Lula era favorito en las encuestas, pero las urnas brasileñas dieron otro ganador: la advertencia de dos consultores sanjuaninos

Lula lideraba todas las encuestas, pero las urnas brasileñas dieron vuelta el tablero y el balotaje del 25 de octubre quedó envuelto en una incógnita que dos consultores sanjuaninos conocen bien. Uno de ellos lanzó una advertencia sobre el factor que puede definir la segunda vuelta.

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Lula era favorito en las encuestas, pero las urnas brasileñas dieron otro ganador: la advertencia de dos consultores sanjuaninos
Lula era favorito en las encuestas, pero las urnas brasileñas dieron otro ganador: la advertencia de dos consultores sanjuaninos

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil dejó un sabor amargo para los principales sondeos: Lula aparecía arriba en casi todas las encuestas, pero Flávio Bolsonaro terminó primero y se metió en el balotaje del 25 de octubre contra el actual presidente. El resultado encendió el debate sobre la precisión de las encuestas y llevó a muchos a hablar directamente de un fracaso.

Dos consultores sanjuaninos salieron a poner paños fríos. Antonio De Tommaso, del Instituto de Opinión Pública y Proyectos Sociales (IOPPS), y Agustín Arias, de Arias Comunicación, coincidieron en que hablar de un fracaso de la herramienta es apresurado. Para ambos, hay que mirar los números, los márgenes de error y, sobre todo, la creciente cantidad de electores que no manifiestan una decisión.

“No han sido exactas, pero tampoco fallaron”

De Tommaso reconoció que los sondeos no fueron del todo precisos en la primera vuelta, pero consideró que el resultado final no permite afirmar que hayan quedado fuera de rango. “Podría decir que las encuestas no han sido exactas, pero tampoco que fallaron”, planteó.

Según explicó, las diferencias que mostraban los últimos pronósticos entre Lula y Flávio Bolsonaro estaban dentro de los márgenes estadísticos habituales. “Toda encuesta tiene hasta un 3% de margen de error”, señaló. Y puso el foco en la distancia que habían registrado los sondeos antes de la elección: “Los pronósticos hablaban de dos o tres puntos por encima Lula. El hecho de que haya quedado uno y medio o casi dos está dentro, casi dentro del margen de error”.

Para el consultor hay una dificultad adicional que no puede dejarse de lado: las características sociales y territoriales de Brasil. “Brasil no es un lugar tan fácil y sencillo de encuestar”, advirtió, y apuntó a las dificultades para acceder a determinados sectores y zonas de alta vulnerabilidad. “Hay poblaciones marginales muy fuertes y no es fácil penetrar en zonas de alto riesgo”, explicó.

De Tommaso considera que ese obstáculo debe formar parte de cualquier análisis sobre la distancia entre las mediciones y las urnas. Pero para él, el interrogante más importante quedó planteado para la segunda vuelta. “Lo llamativo va a ser ahora cómo se va a comportar el electorado, ese 20 y pico por ciento que no fue a votar”, señaló.

Por eso evitó aventurar un pronóstico sobre el balotaje. “El pronóstico de la segunda vuelta es más incierto todavía”, sostuvo, y recordó que “los balotajes son impredecibles” y “los carga el diablo”.

El peso de los indecisos

Arias coincidió con la mirada de De Tommaso, aunque puso el acento en otro factor que, a su entender, es clave para entender lo ocurrido: la cantidad de indecisos que existe hoy en los procesos electorales. “No creo que hayan fallado”, afirmó.

Para el consultor, existe una tendencia a sacar esa conclusión a partir de algunas de las encuestas más difundidas, pero el conjunto de los estudios presenta un panorama más heterogéneo. “Es una preconcepción por las que más se difundieron”, explicó, y puso como ejemplo el caso de Atlas, una de las consultoras que había seguido con mayor atención la evolución de la elección. Según Arias, ese estudio “no falló por bastante más allá del margen de error”.

A su entender, hubo encuestas que estuvieron más alejadas y otras que se acercaron mucho al resultado final. “Algunas aciertan, otras no, pero generalmente han estado todas dentro del margen de error”, sostuvo. Por eso consideró que afirmar que las encuestas “fallaron” supone simplificar un problema más complejo.

Para Arias, el principal desafío que enfrenta hoy la demoscopía no está solamente en detectar hacia dónde se mueve el electorado, sino en cómo proyectar el voto de quienes todavía no decidieron.

Históricamente, explicó, en las elecciones presidenciales la proporción de indecisos podía ubicarse alrededor del 25% o 30%. Pero ese comportamiento estaría cambiando. “En las encuestas que yo he estado viendo, ese margen se ha corrido considerablemente”, afirmó.

La consecuencia es directa: cuanto mayor es la proporción de personas que todavía no manifiestan una preferencia, más compleja se vuelve la proyección final. “Hoy hay una dificultad y un desafío para la demoscopía, que es cómo encarar el fenómeno del aumento de la cantidad de indecisos”, resumió.

Arias aclaró que cuando una encuesta publica una distribución que suma el 100% de los votos, eso no significa necesariamente que todos los entrevistados hayan definido su elección. En muchos casos, detrás de esa distribución existe una proyección estadística del voto de los indecisos. “Las encuestas siempre tienen una gran cantidad de indecisos y las que vemos con resultados así, sin indecisos, que te dan el 100%, la sumatoria de las intenciones de voto es porque hay una proyección de indeciso ahí”, explicó.

Lo que se publica no es todo lo que se mide

Arias agregó una segunda advertencia para leer los resultados de los sondeos: las encuestas que llegan a los medios y al público no necesariamente representan todo el trabajo que realizan las consultoras. “Las encuestas que están publicadas son públicas y no son todas las encuestas”, explicó.

Según el propietario de Arias Comunicación, los estudios de opinión son también una herramienta de campaña y pueden ser contratados por candidatos y equipos políticos para obtener información sobre el electorado. En esos casos, los resultados suelen permanecer reservados. “Generalmente las encuestas son un insumo caro que le pertenece a un candidato, un equipo de campaña y que no la publica”, sostuvo.

Por eso planteó que las mediciones que circulan públicamente deben analizarse con cierta cautela, pues pueden responder a objetivos determinados de una consultora, a una estrategia de comunicación o a la decisión de un cliente de hacer públicos determinados resultados. “Las encuestas que vemos publicadas no están realizadas para ofrecer información a la sociedad”, afirmó.

No significa, aclaró, que esas mediciones carezcan de valor. El punto es que no necesariamente permiten conocer todo el universo de información que manejan las campañas.

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