El Gran Hotel, símbolo de elegancia
El Gran Hotel fue durante buena parte del siglo XX un emblema de progreso en una ciudad que todavía tenía calles de tierra. Su puerta angosta en la ochava formaba parte de la postal clásica, y por sus salones pasaron viajeros, familias tradicionales, artistas y comerciantes.
Con el crecimiento urbano, el edificio sufrió varias remodelaciones, incluida la modificación de accesos y la ampliación de salones sobre la calle 9 de Julio. Pichi Cafetero señaló que lo abrió la familia Padin y que “iba gente de mucho poder adquisitivo. Es donde está Amadeus ahora”.
Hotel Bristol, la esquina de las empanadas
En avenida Roca 1430, el Hotel Bristol fue mucho más que un alojamiento. Su esquina se convirtió en el lugar obligado para los debates políticos, las charlas de los productores frutícolas del Alto Valle y las reuniones familiares de los domingos después del cine.
Su confitería y restaurante eran famosos por las empanadas y la tradicional “vaina chilena”, servidas por mozos icónicos de la región. Tras una profunda renovación, el establecimiento pasó a llamarse Estepa Hotel.
Bar Avenida, del fútbol al dominó
En la esquina de avenida Roca y Tucumán, el Bar Avenida inició su actividad en la década del 40 como bar y bodegón bajo la firma de Mannarino. Dentro del local funcionó, de forma pintoresca, la recordada peluquería de Don Ritacco.
En 1996 reabrió para su última etapa clásica, que se mantuvo durante 17 años ininterrumpidos. Fue el punto de encuentro del fútbol de los domingos, cuando la gente se amontonaba alrededor de la pantalla para ver el clásico hasta la llegada de Fútbol para Todos. Después, se convirtió en el lugar de reunión para jugar al dominó, al ajedrez o al truco.