Lucrecia Martel contó por qué dejó de mirar el cine como antes: “Sentí que tenía que volver al pago”
Lucrecia Martel llenó el anfiteatro de la Usina Cultural para presentar su primer libro. En plena charla recordó un ataque de pánico en Londres y confesó la pregunta que la hizo replantearse todo: ¿por qué y para quién hace cine?
La cineasta salteña Lucrecia Martel presentó su primer libro, Un destino común, frente a un anfiteatro colmado en la Usina Cultural, en el marco de la Feria del Libro de Salta. En una charla con la periodista Maira López, repasó su trayectoria, se preguntó por qué hace películas y explicó qué la llevó a reencontrarse con su región.
Antes de entrar en tema, agradeció al público y dijo que se llevará ese rato consigo. “Voy a conservar este momento en mi memoria”, afirmó.
El libro le sirvió para mirar su propio recorrido con otra distancia. “Nunca tuve intenciones, nunca me imaginé que las instancias en que uno habló durante quince años se juntaran”, contó. Esa reunión de intervenciones la empujó a revisar decisiones: “Empecé a pensar si el camino donde anduve en el cine es donde quería quedarme”.
El episodio en Londres que la marcó
Entre los recuerdos que compartió apareció una presentación de La mujer sin cabeza en Londres. “Tuve un ataque de pánico. Yo no quería terminar así”, relató. Ese momento la llevó a preguntarse qué esperaba de su lugar en el cine.
“Yo imaginaba otro destino para mi participación con el cine, es decir, poder conversar con mi región”, explicó. Le gusta que sus películas lleguen a otros lugares, pero su motivación inicial apuntaba a un intercambio más cercano: “Cuando me metí pensé en tener un diálogo con mis coterráneos”.
Esa inquietud la hizo replantear el rumbo de su trabajo. “Sentí que tenía que volver al pago y ahí vino Zama”, recordó.
Cine, percepción y sentido
Martel también se refirió a lo que el cine puede hacer con la mirada. “Para mí el cine es una droga buena”, sostuvo, y lo relacionó con la posibilidad de alterar la percepción, de volver extraño algo conocido.
“El desafío de pensar es cómo pensamos lo ya pensado”, planteó. En esa búsqueda, las aspiraciones personales ocupan un lugar central: “Depende de los objetivos que uno tenga y de lo que desee para el sentido de su vida”.
Parte de su intervención estuvo dedicada a los estudiantes de cine, a quienes invitó a preguntarse para qué quieren hacer películas. Dijo que buscar un empleo y alcanzar independencia económica es válido, pero no suficiente.
“Es digno poder irse de la casa de los padres, pero eso solo no le va a dar sentido al trabajo”, advirtió. Su reflexión apuntó a las expectativas que cada uno deposita en la actividad y a lo que espera construir con ella.
“Uno puede usar el lenguaje audiovisual para sumarse a la industria del entretenimiento, pero no sé si eso solo da sentido”, señaló. En su caso, esa posibilidad no alcanzaba: “Yo sentí que a mí no me daba sentido”.
Educación y poder
La conversación también tocó la construcción de lo común. A partir de una pregunta de López sobre cómo lograrlo en un contexto como el de Salta, Martel llevó la reflexión hacia la educación y la responsabilidad de quienes tienen poder.
“Cómo hacer para saber en dónde está la peor educación”, planteó. Cuestionó a una clase política que no logra responder a la necesidad de restituir territorio y concentró su observación en la formación de los sectores con mayor capacidad de decisión: “La educación que más falla es la que tiene mayor acceso al poder”.