Malvinas: el plan secreto que acelera el Gobierno con EE.UU. y enciende la mecha con China
La cadena nacional no fue solo un discurso: en la Casa Rosada ya hablan de un canal secreto con Washington. Lo que se cocina detrás de la estrategia por Malvinas...
La cadena nacional por Malvinas no fue solo un gesto simbólico. Detrás de escena, la Casa Rosada activó un tablero diplomático que busca consolidar la alianza con Washington y, al mismo tiempo, asumir una postura más dura frente a Beijing. En Balcarce 50 aseguran que el comentario de Donald Trump sobre la posibilidad de revisar la posición de su país respecto del archipiélago no cayó del cielo: venía siendo trabajado en silencio desde hacía meses.
“El comentario de Trump ocurrió en el marco de avances que ya estábamos haciendo”, expresan en el Ejecutivo, donde remarcan que el contenido del discurso fue manejado por un núcleo muy reducido alrededor de Javier Milei, Pablo Quirno y Santiago Caputo. Según confiaron en algunos despachos, la mayoría de los ministros recién se enteró de los detalles cuando el Presidente ya tenía todo preparado.
Qué busca la Casa Rosada con Estados Unidos
El objetivo ahora es traducir el alineamiento político en resultados concretos. La cooperación con la administración republicana se ampliará en varios frentes: comercio, tecnología, Defensa e infraestructura crítica. En las próximas semanas se espera la llegada de funcionarios estadounidenses para avanzar en conversaciones sobre telecomunicaciones y seguridad de proveedores, un tema que tomó relevancia tras las advertencias de Washington por Huawei y otras compañías chinas.
El Gobierno ya planea identificar redes, centros de datos y otras instalaciones como infraestructura crítica, y establecer requisitos de “proveedor confiable” para sistemas sensibles. La discusión se aceleró por la presencia de tecnología de Huawei en Neuquén y por las presiones de Estados Unidos para limitar el uso de equipamiento que considera riesgoso. La intención es avanzar en un marco general, no quedarse en una contratación puntual.
La relación con China, en el freezer
Este movimiento coincide con un deterioro político con Beijing. La Cancillería china convocó esta semana a la representación argentina por las declaraciones de Juan Carreira, director de Comunicación Digital de la Presidencia, que responsabilizó al Partido Comunista chino por la tragedia en Nepal. Hasta ahora, la Casa Rosada no prevé disculpas ni una comunicación formal para cerrar el tema. “Al momento, nada”, responden en Nación.
Tampoco hay fecha para el viaje a China que en algún momento se evaluó para Karina Milei, Quirno o Luis Caputo. El propio Milei no tiene previsto incluir Beijing en sus próximos destinos, una diferencia con los primeros dos años de gestión, cuando esa visita era una posibilidad concreta.
La agenda presidencial, enfocada en Washington
Milei concentrará su agenda en Estados Unidos: en septiembre viajará a Nueva York por la Asamblea General de la ONU, en octubre volverá para la gala del Mes de la Herencia Hispana en Washington y en diciembre participará de la cumbre del G20 en Miami. No hay confirmación de una visita a Mar-a-Lago, pero el Gobierno buscará maximizar los contactos con el entorno de Trump en esas tres giras.
Otro eje es la implementación del Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos firmado el 5 de febrero por Quirno y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer. Ese entendimiento contempla reducciones arancelarias, apertura de mercados y cooperación en energía, materiales críticos, infraestructura y tecnología. La visita a fines de agosto del representante comercial adjunto Jeff Goettman apuntó justamente a acelerar los compromisos pendientes.
Defensa y la Base de Ushuaia
La cooperación militar también está en la mira. La Casa Rosada quiere que Estados Unidos brinde asistencia técnica para la Base Naval Integrada de Ushuaia, con el objetivo de reforzar la presencia argentina en el Atlántico Sur y la logística antártica. Además, se analiza el encuadre legislativo del Escudo de las Américas, la alianza regional impulsada por Washington.
Ese acercamiento convive con una postura cada vez más dura frente a la presencia china en sectores estratégicos. El Gobierno ya frenó avances del radiotelescopio chino en San Juan, mantiene bajo revisión la estación espacial de Neuquén y estudia herramientas para limitar proveedores riesgosos en telecomunicaciones y energía. No se trata de una ruptura comercial con Beijing, que sigue siendo un socio principal, pero sí de un cambio en la disposición a absorber costos diplomáticos.
El factor interno: recuperar la iniciativa
El giro también tiene una lectura política local. En la Casa Rosada admiten que llegaron tarde a varias discusiones, como la caída de la reforma de la Ley de Tierras en el Senado. La cadena por Malvinas fue pensada, en parte, para recuperar la capacidad de instalar temas de cara a 2027. Desde la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete, reconocen que les costó centralizar el mensaje. “No hay muchas más sorpresas, pero algunas cartas nos quedan”, deslizaban en Nación.
La apuesta es convertir la relación con Estados Unidos en una de esas cartas y mostrar resultados antes de la campaña. Malvinas es el episodio de mayor impacto, pero la estrategia abarca comercio, tecnología, Defensa e infraestructura. La contracara será una relación más áspera con China: sin cortar lazos económicos, el Gobierno está dispuesto a acompañar la ofensiva de Washington contra Beijing.