Lúpulo, frutillas y hortalizas: la temporada arranca con un número que ilusiona en El Bolsón

La temporada productiva arranca en El Bolsón con el clima a favor y los productores entusiasmados, pero hay un frente que amenaza la rentabilidad de las chacras y que todavía nadie termina de resolver.

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Lúpulo, frutillas y hortalizas: la temporada arranca con un número que ilusiona en El Bolsón
Lúpulo, frutillas y hortalizas: la temporada arranca con un número que ilusiona en El Bolsón

Las lluvias que se sostuvieron durante octubre cambiaron el ánimo en la Comarca Andina. En las chacras de El Bolsón el lúpulo, las hortalizas, las frutillas y las frambuesas empezaron a brotar y la temporada productiva se abrió «con buenas expectativas», según coincidieron los especialistas de la región.

El dato de fondo explica por qué el agro pesa tanto en la zona: el 60% de la economía de la Comarca Andina está vinculada a la actividad agropecuaria. «Hay algo muy particular que se da en la zona, que es la producción diversificada y a baja escala», explicó Farid Tello, ingeniero agrónomo y delegado del ministerio de Desarrollo Económico y Productivo de Río Negro en El Bolsón.

El lúpulo, motor de la zona

El cultivo que le dio identidad a El Bolsón es el lúpulo. La ciudad concentra el 70% de la producción nacional y cuenta con 130 hectáreas dedicadas a este cultivo, que demanda cerca de 16 mil jornales por año entre la brotación y la cosecha.

«Es una primavera auspiciosa para el cultivo. La ausencia de heladas y la bajísima incidencia de vientos son condiciones alentadoras», señaló Hernán Testa, ingeniero agrónomo y socio de Patagonia Lúpulos Andinos, una de las tres empresas que dominan la producción en la región andina.

La brotación arranca en agosto y después llega una instancia clave. «El momento de entutorado es una tarea crítica, que dura 8 o 9 semanas. En esta época duplicamos el personal», contó Testa. En ese proceso se colocan los hilos o tutores y se seleccionan los brotes: «Sólo un 15% quedan, los demás se eliminan». Alrededor de 50 familias de El Bolsón y Lago Puelo viven todo el año de la industria del lúpulo.

Frutas finas: el clima juega a favor y en contra

El segmento de las frutas finas tiene otra lógica: hay 270 productores en toda la Comarca Andina, en su mayoría pequeños y medianos. El mercado principal es el de los congelados, aunque también apuntan a la venta en fresco y a llevar turistas a las chacras.

«Con las temperaturas y la humedad los procesos biológicos están acelerados», explicó Andrea Cardozo, referente del INTA en El Bolsón. La especialista advirtió que, si las lluvias intensas continúan, «los productores van a tener que poner más esmero en la logística de la cosecha».

La frambuesa ocupa unas 115 hectáreas y rinde 920 mil kilos por temporada, repartidos entre 89 productores. A las cien familias que viven de este cultivo se suman unos 40 mil jornales transitorios al año. «Una de las principales limitantes es la cosecha, que genera problemas en el rinde», explicó Cardozo, que destacó que hacía unos cinco años que no se daba un fenómeno climático de este tipo. «Me llama la atención no sólo las lluvias sino las altas temperaturas», agregó.

El microclima de la zona ayuda: según la referente del INTA, El Bolsón y sus parajes cuentan con una «amortiguación del factor climático». Aun así, la rentabilidad preocupa. «Es un cultivo que requiere de mucha inversión inicial, entonces no hay un recambio rápido», señaló Cardozo, y apuntó contra la competencia externa: «Por la apertura de importaciones hay competencia con el mercado internacional. Estamos caros en dólares». Chile y México son los principales rivales del producto que entra desde Latinoamérica. «Esto genera complicaciones en la rentabilidad, porque los salarios aumentan y el precio de la fruta se mantiene».

La huerta que quiere crecer

En el rubro hortícola, el consumo interno se afianzó en la propia Comarca y también en Esquel, Bariloche y Villa La Angostura. «En El Bolsón tenemos dos productores convencionales, que tienen unas 25 hectáreas cada uno, que comercializan en grandes supermercados, y después productores pequeños que es el público general en horticultura», detalló Tello.

Unas 9 chacras producen verduras agroecológicas que se venden en ferias y por canales digitales a familias de toda la región. Una de ellas es Amarantus, de ocho hectáreas sobre el Camino de los Nogales. Su socio, el ingeniero agrónomo Ivan Arnica, contó que este año buscan subir la producción un 50%.

«La temporada pasada estuvimos abasteciendo a 600 familias entre todos los puntos de venta. Este año tenemos el objetivo de llegar a 900 familias, un 50% más de producción. No es por un aumento de superficie sino por una mejora de prácticas y de manejos agronómicos», explicó Arnica.

La chacra tiene dos grandes invernaderos, una sala de procesamiento de vegetales y un área de comercialización; el resto de la parcela se siembra al aire libre. Manejan cerca de 100 variedades dentro de 50 especies de hortalizas y este año se sumaron a las frutillas. «Solemos tener más demanda que la oferta que podemos conseguir, así que decidimos encararlo nosotros», contó el productor, uno de los fundadores de Amarantus junto a Conrado Tognetti.

Créditos para tecnificar

La Provincia de Río Negro ofrece líneas de financiamiento a través del ministerio de Desarrollo Económico y Productivo. «Este año desde la agencia hemos otorgado 23 créditos de valor agregado», afirmó Tello, y precisó que sirven para «adquirir cámaras de frío, insumos, máquinas, construir salas de elaboración, comprar equipos de riego, drones. Todo eso está dentro del paquete de tecnificación».

Arnica y su socio usaron una de esas líneas para comprar insumos, fertilizantes y sustratos para el arranque de temporada. «Un crédito con tasa del 15 o 16% es muy buena frente a la inflación del 30% interanual», señaló el delegado, y aclaró que la gestión es «online y autogestiva».

Chacras abiertas al turismo

Sobre el Camino de los Nogales las chacras se suceden a un lado y otro de la ruta, con puestos de venta de productos frescos o envasados. «Hay muy buena integración entre el turismo y la producción. Nos estamos vinculando con el área a nivel regional y potenciando esta actividad», afirmó Tello.

Tanto Amarantus como Patagonia Lúpulos Andinos reconocen que el agroturismo les interesa, aunque por ahora ocurre de manera informal. «Cuando viene alguien interesado lo recibimos. Tenemos el puesto de venta en la puerta de la chacra, y el huerto siempre está abierto», contó Arnica, que igual aclaró: «Es una idea que tenemos la de abrir un circuito de agroturismo, para recibir a la gente a que conozca», aunque hoy no es una actividad formal de la empresa.

Testa, en tanto, habló de «un turismo cervecero que llega a ver las plantaciones, que nos contacta y les abrimos las puertas». El productor reconoció una oportunidad: «Lo tenemos en agenda pero hoy no tenemos la infraestructura. Queremos ser parte de la ruta productiva».

Cardozo, que trabaja con productores de la Comarca desde 2007, aseguró que «toda la agroindustria de la frambuesa está muy vinculada al turismo. Ofrecen el servicio gastronómico más la chacra a puertas abiertas, con recorridos guiados y charlas». La secretaría de Turismo de El Bolsón ofrece la ruta productiva como propuesta para visitantes. «Es una experiencia que vincula la producción con el servicio y el paisaje», resumió Tello. Algunas chacras ya sumaron, junto a los invernáculos, un espacio para tomar mate y conversar con los visitantes.

La sombra del sobrestock de lúpulo

El clima acompaña, pero hay un frente que preocupa: la caída del consumo de cerveza golpea de lleno las ventas de lúpulo. «Están sobre stockeados de lúpulo», afirmó Testa, que le vende el 70% de su producción a una de las dos grandes compañías cerveceras del país. «Si bien vendemos a cervecerías artesanales en las 23 provincias, no representan más del 30% de los ingresos», explicó.

El especialista puso números a la caída: «En Argentina, el pico de consumo de cerveza se produjo en 2021 y el gran decrecimiento en 2024. Al día de hoy cayó alrededor de un 30%». Y cerró con una advertencia sobre el peso del cultivo en la zona: «El lúpulo es parte de nuestra identidad, y tiene un impacto muy grande para una economía tan chica».

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