Los dueños del RIGI: quiénes son los argentinos que ya invierten miles de millones
¿Quiénes son los argentinos que ya comprometieron miles de millones en el RIGI y por qué el régimen se volvió casi irreversible? La mitad de las inversiones está en manos locales, pero hay un sector que avanza más lento de lo previsto.
El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) ya tiene protagonistas locales: al menos la mitad de los compromisos de inversión están en manos de empresarios argentinos, según un relevamiento privado. Los desembolsos efectivos aún no superan los US$4000 millones este año, pero las proyecciones oficiales hablan de una explosión exportadora entre 2028 y 2036.
El Gobierno de Javier Milei apuesta al RIGI para recuperar la inversión, que hoy representa el 15% del PBI y en lo que va del siglo nunca llegó al 20%. El régimen ofrece reducciones tributarias y acceso a divisas a quienes desembolsen capital.
Las caras locales del RIGI
Detrás de los proyectos aparecen nombres conocidos: Alejandro y Marcos Bulgheroni, Paolo Rocca, Edith Rodríguez, Marcelo Mindlin, Miguel Galuccio, Martín Rappallini y Juan Manuel Ondarcuhu, además de las familias Sielecki, Perez Companc, Spoto, Brandi y Cavallo.
Algunos avanzan con cautela. Rappallini, a través de Alberdi Mining, controla el 25% del PSJ Cobre Mendocino, un emprendimiento liderado por el grupo suizo Zonda Metales que prevé invertir US$891 millones en Mendoza. Otros van más rápido: Mindlin participa en cuatro proyectos, tres de gas y petróleo y uno de fertilizantes en Bahía Blanca. Los Bulgheroni, Galuccio y la familia Rodríguez optaron por gasoductos y una planta de gas.
El impacto electoral del régimen
El economista Fernando Marull elaboró un relevamiento con datos oficiales y resoluciones del Boletín Oficial. Su conclusión es que la mitad de las inversiones acordadas provendrán de empresarios locales, lo que reduce el riesgo de que un futuro gobierno intente revertir el programa.
“Eso baja mucho el riesgo de que algún candidato se haga el loco con el RIGI”, publicó Marull en Twitter. “Hay intereses y apuestas no solo de los gobernadores, sino también de los empresarios”.
La advertencia cobra sentido en clave electoral. En un acto por el Día de la Lealtad en Chaco, Máximo Kirchner prometió auditar el RIGI. “¿Cuál va a ser el sector que aporte?”, se preguntó. “Hoy, empresarios y comerciantes de Chaco pagan un 35 por ciento de Ganancias y las mineras y petroleras internacionales en la Cordillera o en Vaca Muerta tienen un RIGI que pagan 10 por ciento menos. Les bajaron los impuestos a las mineras y petroleras. Que se vayan preparando estos sectores altamente beneficiados”.
El régimen ya involucra a diez provincias y generó acuerdos de financiamiento con bancos y contratos con proveedores. “¿Quién va a querer volver atrás con esto?”, se preguntó uno de los empresarios con mayor presencia. “Todo eso aumenta el costo de reversión del rumbo”, completó Dante Sica, de Abeceb.
Gas y petróleo, a la delantera; el cobre, demorado
Las inversiones en petróleo y gas ya comenzaron a concretarse. No ocurre lo mismo con el cobre, el proyecto más ambicioso y el que más beneficios reporta, que avanza más lento de lo previsto. “El litio es el trigo; el cobre es la soja, el gran commodity por demanda y precio. Los de cobre se demoran porque requieren de mayor infraestructura”, explicó Mario Capello, ingeniero de Minas y exsubsecretario de Minería durante el gobierno de Mauricio Macri.
Según el Banco Central, este año se invirtieron a través del RIGI no más de US$4000 millones. El Ministerio de Economía proyecta US$7602 millones para este año, US$7098 millones para 2027 y US$7996 millones para 2028. Luego los desembolsos comenzarían a declinar, pero empezarían a notarse los efectos positivos en las exportaciones.
El informe de Marull compara escenarios: sin el RIGI, las ventas externas totales de Argentina llegarían en 2029 a US$93.976 millones; con el régimen, ascenderían a US$129.451 millones.
Los proyectos energéticos de mayor envergadura
El interés de los empresarios argentinos se concentra en la energía. La planta de licuefacción de Southern Energy contempla desembolsos por US$15.156 millones de parte de los socios del consorcio: Pan American Energy (Bulgheroni), con el 30% de participación, YPF, Pampa Energía (Mindlin), la británica Harbour Energy y la noruega Golar.A esa megaobra se suman un gasoducto que conectará Vaca Muerta con la costa del golfo San Matías, en Río Negro, por más de US$1300 millones, y un oleoducto a cargo de las mismas empresas y otras como Pluspetrol (familia Rodríguez), Vista (Galuccio), Tecpetrol (Rocca) y TGS (Mindlin y familia Sielecki).
Mindlin también adhirió al RIGI para invertir en hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta, en el proyecto Rincón de Aranda, con US$4522 millones, y en la planta de fertilizantes Fértil Pampa, la mayor de urea de América latina, con US$2693 millones y producción prevista para 2029.
“Si sumamos la que va a hacer Profértil, que todavía no entró, Bahía Blanca va a tener tres proyectos de más de 2000 millones de dólares cada uno. Y son proyectos industriales que necesitarán proveedores”, señaló Sica. Consultado sobre si derramarán beneficios, respondió: “Derrama, claro que derrama. Pero no es mágico: hay que calificar logística, servicios, válvulas, mantenimiento. A un fabricante de línea blanca, por ejemplo, le va a convenir más pasarse al sector energético”.
Infraestructura y otras apuestas
El panorama se completa con inversiones en infraestructura. Juan Manuel Ondarcuhu, de Terminales y Servicios S.A., lleva adelante la Terminal Multipropósito Timbúes en Santa Fe, con una inversión aprobada de US$277 millones para construir y operar la terminal portuaria.
Petroquímica Comodoro Rivadavia, de las familias Cavallo y Brandi, se asoció con ArcelorMittal Acindar para un proyecto de energía renovable en el Parque Eólico Olavarría por US$276 millones, que arranca en enero próximo. Además, Sidersa, controlada por la familia Spoto, construirá una planta de aceros largos en San Nicolás por US$286 millones.
Los emprendimientos abarcan diez provincias —Buenos Aires, Neuquén, Río Negro, Salta, Jujuy, San Juan, Catamarca, Mendoza y Santa Fe— y sus inversiones marcarán el rumbo económico de la próxima década.