Los vinos que sorprendieron al mundo nacen en La Pampa y viajan 370 kilómetros antes de ser elaborados
Si pensás que solo Mendoza o San Juan pueden producir vinos premiados, esta bodega pampeana te va a hacer cambiar de idea: acaba de arrasar en un concurso internacional.
Bodega Quietud, de La Pampa, logró un hito: las 16 muestras que presentó en el concurso internacional Vinus fueron premiadas, entre ellas tres dobles medallas de oro. Con este resultado, la firma superó las 70 distinciones acumuladas en 15 años de participación.
El certamen, que reúne a productores de todo el mundo, volvió a tener a la bodega pampeana entre las protagonistas. El Marcelan, una variedad poco conocida para el gran público, se convirtió en la etiqueta de La Pampa con mayor puntaje: alcanzó 96 puntos y se llevó una doble medalla de oro.
Ricardo Juan, responsable de Quietud, recordó que los primeros ensayos con cepas no tradicionales se hicieron alrededor de 2015 y 2016, junto al equipo del Ente Provincial del Río Colorado y asesores especializados.
“Estas son las cosas que uno aprende a través de los años”, señaló. La experiencia los llevó a profundizar con variedades como Marcelan y Monastrell. “El año pasado enfocamos sobre lo que eran estas cepas nuevas. Realmente nos sorprendió”, contó. Y agregó: “Fue una grata sorpresa que tuviéramos una doble medalla de oro”.
Innovación sin perder de vista al consumidor
La apuesta de Quietud no se limita a las variedades tradicionales. Un ejemplo es el Rosado de Montepulciano: modificaron el proceso de años anteriores y el resultado sorprendió al propio equipo. “Nos quedó un vino extraordinario, muy agradable, con taninos muy suaves”, describió Juan.
También hay novedades en los blends. Pampa Gringa, un corte de Malbec, Petit Verdot y Carménère, recibió su reconocimiento. “No podíamos creer que esa jugada se diera tan bien”, admitió. “Buscamos innovar porque creemos que es necesario”, sostuvo.
“El premio mayor es que la gente lo acepte”
Más allá de las medallas, Juan puso el foco en la aceptación del público. “Yo puedo sentirme orgulloso porque estos vinos han sido premiados, pero el premio mayor sería que la gente los acepte”, afirmó. “Hacer vinos por orgullo y nada más no tiene sentido”, resumió.
La diversidad es otra de las marcas de la bodega: trabajan con unas 13 variedades en simultáneo, cada una con su comportamiento y sus cuidados específicos. Según Juan, llevan alrededor de 72 medallas y “hemos premiado casi todas las cepas que hemos tenido”.
La particularidad pampeana: 370 kilómetros de distancia
Uno de los datos que más llama la atención de productores de otras regiones es la distancia entre la cosecha y la elaboración. Las uvas viajan unos 370 kilómetros desde Casa de Piedra hasta la bodega. “Muchos no pueden creer que cosechemos la uva, la transportemos 370 kilómetros y después elaboremos y obtengamos esta calidad de vino”, contó Juan.
Para él no hay secreto: “No tenemos la bola mágica para crearlo”, bromeó. Lo atribuyó a la voluntad, la pasión y el trabajo sostenido, con inversiones en tecnología, equipamiento de acero inoxidable, controles de laboratorio y atención a la higiene y al personal.
“Así como los vinos van a la botella y maduran, nosotros con el tiempo tenemos que ir madurando”, reflexionó. La experiencia acumulada “permite mejorar los procesos y acompañar la evolución de cada vino”.
De cara al futuro, la condición será la producción que se obtenga nuevamente en Casa de Piedra. “Las cepas son excelentes. El trabajo que se venía haciendo era muy bueno. Esperemos que siga”, expresó.
Las 16 medallas de esta edición son, para Quietud, la confirmación de que desde el oeste pampeano se puede construir una identidad propia, experimentar con variedades poco habituales y competir de igual a igual en escenarios cada vez más exigentes.