Los salones de eventos de San Juan sufren un duro golpe: la actividad cayó un 40% y las fiestas ya no son lo que eran

La crisis económica golpea a los salones de eventos en San Juan, con una caída del 40% en la actividad. ¿Cómo se adaptan los empresarios para sobrevivir?

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Los salones de eventos de San Juan sufren un duro golpe: la actividad cayó un 40% y las fiestas ya no son lo que eran
Los salones de eventos de San Juan sufren un duro golpe: la actividad cayó un 40% y las fiestas ya no son lo que eran

El bolsillo de los sanjuaninos está cada vez más ajustado y eso se nota en los salones de eventos: la actividad cayó un 40% y las celebraciones se achicaron. La Cámara de Salones de Eventos de San Juan (CASE) detectó una fuerte baja en las contrataciones, especialmente en los eventos de gran tamaño, y las familias eligen opciones más económicas para festejar.

Ernesto Cortínez, presidente de la entidad, explicó a Diario de Cuyo que el invierno fue particularmente difícil para el sector. "Ha sido un invierno duro. La situación es brava para todos los sectores, pero como los eventos no somos algo de primera necesidad, lo sentimos más", señaló.

El relevamiento de CASE, que agrupa a cerca del 80% de los establecimientos de la provincia, se complementó con encuentros de la Federación Argentina de Salones de Eventos y Afines (FADIDE). Allí, referentes de distintas provincias coincidieron en que las celebraciones siguen existiendo, pero con presupuestos más acotados y menos invitados.

¿Por qué las fiestas ya no son como antes?

La pandemia de COVID-19 en 2020 transformó los eventos sociales, y muchos esperaban que esos cambios fueran temporarios. Sin embargo, seis años después, las nuevas tendencias no solo se consolidaron sino que las grandes celebraciones se volvieron cada vez más escasas.

Uno de los cambios más evidentes es la reducción en la cantidad de asistentes. Según Cortínez, ya casi no se registran fiestas con más de 100 invitados, algo que antes era habitual. Esto afecta tanto a eventos familiares como institucionales: empresas y organizaciones que solían hacer encuentros con frecuencia ahora los redujeron.

Las fiestas de fin de curso también cambiaron. Las cenas y celebraciones de egresados, que antes convocaban a muchos invitados y requerían una planificación económica a largo plazo, ahora muestran una participación menor, con la presencia del egresado y uno o dos familiares.

Además, muchas familias eliminan servicios adicionales para abaratar costos. Cortínez recordó que algunos salones solo alquilan el espacio, mientras que otros ofrecen catering, sonido, iluminación, DJ, decoración, entre otros. El precio final depende de estos factores, y en promedio se calcula que el costo por persona ronda los $40.000 a $60.000.

¿Cómo se adaptan los salones para sobrevivir?

Con una demanda escasa, los dueños de salones debieron modificar sus estrategias para no cerrar. La reducción de márgenes de rentabilidad y la incorporación de planes de pago con tarjetas de crédito son algunas de las herramientas que utilizan para mantener las contrataciones.

Los aumentos de precios se ubicaron por debajo de la inflación para no perder clientes y seguir siendo competitivos. Muchos establecimientos flexibilizaron sus propuestas: los salones diseñados para grandes celebraciones comenzaron a adaptarse a encuentros más reducidos, y otros ampliaron su oferta para captar distintos tipos de clientes.

"La gran mayoría está haciendo lo mismo: el evento que venga, bienvenido. Si la fecha está libre, hoy hacemos lo que sea", resumió Cortínez.

¿Qué espera el sector para el futuro?

A pesar de las dificultades, el sector mantiene expectativas de recuperación. Desde la cámara observan una desaceleración de la inflación, pero consideran que todavía falta una mejora en el poder adquisitivo que impulse nuevamente el consumo. "Seguimos adelante, esperanzados en que esto se vaya a revertir. Vemos una baja de inflación, pero no hay circulante que llegue a la gran mayoría de la población", afirmó Cortínez.

Mientras tanto, los salones continúan adaptándose a un nuevo escenario, con celebraciones más pequeñas, presupuestos ajustados y la flexibilidad como herramienta clave para seguir en actividad. Desde CASE también destacaron que contratar un salón habilitado representa una garantía de seguridad y de cumplimiento de las condiciones necesarias para el desarrollo de los eventos, un aspecto central al momento de elegir dónde celebrar.

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