Merlo: la oposición se junta para 2027 y ya hay una interna que asoma

No todos los que se sentaron a la mesa tienen la misma libertad para moverse: una tensión de fondo puede definir si el frente avanza o se rompe antes de nacer.

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Merlo: la oposición se junta para 2027 y ya hay una interna que asoma
Merlo: la oposición se junta para 2027 y ya hay una interna que asoma

Dirigentes del peronismo, el socialismo, el kirchnerismo y espacios locales se sentaron a la misma mesa para explorar un frente común de cara a 2027. La reunión, que tuvo lugar el domingo pasado, dejó en claro que hay voluntad de avanzar, pero también que las definiciones más difíciles todavía están pendientes: cómo elegir candidatos, sobre qué acuerdos sostenerlos y quién está realmente dispuesto a pelear por la Intendencia de Merlo, uno de los distritos más fuertes de la UCR en San Luis.

Del encuentro participaron Gastón Fonseca, dos veces concejal y con aspiraciones declaradas a la Intendencia; los concejales Lucía Miranda y el diputado provincial Walter Pollo, del PJ; Ana Laura Ferrarotti, del kirchnerismo; Mariano Stinga, referente del socialismo local; la exconcejal Virginia Morales, del peronismo, y Carlos Núñez, de Nuevo Encuentro. También hubo dirigentes y militantes de otros sectores.

Una ausencia que llamó la atención fue la de Gloria Petrino, exintendenta y exlegisladora provincial. Por su trayectoria y su pertenencia al peronismo, su no presencia no pasó desapercibida, aunque sería apresurado leerla como una definición política.

El encuentro también dejó un ruido inesperado: la difusión pública del mismo generó malestar entre algunos participantes, que hubieran preferido mantener la reserva de una conversación preliminar. Las quejas circularon por lo bajo, una señal de que todavía no hay acuerdos sólidos que mostrar sin cautela.

La candidatura

El primer desafío aparece apenas se disipa la coincidencia inicial: ¿quién quiere ser intendente y cómo se elegirá al cabeza de lista del eventual frente? La cuestión va más allá de los nombres. Una candidatura requiere vocación de poder, un proyecto de gobierno, estructura política y la convicción de que se puede competir de igual a igual contra un radicalismo que conoce el territorio como pocos.

Fonseca parte con una ventaja: ya dijo que quiere ser intendente y viene construyendo una estructura propia de alcance municipal. Pero eso no resuelve la discusión.

En Merlo hay un antecedente que vuelve a la memoria: en 2011, Gloria Petrino enfrentó una interna peronista que, lejos de debilitarla, le dio volumen político y la llevó a la Intendencia. Hoy no se ve una herramienta electoral similar para ordenar una coalición mucho más heterogénea.

En las conversaciones ya asomó la posibilidad de recurrir a encuestas, aunque se reconoce que son solo fotografías de un momento. Un dirigente puede no encabezar una medición y, sin embargo, tener condiciones para crecer en campaña. Si no hay una elección interna que ordene las candidaturas, el frente deberá inventar un método legítimo o esperar que surja una figura con consenso suficiente para evitar la disputa.

Dos lógicas

Hay otro obstáculo menos visible pero posiblemente más complejo: no todos los que se sentaron a conversar tienen la misma autonomía. El PJ depende de una estructura provincial y nacional, y sus dirigentes locales no pueden abstraerse de las alianzas que se definan en San Luis. La política provincial terminará colándose en una mesa que pretende discutir solo Merlo.

Otros sectores tienen más margen. El socialismo local tiene estructura propia, y Fonseca construyó una herramienta municipal. Para ellos es más fácil pensar primero en Merlo y después en el tablero provincial. Esa tensión será clave para la supervivencia del frente.

Mientras se habla de unidad en términos generales, las diferencias pueden administrarse. El problema llegará cuando haya que repartir poder: quién encabeza, quién va primero en la lista de concejales, quién resigna una candidatura y quién acepta acompañar a alguien de otra tradición política.

El peronismo, además, arrastra sus propias fracturas y derrotas. El llamado a la unidad que se escucha en San Luis todavía no borró las divisiones acumuladas. La experiencia merlina deberá demostrar cuánto puede aislarse de esa disputa y cuánto terminará condicionada por ella.

Los de afuera

La política de Merlo ya no pasa solo por los partidos. En los últimos años ganaron protagonismo organizaciones vecinales, ambientalistas y espacios asamblearios que intervinieron en discusiones sensibles de la ciudad. Algunos lograron torcer decisiones y abrir debates que parecían cerrados.

Esos sectores ejercen una suerte de auditoría política e ideológica. Observan al oficialismo, pero también pretenden marcarle límites a la oposición. Hasta ahora esa posición les dio una libertad que los partidos no tienen. El calendario electoral les planteará un dilema: quedarse afuera como fiscalizadores, sumarse a la construcción del frente o reclamar representación dentro de él.

Si deciden involucrarse, deberán aceptar reglas incómodas: negociar, ceder y convivir con diferencias. Porque una unidad capaz de ganar exige renunciar a una parte para construir algo mayor.

El momento

La oposición no eligió este momento al azar. La administración municipal atraviesa una situación financiera compleja. Las asistencias del Gobierno provincial, los cuestionamientos sobre el manejo de los recursos y las dificultades con compromisos municipales fueron erosionando la imagen de prolijidad que el oficialismo intenta sostener.

En ámbitos políticos y comerciales circula una versión más delicada: proveedores que presentaron cheques municipales en el Banco Supervielle y habrían encontrado falta de fondos, con pagos rechazados que sumarían millones. Las dificultades del oficialismo pueden abrir una oportunidad electoral, pero también podrían convertirse en la herencia de quien gane.

Quien aspire a gobernar desde 2027 deberá pensar no solo cómo llegar a la Municipalidad, sino qué hará al día siguiente. Si las cuentas siguen deteriorándose, el próximo intendente podría encontrarse con una administración aún más difícil. Un frente armado solo para derrotar al radicalismo puede reunir votos, pero difícilmente alcance para gobernar. Se necesita un acuerdo programático sobre prioridades, recursos, servicios y crecimiento urbano.

El bastión

Enfrente estará el radicalismo, y conviene recordarlo. Villa de Merlo fue históricamente uno de los territorios más sólidos de la UCR en San Luis. Gobernó la ciudad durante largos períodos y conserva estructura, militancia y conocimiento del territorio. Desde Merlo, el radicalismo proyectó dirigentes como Juan Álvarez Pinto, que después de gobernar la ciudad presidió la UCR provincial y hoy ocupa un ministerio. Un dato que ayuda a dimensionar la fortaleza del adversario.

Juntar peronistas, socialistas, kirchneristas, vecinalistas e independientes puede ser una señal política potente, pero la suma de siglas no produce por sí misma una mayoría electoral. La reunión del domingo abrió una hendija: personas que en la provincia pueden recorrer caminos diferentes aceptaron explorar la posibilidad de compartir uno en Merlo. La oposición ya consiguió algo que parecía difícil: encontrar una mesa donde sentarse. Ahora viene lo más complicado: construir confianza, acordar un programa y encontrar a alguien que no solo quiera encabezar una boleta, sino que esté dispuesto a disputar el poder y convencer a una mayoría de que puede gobernar.

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