Mendoza: los productores de uva llevaron sus números a la UNCuyo y la respuesta no fue la que esperaban

ACOVI llevó a la UNCuyo los números que golpean al sector: costos, financiamiento y una cosecha que proyecta 17% menos. La reunión terminó sin anuncios de crédito ni medidas concretas. ¿Qué queda para los productores?

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Mendoza: los productores de uva llevaron sus números a la UNCuyo y la respuesta no fue la que esperaban
Mendoza: los productores de uva llevaron sus números a la UNCuyo y la respuesta no fue la que esperaban

La vitivinicultura mendocina atraviesa un momento delicado y el cooperativismo se posiciona como una de las cartas para sostener a quienes trabajan la tierra. En ese contexto, la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI) trasladó sus inquietudes a las nuevas autoridades de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en un encuentro donde el asociativismo y el vínculo entre la academia y el sector productivo fueron ejes centrales.

La reunión reunió al presidente de ACOVI, Fabián Ruggeri, y al gerente de la entidad, Nicolás Vicchi, con la rectora de la UNCuyo, Adriana García, y el secretario general, Adolfo Cueto. También dijo presente Agostina Lencinas, gerente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR).

Del encuentro surgió un repaso de los convenios vigentes con distintas unidades académicas y la exploración de nuevas líneas de trabajo conjunto. Pero el aspecto económico concentró buena parte de la conversación: ACOVI puso sobre la mesa las dificultades que enfrentan los productores y la urgencia de avanzar en herramientas que mejoren sus condiciones de producción.

Un entramado con peso propio

El sistema cooperativo no es un actor menor dentro de la estructura vitivinícola de Mendoza. Un informe de impacto económico que ACOVI presentó en noviembre de 2025 calculó que genera $184.430 millones de valor agregado, nuclea a alrededor de 5.000 productores y sostiene más de 10.000 puestos de trabajo entre la producción primaria, la elaboración y el fraccionamiento.

Ese mismo estudio indicó que las cooperativas vinculadas a la entidad congregan a cerca de la mitad de los productores de uva de la provincia y trabajan unas 25.000 hectáreas de vid. Los datos surgen del relevamiento de la propia organización y permiten dimensionar el peso que le asigna al modelo asociativo dentro de la cadena.

La lógica cooperativa apunta a que los productores compartan servicios, incorporen tecnología, ganen eficiencia y accedan a condiciones comerciales que, de manera individual, serían más difíciles de conseguir. La integración entre la producción primaria y las etapas industriales también puede abrir la puerta a inversiones y mejorar la capacidad de negociación.

Sin embargo, ese modelo no resuelve por sí solo los problemas económicos de la actividad. Los resultados dependen de los costos, de los precios que recibe el productor, del acceso al financiamiento, de las condiciones del mercado y de la capacidad de comercialización.

La cosecha que viene, con menos volumen

A las dificultades económicas se suman los problemas productivos y climáticos. En marzo de 2026, ACOVI difundió una estimación que proyectó una caída del 17% en la producción de uva respecto de la temporada anterior. El cálculo se apoyó en el seguimiento de 179 parcelas representativas y atribuyó la merma a las heladas, la escasez de agua y las granizadas que se registraron en distintas zonas.

Una cosecha menor no se traduce automáticamente en mejores o peores ingresos: para cada productor el resultado también depende de los precios, los costos y las condiciones de comercialización. Pero la reducción del volumen puede complicar la planificación de las fincas y la continuidad de las actividades que dependen de la producción primaria.

Frente a ese panorama, ACOVI planteó en la UNCuyo la necesidad de avanzar en herramientas que ayuden a bajar costos, facilitar el acceso al financiamiento y generar acuerdos comerciales. Son demandas orientadas a mejorar la capacidad de respuesta de los productores en un contexto donde lo económico y lo climático se combinan.

Por ahora, el encuentro no se tradujo en el anuncio de nuevas líneas de crédito ni de medidas concretas. La posibilidad de trabajar junto a la universidad abre una vía de articulación institucional, aunque su alcance dependerá de las iniciativas que finalmente se definan.

Herramienta, no solución mágica

Ruggeri presentó durante la reunión las líneas de trabajo de ACOVI y expresó la intención de mantener la cooperación con la universidad. La rectora Adriana García, por su parte, subrayó la importancia del cooperativismo y del asociativismo para acompañar a los productores y atender las necesidades de las economías regionales.

El desafío pasa por convertir esa coincidencia en acciones útiles. La reducción de costos puede apoyarse en compras conjuntas y servicios compartidos; el acceso a tecnología, en inversiones que los productores puedan afrontar; y la mejora de la comercialización, en acuerdos que distribuyan mejor los riesgos y el valor generado a lo largo de la cadena.

La escala colectiva amplía las herramientas disponibles para los pequeños y medianos productores, aunque no reemplaza la necesidad de contar con mercados, financiamiento y condiciones económicas que permitan sostener la actividad.

Agua, energía y recambio generacional

La conversación también incluyó temas que van más allá de la rentabilidad inmediata de las fincas. Entre los puntos planteados aparecieron el acceso al agua y a la energía, los caminos rurales, la conectividad, el ordenamiento territorial, la participación de los jóvenes y la planificación sucesoria de las unidades productivas.

Estos asuntos están atados a la continuidad de la actividad en el territorio. La disponibilidad de servicios e infraestructura incide en los costos y en las chances de modernización, mientras que el arraigo y el recambio generacional condicionan quiénes podrán seguir trabajando las fincas en los próximos años.

En ese marco, el vínculo entre ACOVI y la UNCuyo puede servir para desarrollar iniciativas de capacitación, investigación y transferencia de conocimientos, siempre que se definan proyectos concretos y mecanismos para llevarlos al terreno productivo.

La crisis de la vitivinicultura mendocina plantea una discusión que no se agota en la cosecha de una temporada. El desafío es sostener a los productores, mejorar su capacidad de negociación y garantizar condiciones para que la actividad siga generando trabajo y movimiento económico en las comunidades rurales.

El cooperativismo ofrece una de las herramientas para abordar esos problemas. La cuestión pendiente es cómo convertir esa capacidad colectiva y la articulación institucional en mejoras verificables para quienes producen la uva.

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