Midachi vuelve a Rosario después de 43 años, pero esta vez es para decir adiós
43 años de risas, rutas y una amistad que sobrevivió a todo. Este sábado, Midachi vuelve a Rosario para una función que nadie quiere perderse: la última vez que Dady, Miguel y el Chino suban juntos a un escenario en la ciudad. ¿Qué los llevó a decir basta?
Dady Brieva, Miguel del Sel y el Chino Volpato se presentan este sábado a las 21 en el Metropolitano con un espectáculo de despedida. Será una de las últimas estaciones de una gira que empezó hace más de cuatro décadas y que, según anticiparon, tendría su cierre el 18 de diciembre en la Plaza de Toros de Colonia, Uruguay.
La relación de Midachi con Rosario viene de lejos, de antes de la fama. En los primeros años, cuando todavía eran tres santafesinos que recorrían peñas y fiestas, se instalaban en los estudios de Canal 3 y pasaban por De 12 a 14. Ese programa fue una constante: volvieron cada vez que pudieron, incluso cuando ya llenaban teatros en todo el país, para conversar, recordar anécdotas y anunciar una nueva visita.
La ciudad tampoco fue una parada menor en su carrera. En 2003 formó parte de la gira por los 20 años del grupo; en septiembre de 2006 hicieron tres funciones de Midachi en cinta en el club Provincial; y once años después regresaron con Midachi Kindon, con siete funciones en el Broadway y salas repletas. Ahora eligieron un escenario en el que nunca habían actuado juntos.
Cuando confirmaron la fecha, en marzo, en una entrevista con Telenoche, explicaron por qué Rosario no podía quedar afuera de la despedida: “Siempre nos abrieron los brazos”. Dady definió al público local con una sola palabra: “impresionante”.
“Nos merecíamos un final”
La idea de cerrar la historia había empezado a gestarse mucho antes. Miguel contó que en un asado en la casa del Chino se dieron cuenta de que nunca habían puesto el punto final como querían. “Nos merecíamos un final”, dijo a fines del año pasado. No querían que Midachi quedara detenido en algún punto del camino, sin una última función, sin la posibilidad de mirar al público y decir hasta acá llegamos. El proyecto se demoró por compromisos laborales y también por cuestiones de salud, pero finalmente tomó forma.
En una charla con Rosario3, los tres hablaron de lo que construyeron juntos, lejos de los premios y los récords. “Hemos compartido más tiempo nosotros juntos que con nuestras familias. Fueron 30 años, de miércoles a domingos, las 24 horas juntos”, recordaron. No fueron solo tres tipos que funcionaban arriba de un escenario: fueron tres hombres que durante años vivieron en la ruta, compartieron hoteles, camarines, comidas, viajes interminables, alegrías, peleas y reconciliaciones.
Por eso defienden el nombre con orgullo. “Siempre que nos quisieron bajar el precio nos ponían «el ex Midachi», y a nosotros nos enorgullece haber logrado tanto”, dijeron. Y en la misma charla, Miguel rompió cualquier solemnidad con una salida típica: “Yo la besé a Andrea del Boca siendo un Midachi”, lanzó Dady. El ida y vuelta sigue intacto: uno empieza, el otro interrumpe, el tercero remata. El Chino ya lo había dicho al anunciar esta vuelta: entre los tres sigue existiendo “una química bárbara”.
El Chino, la salud y una mirada distinta del tiempo
En medio de la despedida hay una historia que vuelve más sensible el presente del grupo. Este año, el Chino Volpato contó públicamente que atravesó un cáncer de próstata. En marzo, sentado en la mesa de Mirtha Legrand, explicó que había hecho un tratamiento de radioterapia durante una temporada teatral y que los controles posteriores habían dado buenos resultados. Meses después, en agosto, volvió a hablar de su salud y señaló que continuaba atravesando la enfermedad y con seguimiento médico.
Nunca eligió el dramatismo al referirse al tema; incluso sus compañeros encontraron en el humor una forma de acompañarlo. Sigue con controles y agradeciendo poder hacer lo que ama, pero escucharlo hablar de bajar el ritmo, de sus hijos, de sus nietos, de pescar, de viajar o de tener un fin de semana libre le agrega otra lectura a esta despedida. Después de 43 años hay cosas que empezaron a pesar: el cuerpo, las familias, el paso del tiempo y las ganas de disfrutar lo que durante décadas quedó relegado por una función.
El Chino también reconoció que ya no tienen la energía para sostener esas giras de jueves a domingo, y por eso esta vez eligieron menos ciudades y escenarios de mayor capacidad. Lo que viene después es otra vida que esperan con ansiedad: pescar, jugar al fútbol, viajar, estar con los hijos y los nietos, descansar y decidir qué hacer un fin de semana sin que una función determine todo.
Miguel, consultado sobre lo que le deja este recorrido, volvió a hablar de lo que pasó fuera del escenario: “Me deja años de alegría, poder haber mantenido a mi familia, que mis hijas se hayan criado bien y hayan podido estudiar”. Su balance no pasa solo por haber hecho reír a estadios completos, sino por haber podido vivir de eso y sostener una familia mientras lo hacía.
“Hacer esto se disfruta. Volver a la ruta con mis amigos y poder ver a la gente feliz. Tuvimos el don de hacer reír a multitudes”, resumieron. La frase pesa más ahora que en cualquier otro momento de su carrera, porque esta vez saben que cada ciudad que dejan atrás no será una más: será la última.
Orgullo y una fórmula que sigue funcionando
También están orgullosos de lo que dejan. Miguel los definió hace pocos días como una “combinación perfecta”, y el Chino habló de talento, honestidad y ganas. “Nunca aflojamos”, dijo al intentar explicar cuatro décadas juntos. Y agregó algo que se entiende mejor al verlos arriba de un escenario: “Nunca nos guardamos nada”.
Quizás por eso la despedida funciona. No suben a intentar demostrar que siguen siendo los mismos de hace 20 o 30 años, porque no lo son. El público tampoco es el mismo: hay espectadores que los conocieron de chicos, otros que fueron de jóvenes y hoy llegan con sus hijos. Lo que permanece es esa fórmula difícil de explicar que hace que Dady diga algo, Miguel lo lleve para otro lado y el Chino encuentre la manera de completar la escena.
Este sábado, a las 21, eso volverá a pasar en Rosario. Habrá personajes históricos, sketches, música, material nuevo y un recorrido por distintas etapas de estos 43 años. Pero por encima de todo habrá una última vez. El show forma parte de una gira cuyo cierre, según contaron ellos mismos, está previsto en principio para el 18 de diciembre en la Plaza de Toros de Colonia, Uruguay. Rosario será una de las últimas estaciones de ese recorrido.
Después seguirán Dady, Miguel y el Chino: radio, televisión, películas, proyectos individuales, viajes, fútbol, pesca, nietos y seguramente algún asado en el que vuelvan a recordar las mismas anécdotas. Lo que ya no habrá, si esta despedida es efectivamente la última, es otra gira de Midachi.
Durante más de 40 años llegaron a Rosario para hacer reír. Pasaron por distintos teatros, trajeron distintos espectáculos y encontraron del otro lado generaciones de rosarinos que los acompañaron. Esta vez vuelven a hacer lo mismo, con una diferencia enorme: todos saben que al final habrá que decir adiós.
Ellos dicen que tuvieron el don de hacer reír a multitudes. Este sábado, probablemente, también hagan llorar a unos cuantos. No de tristeza, de recuerdos, de tiempo. Y de entender que para poder despedir algo así, primero tuvo que haber una historia enorme como la que construyeron juntos.