Lula gobernó 11 años y Brasil creció casi el triple que sin él: el dato que incomoda a los libertarios

Los años en que Brasil más creció fueron los mismos en que la pobreza bajó más rápido. La comparación gobierno por gobierno deja a los libertarios sin argumento: cuando Lula no estuvo al frente, el PBI se derrumbó y la pobreza volvió a subir.

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Lula gobernó 11 años y Brasil creció casi el triple que sin él: el dato que incomoda a los libertarios
Lula gobernó 11 años y Brasil creció casi el triple que sin él: el dato que incomoda a los libertarios

Que la pobreza bajó en los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva es algo que casi nadie discute en Brasil. Lo que el discurso neoliberal suele pasar por alto es lo que ocurrió en paralelo con la actividad económica: los años de menor pobreza fueron también los de mayor crecimiento, y cuando la economía se frenó, la pobreza dejó de bajar o volvió a subir.

La comparación surge de las series del Banco Mundial sobre la evolución del PBI brasileño entre 1996 y 2025, ordenadas según quién ocupaba el Palacio del Planalto. El resultado es incómodo para la prédica libertaria: Lula impulsó un crecimiento que se tradujo en caída de la pobreza, es decir, redistribuyó la riqueza generada, a contramano de lo que propone Javier Milei en Argentina.

Con Lula y sin Lula: la brecha en los números

En el período analizado, Lula gobernó 11 años: sus dos primeros mandatos (2003-2010) y el actual, iniciado en 2023. Con él al frente, la economía brasileña creció a un promedio de 3,8% anual. En los 19 años restantes, repartidos entre Fernando Henrique Cardoso, Dilma Rousseff, Michel Temer y Jair Bolsonaro, el promedio fue de 1,4% anual.

La distancia se agranda al medir el PBI por habitante, que descuenta el crecimiento de la población. Con Lula, el ingreso por persona subió 2,9% por año; sin él, apenas 0,4%.

Una objeción frecuente es que Lula se benefició del contexto internacional, sobre todo del boom de las materias primas. Los datos admiten que el viento de cola ayudó, pero no alcanzan para explicar todo. En los años de Lula, Brasil creció por encima del promedio mundial (3,1%) y del de América Latina y el Caribe (3,3%). En los años sin Lula, la relación se invirtió: el país quedó por debajo del mundo (3%) y de la región (1,8%).

El contraste con la Argentina actual no es casual. El gobierno de Milei cuenta con ventajas en los precios primarios de exportación y con respaldos geopolíticos y económicos explícitos de Estados Unidos y el FMI. Aun así, el país solo muestra buenos balances en los sectores extractivistas.

El PBI, gobierno por gobierno

Los dos primeros períodos de Lula registraron la etapa de mayor expansión de las tres décadas: 4,1% anual en promedio y 37,4% acumulado. El techo llegó en 2010, con un 7,5%, el mejor año de toda la serie. Ni siquiera la crisis financiera internacional de 2009 empujó a Brasil a una recesión profunda: ese año el PBI cayó 0,1%, contra una baja de 1,3% en el mundo y de 2,3% en América Latina.

En su tercer mandato, la economía avanzó 3,2% en 2023, 3,4% en 2024 y 2,3% en 2025. El promedio rozó el 3% anual, por encima del mundo (2,9%) y de la región (2,3%).

Más atrás, con Fernando Henrique Cardoso (1996-2002), el crecimiento promedió 2,2% anual y acumuló 16,2% en siete años. El período estuvo marcado por las crisis asiática y rusa y por la devaluación del real en 1999: en 1998 y 1999 el crecimiento no llegó al 0,5%.

Con Dilma Rousseff (2011-2015), la expansión se desaceleró a 1,1% anual. La economía pasó del 4% en 2011 a una caída de 3,5% en 2015, el arranque de la peor recesión del período.

El regreso neoliberal dejó un balance agridulce. Con Michel Temer (2016-2018), la recesión continuó en 2016 con una baja de 3,3% y la recuperación posterior fue débil: 1,3% en 2017 y 1,8% en 2018. El saldo fue estancamiento total, con un promedio de -0,1% anual. Con Jair Bolsonaro (2019-2022), el PBI creció 1,4% anual en promedio: la pandemia provocó una caída de 3,3% en 2020, seguida de un rebote de 4,8% en 2021 y de 3% en 2022.

El ranking mundial: subida con Lula, retroceso sin él

El lugar de Brasil entre las mayores economías depende de cómo se mida. En dólares corrientes, la medida más usada para los rankings, la posición se mueve mucho con el tipo de cambio, pero la tendencia es clara.

Cuando Lula asumió en 2003, tras la fuerte devaluación de 2002, Brasil era la 14.ª economía del mundo. En 2010, al cierre de su segundo mandato, había escalado al 7.º puesto y superado a Italia, Canadá, España, México y Corea del Sur. Fue el mayor ascenso de las tres décadas.

Sin Lula, el recorrido fue inverso. Con Fernando Henrique, Brasil bajó del 7.º lugar en 1995 al 13.º en 2002. Con Dilma retuvo el 7.º hasta 2014 y cayó al 9.º en 2015. Con Bolsonaro descendió al 12.º en 2020 y 2021, su peor posición desde 2004. En el tercer mandato de Lula, el país quedó 10.º en 2023 y 11.º en 2024 y 2025.

En paridad de poder adquisitivo (PPA), que corrige las diferencias de precios y depende menos del tipo de cambio, Brasil se mantuvo siempre entre el 6.º y el 9.º lugar. Su mejor posición, el 6.º puesto, la alcanzó entre 2005 y 2007, con Lula. La peor, el 9.º, la tuvo en 2019, con Bolsonaro.

Pobreza y crecimiento, dos curvas que se movieron juntas

La relación entre actividad y pobreza se ve con nitidez en los primeros mandatos de Lula. Tomando la línea de pobreza del Banco Mundial para países de ingreso medio-alto (8,30 dólares por día por persona), el índice bajó de 49,8% en 2002 a 36,3% en 2009: 13,5 puntos porcentuales y unos 19 millones de personas menos en situación de pobreza, en los mismos años en que el PBI acumuló un crecimiento de 28%.

La pobreza extrema (menos de 3 dólares diarios) se redujo a la mitad en ese lapso: pasó de 16,2% a 8,4%, el equivalente a unos 12,8 millones de personas.

El crecimiento llegó a los sectores más pobres por dos vías: el empleo y los ingresos. El salario mínimo tuvo un aumento real de 53,46% entre 2002 y 2009, con subas por encima de la inflación todos los años. En paralelo bajó la desigualdad: el coeficiente de Gini pasó de 58,1 a 53,7.

En el tercer mandato el patrón se repitió. Entre 2022 y 2024, la pobreza cayó de 25,3% a 20,6%, el nivel más bajo de la serie: unos 9,5 millones de personas menos. La pobreza extrema bajó de 4,9% a 3%.

En los demás gobiernos, la pobreza se movió al ritmo de un crecimiento menor:

Fernando Henrique (1995-2002): el índice bajó 5 puntos, pero por el aumento de la población la cantidad de pobres casi no cambió.

Dilma (2011-2015): la pobreza siguió bajando hasta 2014 por la inercia del ciclo anterior y volvió a subir en 2015, con la recesión.

Temer (2015-2018): con la economía estancada, la pobreza subió de 27,4% a 28,7%, unos 3,9 millones de personas más.

Bolsonaro (2018-2022): el índice tuvo un comportamiento atípico. En 2020 cayó a 20,8% por el Auxílio Emergencial, la ayuda masiva de la pandemia, a pesar de que el PBI caía. En 2021, cuando la asistencia se redujo, saltó a 30,6%, el valor más alto desde 2009. En 2022 el salario mínimo volvió a ajustarse sin aumento real.

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