Media sanción con sabor a derrota: el Gobierno cedió capítulos clave y dejó un tendal de detenidos
¿Qué tuvo que ceder el Gobierno para lograr la media sanción? Entre capítulos eliminados y una represión que dejó 26 detenidos, el costo político fue altísimo. Los detalles de una noche que marcó un antes y un después.
El oficialismo consiguió la media sanción de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, pero el costo fue altísimo: tuvo que ceder dos capítulos centrales, enfrentar un fuerte rechazo social y tolerar una represión que dejó al menos 26 detenidos. La votación, que se extendió hasta la madrugada del jueves, terminó con un ajustado 37 a 33 que dejó al descubierto las grietas internas del Gobierno.
¿Qué quedó del proyecto original?
Tras reescribir 18 borradores, el oficialismo resignó el capítulo cuatro, que modificaba la ley de Manejo del Fuego, para asegurarse los votos de sus aliados. Este recorte se sumó a la eliminación del capítulo tres, que eliminaba los límites a la extranjerización de la tierra, el núcleo de la iniciativa. La oposición había reclamado que el proyecto volviera a comisión, pero el debate siguió adelante y terminó con una aprobación de un proyecto reducido a dos puntos: los desalojos exprés y los nuevos requisitos para decidir una expropiación.
"Les quedó 'Invio'", ironizó el senador Mayans, en alusión al pomposo nombre que el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, le dio a la iniciativa. El oficialismo ya había intentado aprobarla en cuatro oportunidades, sin éxito, hasta el cuarto intermedio que pidió la jefa del bloque de senadores libertarios, Patricia Bullrich.
El factor Malvinas y la presión social
La sesión coincidió con el partido de la selección argentina frente a Inglaterra y la ya célebre bandera que desplegaron los jugadores. Aquel gesto despertó un sentimiento de reivindicación nacional que se extendió por todo el país y terminó potenciando el rechazo a un proyecto que profundiza la lógica de resignar recursos soberanos en busca de supuestas inversiones extranjeras, orientadas ya no a la producción sino a la compra de propiedades, empresas y tierras, junto con sus recursos naturales. Los senadores peronistas lucieron durante la sesión un pin con la leyenda "Las Malvinas son argentinas", en referencia a aquel gesto de la Scaloneta.
Desde el vamos, al oficialismo le costó mucho defender públicamente el proyecto. El lema "La Patria no se vende" que se viralizó en las redes y que hicieron propio varias figuras del espectáculo y del deporte -incluso algunos que suelen pronunciarse sobre temas de la política- resultó letal para las aspiraciones de la Casa Rosada. "Son los campeones del relato", se quejó en la previa el cordobés Luis Juez sobre la caracterización que hizo el peronismo. En verdad, el capítulo que eliminaba límites a la compra de tierras por extranjeros -luego aceptaron colocarle un 25%, que también fue rechazado- no dejaba mucho margen para otro tipo de interpretación.
Represión y violencia en el centro porteño
Este jueves no sólo hubo una multitud frente al Congreso, sino también manifestaciones de protesta en distintos puntos del país. Al peronismo le quedó el campo abierto para capitalizar esa oleada, pero sólo lo hizo en parte. Sus dificultades internas y la falta de una conducción definida le impidieron convertirse en una voz clara capaz de expresar ese rechazo. Los senadores lucieron un pin con la leyenda de las Malvinas, Bullrich se quejó que a ellos no les repartieron.
Al oficialismo le costó encontrar argumentos para defender el proyecto. La jefa de la bancada, Patricia Bullrich, ensayó una difusa reivindicación de la propiedad privada frente a los "ocupas", categoría en la que incluyó tanto a la dirigente social Milagro Sala como a los narcos de Rosario. Su intervención reprodujo el mismo esquema discursivo que los medios paraoficialistas intentaban instalar sobre lo que ocurría fuera del Congreso: ubicar al peronismo del lado del caos y la violencia, mientras el Gobierno aparecía como el encargado de restablecer el orden. Sin embargo, una vez más, fueron las fuerzas de seguridad las que desataron la violencia con una respuesta desproporcionada ante supuestas agresiones, en medio de las habituales sospechas sobre la presencia de infiltrados que arrojan piedras o incendian contenedores para justificar la represión. El operativo convirtió a buena parte del centro porteño en una verdadera zona de cacería.