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18 febrero 2020

Los entretelones de la llegada de San Martín a Buenos Aires

“Fui recibido por el triunvirato, por uno de los vocales con favor y por los otros con desconfianza”, dijo años después.

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Soplaba un cruel viento frío aquella mañana de invierno inglés del domingo 18 de enero de 1812, cuando zarpó de Londres la fragata George Canning.

Era una nave mercante de tres palos comandada por Sebastian Julloch que traía manufacturas inglesas para llevarse cueros y otras materias primas.

Venían a bordo unos 20 pasajeros, entre ellos José de San Martín, Carlos de Alvear, Matías Zapiola, Francisco Chilavert, el capitán de infantería Francisco Vera. También venían en la nave dos jóvenes inglesas, Francés, de 23 años y Mathilda, de 20, hermanas de Peter Kendall, un comerciante establecido en el Río de la Plata que regresaba a Buenos Aires en ese viaje. Pero el pasajero mejor atendido del pasaje fue Thomas Eastman, el dueño de la George Canning.

En los 50 días que duró el viaje, San Martín estableció una buena relación con José Vicente Chilavert y tuvo largas conversaciones con Peter Kendall. Es probable que también terminase de acordar con Alvear y Zapiola los pasos inmediatos: fundar la Logia de Buenos Aires y asegurar que sus planes se llevasen a cabo.

A pocas millas de distancia del puerto de Buenos Aires, la George Canning se topó con parte de la escuadra españolasitiadora, lo que puso en serio riesgo a la nave y sus ocupantes. Fue entonces cuando el alférez Zapiola, que había salido de España hacia Londres con un pasaporte falso a nombre de Antonio Prieto, asumió el comando de la nave y consiguió trasponer las líneas enemigas.

En su edición del viernes 13 de marzo de 1812la Gaceta de Buenos Aires, que tenía como uno de sus principales redactores a Bernardo de Monteagudo, informaba: “El 9 del corriente ha llegado a este puerto la fragata inglesa George Canning procedente de Londres (…) A este puerto han llegado entre otros particulares el teniente coronel de caballería D. José San-Martín, primer ayudante de campo del general en jefe del ejército de la Isla [de León] marqués de Compigny [sic, por Coupigny]. Estos individuos han venido a ofrecer sus servicios al gobierno, y han sido recibidos con la consideración que merecen”.

Por su parte las autoridades españolas de Montevideo alertaban a sus superiores del Consejo de Regencia de la noticia del arribo de los revolucionarios: “No puedo menos que manifestar –decía el capitán general de las Provincias del Río de la Plata– al Consejo de Regencia por el conducto de V. E. la grande sorpresa y sentimiento que me ha causado, como a todos los buenos españoles, este inesperado acontecimiento y representarle el gravísimo perjuicio que resulta al estado de la concesión de semejantes permisos a unos individuos como estos reputados por infidentes, y adictos al sistema de la independencia”.

Años despuésSan Martín recordó así la recepción que le prodigaron las autoridades de Buenos Aires: “Yo llegué a principios de 1812 y fui recibido por el triunviratopor uno de los vocales con favor y por los otros con una desconfianza marcada. Con pocas relaciones de familia en mi propio país y sin otros apoyos que mis deseos de serle útil, sufrí este contraste con constancia, hasta que las circunstancias me pusieron en situación de disipar toda prevención, y poder seguir las vicisitudes de la guerra por la independencia”.

Aunque San Martín no lo aclaraba, los hechos sugieren que el integrante del Primer Triunvirato que lo recibió “con favor” era Juan Martín de Pueyrredón, mientras que los otros dos eranFeliciano Chiclana y el secretario Bernardino Rivadavia, la verdadera voz cantante de ese terceto.

Citas: 1. Carta de San Martín al presidente del Perú, mariscal Ramón Castilla, Boulogne-sur-Mer, 11 de septiembre de 1848.

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