Margarita dejó las aulas a los 77, pero lo que encontró en una carpeta vieja la cambió para siempre
Margarita Bessín dirigió un colegio durante 30 años. Cuando se jubiló, abrió una vieja carpeta verde que guardaba desde hacía décadas. Lo que encontró adentro la llevó por un camino que no esperaba.
Margarita Bessín dedicó 30 años a dirigir un colegio en Buenos Aires y hoy, a los 77, sigue activa: canta, escribe y pinta. La exdocente jujeña asegura que la jubilación no la frenó y que encontró en el arte una nueva forma de expresarse.
"No paro, ese es el lema", contó durante una entrevista en Arriba Jujuy al repasar cómo cambió su rutina después de dejar la docencia. Su vínculo con la educación, sin embargo, nunca se cortó: cuando la convocan, da talleres gratuitos de orientación vocacional y sigue de cerca los desafíos que atraviesa la profesión.
"Yo creo que los docentes hoy en día son héroes", expresó al referirse a las demandas que enfrentan los maestros en la actualidad.
Una vida marcada por la escritura
Aunque la educación ocupó el centro de su vida, la escritura estuvo siempre presente. "Yo escribí a lo largo de toda mi vida, siempre he escrito", contó Bessín. Muchos de esos textos están ligados a su profesión y a los estudiantes que pasaron por su camino: hay producciones dedicadas a niños, adolescentes y docentes, pero también a las Islas Malvinas y al Éxodo Jujeño.
Durante su etapa en Buenos Aires, donde fue directora de un colegio privado durante tres décadas, también desarrolló junto a Esther Pelufo un método de coaching educativo enfocado en la resolución de conflictos y el coaching ontológico.
De una vieja carpeta verde a los escenarios
La pandemia fue el punto de quiebre. Con menos actividad en su consultorio, Bessín abrió una carpeta que había guardado durante años. "Dije, bueno, abrí mi carpeta verde, vieja, repletísima de poemas", recordó.
En ese período conoció al músico Rafael Escudero y empezó a trabajar para ponerles música a sus poemas. Al mismo tiempo retomó la pintura. Autodidacta, decidió unir todas sus expresiones: cada una de sus zambas tiene también su propia pintura.
A los 77 años, la jubilación no significó dejar atrás lo construido. La educación sigue formando parte de su vida, pero ahora comparte espacio con las canciones, los poemas y los pinceles.