Los 'elefantes blancos' de Rosario: qué pasó con las obras que quedaron a medio hacer en el centro
¿Sabías que Rosario tiene varios edificios abandonados en pleno centro? Desde el 'fantasma' de Pichincha hasta el pozo de la Yerbatera Martin. Conocé qué pasó y por qué nadie los retoma.
El centro de Rosario esconde un mapa de proyectos inmobiliarios que quedaron congelados en el tiempo. Mientras el edificio de Ovidio Lagos y Güemes, conocido como el 'fantasma' de Pichincha, se acerca a sus 40 años sin estrenar, el pozo de la Yerbatera Martin sigue esperando una segunda oportunidad. ¿Qué pasó con estos emprendimientos y por qué nadie los retoma?
La noticia de la recuperación del complejo de San Martín 520, que estuvo abandonado más de dos décadas y ahora será convertido en torres de oficinas y viviendas, reavivó el debate sobre las estructuras que quedaron en el olvido en plena zona central.
Un edificio que nació viejo
La mole de cuatro pisos que la provincia compró en diciembre de 1987 para instalar las oficinas del Iapos nunca pudo ser utilizada. Las condiciones no estaban dadas para que la obra social funcionara ahí, y desde entonces la estructura de Ovidio Lagos y Güemes se convirtió en un dolor de cabeza para los vecinos de Pichincha. Sufrió saqueos y hasta dos principios de incendio en 2010. A pesar de que el Iapos anunció su venta en varias oportunidades, sigue sin uso.
En el barrio Martin, la manzana donde funcionó la Yerbatera Martin tampoco tuvo mejor suerte. Desde 1992 se anunciaron proyectos ambiciosos: primero un supermercado con patio de comidas, luego cinco torres de 78 metros, y hace una década, dos torres con espacios públicos. Ninguno prosperó y hoy el lugar es un enorme pozo vacío que los vecinos denunciaron por intentos de usurpación.
¿Cuántas obras abandonadas hay en Rosario?
Ni el municipio ni las cámaras del sector tienen un registro exacto. Pero todos conocen ejemplos: el esqueleto de hormigón de Güemes 2165, que iba a ser un hotel de 17 pisos y quedó paralizado por el cepo cambiario; la obra de Oroño 737, clausurada en 2014 tras denuncias vecinales; o la estructura de Juan Manuel de Rosas al 900, que lleva años suspendida.
Ángel Seggiaro, vicepresidente de la Asociación Empresarios de la Vivienda (AEV), explica que los proyectos truncos suelen tener detrás a grupos no profesionales que buscan ganancias rápidas y no saben cómo reaccionar cuando cambia la ecuación económica.
¿Por qué es tan difícil retomarlos?
Según Seggiaro, recuperar una obra abandonada implica enfrentar cambios en los reglamentos de edificación, estándares de confort y tecnologías constructivas que quedaron obsoletos. Además, siempre se pierde valor en el camino. Sin embargo, destaca que la ubicación sigue siendo un activo: "Es poco probable que una vista al río o una esquina importante pierdan totalmente el atractivo".
Mientras tanto, en el centro de Rosario, al menos cinco estructuras esperan que alguien les dé una segunda oportunidad. La recuperación de San Martín 520 demuestra que es posible, pero el camino no es fácil.