Más de 90 días sin cobrar y una fábrica fantasma: el desesperado grito de los trabajadores que nadie escuchaba
Llevan tres meses sin ver un peso y la fábrica está completamente detenida. Mientras los dueños desaparecen, los trabajadores al borde del colapso y las autoridades provinciales se preparan para una jugada judicial de alto riesgo. ¿Lograrán destrabar esta crisis antes de que sea irreversible?
Una crisis laboral y productiva de proporciones alarmantes mantiene en vilo a cientos de familias y paraliza una cuenca lechera clave. Trabajadores denuncian más de tres meses sin salarios, una producción totalmente detenida y una ausencia total de respuestas por parte de la empresa Lácteos Verónica, mientras las autoridades buscan desesperadamente una salida judicial.
La situación al interior de la planta de Lehmann es descrita como crítica. Florencia Antelo, esposa de un empleado, reveló en diálogo con De boca en boca (Radio 2) que los últimos depósitos salariales se realizaron en enero y no superaron los 50 mil pesos. “Hace 90 días que no se cobra”, afirmó con crudeza.
Pero el problema va más allá de los sueldos. Antelo detalló un escenario desolador: “Hoy en Verónica no hay ni un litro de leche, la fábrica está parada al 100%”. Incluso el sistema de fasones, mediante el cual la empresa procesaba materia prima de terceros, colapsó porque la firma no devuelve la producción a quienes aportan la leche, generando una cadena de deudas que se extiende por todo el circuito productivo.
¿Un mal manejo intencional?
Las acusaciones de los trabajadores apuntan directamente a la conducción de la empresa. “El conflicto no es por la situación económica del país ni del sector lácteo, que está creciendo. Pasa por un mal manejo y decisiones de los dueños”, sostuvo Antelo. Cuestionó especialmente que la firma intentara avanzar con un procedimiento preventivo de crisis para despedir a unos 200 trabajadores, medida que finalmente fue rechazada. “Los números de la empresa son positivos”, insistió, advirtiendo que ahora buscarían una reestructuración “por otras vías”.
Además, se denuncian graves irregularidades laborales: reducción unilateral de la jornada a cuatro horas, liquidación de sueldos sin depósito efectivo y una falta total de conducción en las plantas. “No hay responsables, los empleados van por su cuenta, cumplen horario pero no hay actividad”, describió Antelo, pintando un cuadro de caos administrativo.
La ausencia de los dueños, la familia Espiñeira, agrava la desesperación. “No se presentan a las audiencias, no hay ningún comunicado. Nadie explica qué va a pasar”, se quejó Antelo, y lanzó una advertencia escalofriante: “Hay gente al borde del colapso, con más de 30 años de antigüedad y cerca de jubilarse que hoy no sabe qué hacer”.
La respuesta política: una carrera contra el tiempo
Este miércoles, la Legislatura de Santa Fe fue escenario de una reunión clave. Con la participación de trabajadores de las tres plantas, intendentes, senadores, funcionarios provinciales y representantes del gremio Atilra, se buscó trazar una hoja de ruta para destrabar el conflicto.
Los empleados expusieron no solo la gravedad económica, sino el fuerte desgaste personal que atraviesan, exigiendo que la urgencia no quede sujeta a los lentos tiempos judiciales.
Como resultado, se acordó una estrategia de dos puntas: diálogo y acción legal. Se resolvió convocar formalmente a los dueños de la empresa para que den explicaciones y planteen una salida ordenada. Paralelamente, se impulsará la articulación de demandas judiciales conjuntas que incluyan a trabajadores, productores, proveedores y gobiernos locales, con el compromiso de la Provincia de agilizar los procesos.
Desde la Legislatura lanzaron una advertencia clara: de no mediar una respuesta de la empresa, podrían derivarse “consecuencias judiciales de gravedad”.
Un daño que trasciende la fábrica
El impacto económico de esta crisis ya es cuantificable y devastador. En la reunión se expuso que las pérdidas superan los 60 millones de dólares para productores lecheros y más de 14 mil millones de pesos para proveedores. La crisis afecta directamente a más de 700 familias.
En las localidades donde Lácteos Verónica tiene presencia, el efecto es inmediato y palpable. “Cuando el trabajador no cobra, no consume, y la rueda económica se detiene”, señalaron los presentes, describiendo un parate que se extiende por comercios y servicios de toda la región.
Ante este panorama desolador, hay un punto de unanimidad entre trabajadores, gremio, dirigentes políticos y actores de la producción: se necesita una definición urgente por parte de la empresa. En los próximos días se convocará a una nueva audiencia, en un escenario de tensión creciente donde la única demanda común es encontrar una salida que garantice los puestos de trabajo y reactive la producción antes de que sea demasiado tarde.