Los gigantes del auto presionan al Congreso de EE.UU. para frenar a las marcas chinas
Economía

Los gigantes del auto presionan al Congreso de EE.UU. para frenar a las marcas chinas

Se pelean por los mismos compradores en las concesionarias, pero ahora General Motors, Toyota y Volkswagen empujan juntos una ley para dejar afuera a los autos chinos. La jugada tiene fecha límite y una carta inesperada de Trump que les complica el plan.

Las automotrices chinas avanzan en Europa, América Latina y el sudeste asiático, y las terminales tradicionales quieren frenar ese desembarco en el mercado más grande del mundo. La Alliance for Automotive Innovation, que reúne a General Motors, Toyota y Volkswagen, entre otras, le pidió al Congreso de Estados Unidos que convierta en ley una prohibición permanente a esos vehículos.

El reclamo tiene un calendario apretado: la entidad quiere que los legisladores retomen el proyecto cuando vuelvan a sesionar la próxima semana, después de las elecciones de medio término, y que la norma quede aprobada antes de que termine el año, según informó Reuters.

Qué argumentan las terminales

El presidente de la organización, John Bozzella, planteó la postura en términos de seguridad y competencia. “Necesitamos proteger el mercado estadounidense de una avalancha de importaciones chinas que conllevan riesgos de vigilancia y ponen en desventaja a los fabricantes actuales”, afirmó, y destacó las inversiones que esas empresas hicieron en las comunidades norteamericanas.

Detrás del pedido hay dos inquietudes. Una es tecnológica: la posibilidad de que los sistemas digitales de los autos recopilen información sensible o habiliten accesos remotos desde China. La otra es comercial: la competencia de fabricantes que ya cambiaron el equilibrio en otros mercados y que las terminales instaladas en Estados Unidos prefieren mantener afuera.

El avance que miran desde Washington

Los números explican la preocupación. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), China produjo 16 millones de autos eléctricos e híbridos enchufables en 2025, cerca de tres cuartas partes del total mundial, y exportó más de 2,5 millones. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones de esas tecnologías más que se duplicaron frente al mismo período del año anterior. La competencia interna y la presión sobre los márgenes empujan a esos fabricantes a buscar compradores fuera de sus fronteras.

En la Unión Europea el fenómeno ya se ve en los patentamientos. De acuerdo con los registros de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), BYD, SAIC y los grupos Geely y Chery concentraron el 10,6% del mercado en septiembre de 2026, contra el 6,9% de un año antes. La cuenta incluye marcas europeas bajo capital chino, como Volvo y MG, y refleja el peso de esos cuatro fabricantes, no la totalidad de los autos producidos en China.

Algunos competidores crecieron a un ritmo vertiginoso. Entre enero y septiembre, BYD patentó 206.002 unidades en la UE, un 154,4% más que en igual período de 2025. El grupo Chery, que incluye a Omoda y Jaecoo, llegó a 137.003 unidades, con un salto del 246,5%. Ambos avanzaron muy por encima del promedio del mercado europeo.

Los aranceles europeos no frenan toda esa oferta por igual. Los derechos compensatorios sobre los eléctricos a batería fabricados en China no alcanzan a los híbridos convencionales ni a los híbridos enchufables, de modo que las compañías pueden ganar presencia con otras motorizaciones mientras enfrentan mayores costos para ingresar sus modelos totalmente eléctricos.

El caso argentino

La Argentina muestra el mismo cambio, aunque desde una base mucho menor. En 2024, las marcas chinas rondaban el 0,8% del mercado de autos y comerciales livianos. A firmas como Chery, BAIC y Haval se sumaron durante 2025 nuevos desembarcos y relanzamientos, entre ellos BYD y MG. Para octubre de 2026, las marcas chinas identificadas entre las más patentadas ya reunían por sí solas más del 11% del segmento.

BYD encabezó ese grupo con 1377 unidades durante el mes, seguida por BAIC, con 957, y Chery, con 557, según datos de SIOMAA.

La barrera que ya existe en EE.UU.

Estados Unidos tomó un camino más restrictivo incluso antes del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. En 2024, Joe Biden elevó al 100% el arancel adicional para los eléctricos chinos bajo la Sección 301 de la legislación comercial. Ese gravamen se suma a otros derechos, por lo que la protección sobre esos vehículos supera el 100%.

A esa barrera económica se agregó una tecnológica. En enero de 2025, el gobierno de Biden aprobó una regulación sobre vehículos conectados que restringe determinados sistemas y fabricantes vinculados con China o Rusia. Las prohibiciones sobre software y sobre la venta de vehículos de fabricantes alcanzados rigen desde el año modelo 2027, incluso si los autos se producen en Estados Unidos. Para ciertos componentes físicos, el calendario se extiende hasta el año modelo 2030.

Trump amplió la presión sobre la industria internacional: en marzo de 2025 anunció un arancel del 25% sobre autos importados y determinadas autopartes, con el objetivo declarado de proteger la producción estadounidense. La medida tuvo un alcance mucho mayor que la disputa con China y buscó incentivar a las terminales a fabricar dentro del país.

Pero esa misma lógica abrió una diferencia con las automotrices. En septiembre, el presidente dijo a Fox News que aceptaría que compañías chinas construyeran autos en Estados Unidos. Para los fabricantes que impulsan la prohibición, la posibilidad de que sus competidores ingresen mediante una planta local también representa una amenaza.

La presión electoral

La iniciativa tiene respaldo de los dos partidos. Fue impulsada por el republicano Bernie Moreno y la demócrata Elissa Slotkin, y recibió aprobación unánime en la comisión del Senado que la trató en julio. Según Reuters, la versión de la Cámara de Representantes ya supera los 100 copatrocinadores.

Las elecciones de este martes suman urgencia. Los estadounidenses renuevan las 435 bancas de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado, en una votación que definirá la relación de fuerzas para la segunda mitad del mandato de Trump.

De acuerdo con Reuters, algunos asesores legislativos y representantes de la industria temen que una victoria demócrata que cambie el control del Congreso complique los tiempos para aprobar la norma antes del cierre de diciembre. La preocupación pasa por el calendario y por las negociaciones posteriores a la elección, dado que el proyecto cuenta con respaldo bipartidista.

China, en tanto, rechazó las restricciones y reclamó a Washington que respete las reglas de la economía de mercado y la competencia. Su Cancillería calificó propuestas anteriores contra sus compañías como una “represión irrazonable”.

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