Lula ganó por 4,4 millones de votos, pero ahora lo espera una trampa que ya tiene nombre
La deuda pública brasileña ya supera el 82% del PBI y el dólar trepó a su nivel más alto en un año. Mientras Lula promete que "el pobre no pagará la cuenta", sus propios ministros evitan pronunciar dos palabras frente a él. El mensaje que dará este domingo y la medida que todos esperan no llegan todavía.
El presidente brasileño arranca su cuarto mandato con una deuda que trepó al 82,9% del PBI, el dólar en su nivel más alto en un año y un Congreso que le jugará en contra. La campaña que lo devolvió al poder le dejó una factura que el presupuesto no contempla.
En apenas 24 horas, Luiz Inacio Lula da Silva habló como si fueran dos presidentes distintos. El jueves, frente al Consejo de Minerales Críticos, avisó que nadie va a invertir en Brasil "por los lindos cabellos de Lula o de Alckmin" y reclamó una "economía ordenada". El viernes, al cerrar la semana ante el Consejo Nacional de Política Energética, les marcó la cancha a los mercados: "Lo único que tienen que saber es que el pobre no pagará la cuenta". Y completó: "No es lo que el sistema financiero quiere, porque ellos lo quieren todo".
Ese tire y afloje condensa el problema con el que el mandatario de 81 años iniciará su cuarto período. Hace dos semanas revirtió una elección que daba por perdida y se impuso por 4,4 millones de votos al senador Flavio Bolsonaro, que a los dos días de la derrota se fue a los Estados Unidos. La remontada se sostuvo en el respaldo de jóvenes, jubilados y movimientos sociales, que ahora le exigen que no recorte ni un peso del gasto social.
Los números que no dan respiro
Del otro lado del mostrador, las cuentas aprietan. La deuda bruta alcanzó el 82,9% del PBI, más de diez puntos por encima de la que Lula heredó en 2023. El dólar cerró el jueves en 5,49 reales, su valor más alto en casi un año. Y el Banco Central cortó el miércoles, por unanimidad, la baja de la tasa Selic, que quedó clavada en 13,75% anual. El interés real, cercano al 9,5%, es el más alto del planeta, según el artículo.
La campaña dejó su propia hipoteca. Lula había calificado de "babaquice" (pavada) la búsqueda de superávit y lanzó paquetes por más de 400.000 millones de reales, unos 73.000 millones de dólares. De acuerdo con la Institución Fiscal Independiente del Senado, lo comprometido durante la elección genera un hueco de unos 86.000 millones de reales, equivalentes a 15.700 millones de dólares, que el presupuesto no contempla.
El fantasma del "estelionato eleitoral"
En Brasilia, el temor que sobrevuela tiene nombre propio: "estelionato eleitoral", la estafa electoral. La expresión se instaló en 2015, cuando Dilma Rousseff se reeligió prometiendo no ajustar y después puso a un ortodoxo al frente de Hacienda. El ajuste, en aquel entonces, terminó saboteado por su propio partido. Según la prensa local, Lula se resiste a cualquier medida que pueda sonar a eso. Tal es así que sus ministros evitan decir "ajuste fiscal" delante de él y optan por hablar de "racionalizar" el gasto.
El presidente hablará este domingo en cadena nacional. Se espera que reafirme su compromiso con la responsabilidad fiscal, pero sin anunciar medidas ni el nombre de su ministro de Hacienda. El lunes parte hacia la COP31 en Turquía y la cumbre de la ASEAN en Filipinas. El titular de Hacienda, Dario Durigan, ya adelantó que las propuestas llegarán recién después de su regreso, el 16.
"El sector productivo está parado, esperando"
"Sería mejor que hubiera anticipado lo que piensa hacer. El sector productivo está parado, esperando. Pero no suele ser una característica del Partido de los Trabajadores (PT), lamentablemente", dijo a LA NACION Nelson Marconi, economista de la Fundación Getulio Vargas (FGV) y referente del nuevo desarrollismo. A su juicio, Lula "va a demorar y va a lanzar varios globos de ensayo" sobre quién será su futuro ministro de Hacienda.
Marconi sostiene que un ajuste dentro de la línea roja de Lula es posible y que puede ser muy diferente al de Javier Milei, al que aludía Flavio Bolsonaro con su promesa de un "tesouraço" (tijeretazo). "(El ajuste) es compatible con mantener el gasto social, pero el ritmo de crecimiento del gasto tiene que disminuir, sin perder la característica de reajustar en términos reales", explicó.
Como ejemplo, propuso que en los años de crecimiento económico las jubilaciones y los beneficios sociales suban como máximo un 1% por encima de la inflación, frente al techo actual del 2,5%. También sugirió recortar de forma escalonada los incentivos fiscales, gravar más los dividendos y el patrimonio, y encarar una reforma previsional de largo plazo. Además, admitió que el modelo de Lula muestra "un cierto agotamiento": "Está muy basado en la expansión del consumo, las transferencias y el endeudamiento".
La obsesión por los intereses
El gran tema que desvela al presidente son las tasas. Esta semana inquietó al mercado la versión de que se reuniría con André Lara Resende, uno de los padres del Plan Real, que propone poner un techo a la Selic y bajarla al 7,5% en un año. Hacienda descartó la idea y Durigan insistió en que "no hay fórmula mágica" en la economía. Marconi coincidió en que hay margen para bajar las tasas, pero con una condición: "Para hacerlo, hay que ordenar en simultáneo los ingresos y el resultado primario del gobierno".
Por ahora el gobierno estudia un menú más modesto: endurecer los congelamientos de gasto, apuntar al centro de la meta fiscal, gravar inversiones hoy exentas y recortar supersalarios del Poder Judicial.
"No creo que vaya a haber un paquete. Van a anunciar algunas medidas y probar, anunciar y probar", aseguró el politólogo Leonardo Barreto, socio de la consultora de riesgo Think Policy en Brasilia.
Más política que economía
Para Barreto, el problema es más político que económico. "Hoy la cabeza de Lula es más política que económica", dijo. El presidente, explicó, busca una salida que canalice la fuerza de la calle para imponerle su agenda a un Congreso más hostil: el oficialismo tendría la base legislativa más chica desde 1990 y el Partido Liberal de los Bolsonaro creció en el Senado.
Barreto no descarta una "tentación plebiscitaria" —recuerda los casos de Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez—, aunque admite que por ahora solo hay relatos de un Lula "pensativo". Lo más probable, considera el analista, es que use el "ejército digital" de la campaña para presionar a los legisladores en cada votación que se presente difícil.
Lula se jacta de haber logrado superávit primario todos los años entre 2003 y 2010, cuando sus primeros mandatos combinaron ortodoxia fiscal con la creación del Bolsa Família. Pero en marzo, en España, dijo que la izquierda se equivocó al adoptar la agenda del Consenso de Washington. "Creo que hoy su idea de legado pasa por hacer quizás el mandato más a la izquierda de toda su trayectoria política", afirmó Barreto. "No creo que la agenda ortodoxa vaya a tener mucha chance con él".
El analista describe una trampa que se retroalimenta. La indefinición aumenta la desconfianza del mercado, eso debilita la coalición, encarece el costo político del ajuste y alimenta las dudas del gobierno, que vuelve a empezar el ciclo. Lula, que en el pasado le ganó varias pulseadas al mercado, confía en resolver las cosas a su tiempo. Pero Barreto advirtió que "el gobierno no tiene el tiempo que cree que tiene".