La Plaza de San Isidro se llenó de familias, alumnos y atletas para una carrera que ya quedó en la historia del colegio. Quiénes estuvieron detrás de la organización y qué distancia exigió la prueba competitiva, en la nota.
El Colegio Privado Nuestra Señora de Guadalupe hizo realidad un proyecto que llevaba años en carpeta y lo convirtió en una fiesta. Más de 550 personas se sumaron a la primera Prueba Atlética de la Familia Guadalupana, que se corrió en la Plaza de San Isidro, en Valle Viejo.
La convocatoria mezcló a alumnos, docentes, padres, familiares y deportistas de la zona. Todos compartieron una jornada pensada para el deporte, la integración y la vida en familia, según describieron desde la organización.
Una prueba para todas las edades
El formato incluyó varias categorías y distancias, de modo que pudieran participar desde los más chicos hasta los atletas que se midieron en la prueba competitiva de 8 kilómetros.
Detrás de la carrera hubo tres objetivos claros: fomentar la actividad física, afianzar los lazos familiares y reforzar el sentido de pertenencia a la comunidad educativa guadalupana.
Desde la organización se mostraron satisfechos por haber concretado una iniciativa muy esperada y agradecieron el compromiso y la predisposición de todas las personas e instituciones que la hicieron posible. También admitieron que, al tratarse de una primera experiencia, quedan cosas por ajustar para las próximas ediciones.
Los nombres detrás de la carrera
El reconocimiento especial fue para la representante legal, Blanca Monllau, y para los equipos directivos de los tres niveles, docentes, alumnos y familias.
La organización también destacó el acompañamiento de Gabriel Alberto Barrionuevo, Lucas Cisternas, Juan A. Silva y CATA Run; del profesor Mario Luis Galletti y los alumnos del ISEF; de Fabián Ponce, Ktamark Lak, Tomás Francisco Leiva y el personal de Tránsito; de Juan Marcelo Chavero y su equipo de Deportes; del Ministerio de Salud, la Dra. Johana Carrizo, el Dr. Dardo Soria, COPROCEDE y Adriano Chazarreta; y de Rufino Ibáñez, Guillermo Perna, Ariel Vergara y Mariano R. Brunello.
Para la comunidad guadalupana, la jornada dejó bastante más que una competencia: fue la concreción de un sueño colectivo y el punto de partida de una tradición que promete repetirse.