Más de 20 proyectos científicos salieron a la calle y dejaron que todos los toquen
Veinte proyectos, cuatro stands nuevos y una consigna que lo cambia todo: “Prohibido no tocar”. Lo que se llevaron los chicos de la plaza 9 de Julio, en la nota.
Más de 20 proyectos de investigación de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales (FCEQyN) se trasladaron desde el laboratorio hasta la plaza 9 de Julio de Posadas. La excusa fue la décima edición de la Kermés Científica, que durante la mañana y la tarde convocó a cientos de estudiantes y también al público general con una consigna que lo dice todo: “Prohibido no tocar”.
La propuesta buscó romper con la idea de la ciencia encerrada entre paredes. Según Alice Rambo, secretaria de Extensión y Vinculación Tecnológica de la FCEQyN, el evento “crece año a año” en convocatoria y en cantidad de stands: en esta oportunidad se sumaron cuatro nuevos.
El objetivo, explicó Rambo, es que “todos los proyectos de investigación salgan a la calle a mostrar al público” lo que se hace en el laboratorio, pero adaptando “ese conocimiento científico a un formato lúdico comprensible para que los estudiantes también conozcan y vean lo que se produce en las aulas de la universidad”.
Qué se podía encontrar en la kermés
La muestra incluyó stands dedicados a la biodiversidad animal y vegetal misionera, los hongos, la fabricación de papel, la observación microscópica y el estudio del ADN de células vegetales. También hubo un taller abierto para aprender maniobras de reanimación cardiopulmonar.
En todos los casos, la invitación era la misma: observar, tocar y experimentar con materiales, ejemplares conservados, maquetas y herramientas que viajaron desde el laboratorio hasta las manos de los visitantes.
Uno de los espacios más concurridos fue el del Laboratorio de Genética Evolutiva, donde se exhibió una colección biológica con anfibios, reptiles y pequeños mamíferos, incluidos roedores y murciélagos, además de réplicas a escala de sus esqueletos.
El investigador y licenciado en Genética Juan Boeris contó cómo reaccionan los chicos ante esos ejemplares: “En el caso de los anfibios y reptiles, ellos mueren por tocarlos, no sé por qué, pero les gusta mucho palparlos, con guantes que por supuesto les damos, y también pasa con los mamíferos, porque tenemos una colección de pieles”. Y agregó: “Sobre todo los más chiquitos, los más grandes por ahí sí se interesan un poco más sobre la diversidad y preguntan”.
Para Boeris, que la ciencia se aprenda de esa manera estimula “que los chicos se interesen y pierdan el miedo”.
Aprender con los sentidos
La docente e investigadora Alejandra Goncalves acompañó la jornada con un nuevo proyecto centrado en los frutos rojos regionales. Para ella, “es la mejor manera de aprender, esto de tomar contacto con los distintos sentidos”.
“Con la pitanga les decimos ‘estrujen la hoja y sientan el aroma’. Todo eso llega de otra manera y genera apertura a conocer. Llegan súper curiosos y la curiosidad también es parte de hacer ciencia”, afirmó.
Detrás de cada stand había un equipo de investigadores acompañando el momento de descubrimiento. Goncalves señaló que la kermés también es un aprendizaje para ellos, porque los obliga a contar en palabras simples qué hacen todos los días.
“La comunicación pública de la ciencia es algo necesario y que nos encanta. Es como abrir las puertas del laboratorio, llevar lo que hacemos a la plaza. Todos los científicos deberíamos poder comunicar en palabras simples y poder contar lo que hacemos, porque para valorar hay que conocer”, cerró la docente.
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