Matías Bagnato rompió el silencio: lo que nunca pudo contar de la masacre de Flores
Durante tres décadas guardó los videos de su familia sin poder verlos. Cuando por fin los digitalizó para la serie de Campanella, lo que apareció en pantalla lo dejó sin palabras.
Matías Bagnato tenía 16 años cuando perdió a toda su familia en una sola noche. Treinta años después, el único sobreviviente de la masacre de Flores vuelve a ponerse frente a cámara, esta vez para contar en primera persona cómo fue atravesar el horror, el duelo y las amenazas que siguieron. Lo hace en La masacre de Flores, la serie documental de tres episodios que se estrena el 22 de octubre en HBO Max.
Dirigida por Augusto Tejada y producida por 100 Bares, con Juan José Campanella entre sus productores ejecutivos, la producción combina testimonios y material de archivo para reconstruir el crimen y sus consecuencias a lo largo de las décadas.
Los videos que estuvieron guardados durante décadas
Bagnato conoce de memoria las imágenes con las que el país recuerda a su familia. Ahora quiso mostrar otras: las de sus padres y sus hermanos vivos, en movimiento, con sus propias voces. Videos caseros que no había podido digitalizar durante más de treinta años y que, gracias a la serie, volvió a ver.
“Yo lo tomo como un regalo tan grandioso: tener esta posibilidad de que todos vean la clase de familia que éramos”, dice en diálogo con LA NACION.
El 17 de febrero de 1994, un incendio provocado por Fructuoso Álvarez González en la casa familiar del barrio porteño de Flores mató a sus padres, José y Alicia; a sus hermanos, Fernando y Alejandro, y a Nicolás Borda, un amigo que se había quedado a dormir. Matías fue el único sobreviviente del ataque. Después llegaron los años de duelo, las nuevas amenazas y una búsqueda de protección que lo obligó a volver una y otra vez a los tribunales y a la televisión.
Por qué eligieron el documental y no la ficción
Campanella y Bagnato se conocen desde hace casi veinte años. El cineasta explicó por qué la historia se cuenta ahora: con la muerte de Fructuoso el caso se cerró. “Esta historia termina después de treinta años y se puede contar hasta el final”, señaló.
La duda era el formato. La ficción podía ofrecer escenas íntimas que nunca quedaron grabadas, pero para Campanella la realidad supera cualquier guion: “Esta historia supera tanto a cualquier cosa que la ficción pueda mostrar que hay situaciones que parecerían increíbles. Verla en la realidad, con sus protagonistas, tiene una potencia emocional mucho más fuerte y contundente”.
Como realizador, confesó que le cuesta aceptar a un villano sin matices. “Acá nos encontramos con una persona, Fructuoso, que para mí es el mal personificado, sin ningún tipo de justificación. Si fuera una ficción, podría provocar incredulidad”, afirmó. Y agregó: “Lo único que le falta es el bigote y que se lo retuerza”.
La abuela, el pilar de la supervivencia
En la charla aparece una y otra vez la abuela materna de Matías. La mujer con la que formó un equipo para atravesar lo que parecía imposible, la que lo sostuvo cuando era adolescente y a la que él acompañó cuando los papeles se invirtieron.
Campanella encuentra en ese vínculo algo que, asegura, le costaría creer si lo viera en una ficción. Bagnato prefiere quitarle cualquier rasgo extraordinario: “Yo no soy un superhéroe y la abuela tampoco”.
“Ver plasmados esos treinta años en tres capítulos me impactó mucho. Hasta yo mismo me hago esa pregunta. Veo esto y digo: ‘¿Cómo mierda hice para salir adelante, para tener una vida lo más normal posible?’. Sin dudas, sé la respuesta: lo logré por tener al lado a una persona como la abuela”, relata el sobreviviente.
Y suma: “Yo tenía dieciséis años, con todo lo que implica una edad tan particular en la vida de cualquier ser humano. Que me quitaran en una noche a toda mi familia, de la forma en que fue… Si no hubiera tenido esa contención increíble de mi abuela, hubiera sido muy difícil. Y después sumémosle todas esas trompadas que recibí durante tantos años por parte de la Justicia”.
El enojo con la vida y el trabajo de la abuela
Bagnato admite que se enojó con la vida y con Dios. “Sería un hipócrita si te dijera que no, porque creo que a cualquier persona en mi situación le pasa. El primer enojo lo tenés con la vida. Sobre todo por el tema de los chicos, que es tan difícil de asimilar y entender”, dice.
“¿Cómo puede ser que, si hay un Dios, pueda morir un nene de nueve años, uno de catorce, de esta forma? ¿Que el mal pueda llegar a tanto?”, se pregunta. Y vuelve a la abuela: “Fue ella la que me ayudó a no crecer con ese odio, esa bronca, ese resentimiento. Hizo un gran trabajo para correrme de ese lado y que pudiera empezar a valorar el amor de esa familia que la vida también me dio: mis amigos, mi pareja hoy. Tener tan presente la palabra amor hizo que hoy podamos hablar de un triunfo, a pesar de todo lo horrible que me tocó vivir”.
El lugar de las víctimas en la Justicia
Para Bagnato, el acompañamiento a las víctimas sigue siendo una deuda en la Argentina. “Siempre el ojo estuvo puesto en el victimario y no en la víctima. Y no es un dato menor que, dentro de un proceso penal, la única persona que no elige estar en ese lugar es la víctima”, plantea.
“Ninguna víctima quisiera pisar tribunales y tener a su ser querido en un cementerio. Es un cambio de paradigma. Hemos logrado un gran paso, que es la ley de víctimas, pero falta mucho”, sostiene. Y aclara que no habla de quitarle derechos al victimario ni desde la venganza: “Hablo de que la víctima, cuando se acerque a un juzgado, no sienta que le están haciendo un favor. Que no tenga que hacer lo que hice yo: mendigar para que la protejan, la cuiden o le den respuestas. Eso no puede pasar más en nuestro país”.
Dos extremos de la humanidad
Campanella anticipa qué se lleva el público de la serie. “Va a ver extremos de maldad, en el caso de Fructuoso, que uno no encuentra cotidianamente. Y extremos de resiliencia y de ansias de superar la bronca. Pienso en Mati, pero también en la abuela, que perdió a su hija incendiada. Son los dos extremos a los que puede llegar la humanidad. Y es absolutamente real: no es una película”.
Consultado sobre si la historia de Bagnato es de terror o de ternura, el cineasta responde: “Las dos cosas. Aunque no creo que la ternura fuera exactamente el arma que más usaba la abuela”. Bagnato lo corrige entre risas: “Todo lo contrario”.
“Era un sargento. Salió a fuerza de resiliencia y de resistencia, también a no caer en esa desesperación y en esa maldad. A no dejarse absorber por la toxicidad de este tipo. Imaginate el grado al que estuvieron sometidos Mati y la abuela. No caer en eso, no pedir nunca venganza, para mí es inspirador. Lo tengo que ver en serio: si lo veo en una película, no lo creo”, cierra Campanella.
Bagnato, en tanto, rescata el cambio de roles que atraviesa a todas las familias. “Esa templanza, esa fortaleza que tuvo la abuela cuando yo tenía dieciséis años… Después los roles se fueron invirtiendo. Esa abuela tan fuerte, en sus últimos días, lloraba todo el día, no tenía fuerzas, y yo era el mano dura en ese momento. A mí me gusta transmitir eso: yo no soy un superhéroe y la abuela tampoco. Creo que todos tenemos esa fuerza. Ojalá esta historia también sirva para que mucha gente pueda seguir adelante”.