Mil chicos, 25 delegaciones y una chamarrita que nació en Bovril: qué se vivió en la Fiesta del Gurí
Sociedad · Entre Ríos

Mil chicos, 25 delegaciones y una chamarrita que nació en Bovril: qué se vivió en la Fiesta del Gurí

Una nena de Bovril subió al escenario a cantar la chamarrita que escribió con sus compañeros. Lo que dijo sobre su ciudad y el gesto de su abuelo acordeonista que se robó los aplausos.

La Fiesta Nacional del Gurí Entrerriano celebró este viernes su 47ª edición en Bovril, departamento La Paz, con alrededor de mil niños de 25 delegaciones de distintos puntos de Entre Ríos. El encuentro, dedicado a la música, la danza y las expresiones artísticas, se desarrolló en el predio del Polideportivo Municipal, donde Elonce recorrió la jornada y dialogó con los protagonistas.

Durante la tarde, los participantes ultimaron detalles antes de subir al escenario, acompañados por familiares y docentes. Algunos reconocieron sus nervios; otros, las ganas de reencontrarse con amigos y de conocer chicos de otras localidades.

Una chamarrita escrita por los propios alumnos

La Escuela Santa Cruz de Bovril preparó una apertura con más de 90 estudiantes. La docente Valeria contó que los alumnos compusieron una chamarrita inspirada en su ciudad, sus costumbres y los espacios donde transcurre su infancia.

Maitena, una de las pequeñas compositoras, explicó cómo nació la canción: “Hablamos de Bovril, de la plaza, de que nos gusta la chamarrita y que escribimos nosotros a la canción”.

La niña se animó a cantar un fragmento: “Bovril es nuestra casa, en donde todos vivimos. Es grande y es pintoresca. Saludos a mis vecinos”. Y siguió: “La plaza es muy alegre. Todos podemos jugar. Me encuentro con mis amigos. Vamos a disfrutar”.

Valeria puso el acento en el esfuerzo colectivo detrás de la presentación: “Es un trabajo muy grande, pero a la vez satisfactorio por todo el esfuerzo de los padres y de los chicos, porque ellos disfrutan”.

Teo, el acordeonista que aprendió con su abuelo

Otra de las historias de la jornada fue la de Teo Benjamín Barreto González, de 11 años, que llegó junto a sus abuelos Graciela y Roberto para representar a Sir Leonard en la categoría de acordeón de dos hileras.

El pequeño contó que empezó a aprender a los nueve, impulsado por su abuelo, que tocaba distintos instrumentos. Sobre lo que siente al tocar, dijo: “Mucha felicidad para mí. Me encanta”.

Su abuelo recordó el inicio de ese vínculo: “Fue una sorpresa porque a los tres meses ya tocó en una peña. Aprendió muy rápido y llegó un momento en que se me escapó de las manos, así que lo mandé con una profesora, Candelaria Coronel, para que siguiera aprendiendo”.

Danzas, bombo y ganas de subir al escenario

Valentino y Uma, de la delegación de Hernández, esperaban su turno para la presentación de danzas folclóricas. Contaron que ensayaron durante mucho tiempo y que lo que más disfrutan es el encuentro con chicos de otras localidades. Consultado sobre lo que más le gusta del festival, uno de ellos respondió: “La diversión, poder conocer a otras personas y pasarla bien”. Ambos ya habían participado en ediciones anteriores.

Astrid, en cambio, mostró su destreza con el bombo y contó que era su primera vez en el encuentro: “Es muy lindo todo y me gusta conocer muchas personas y nuevos amigos”, expresó.

Desde Piedras Blancas llegaron varias niñas que compitieron en distintas disciplinas. María Paz se preparó para una presentación de danza árabe con abanicos y también practica danza española. Otra pequeña bailarina, de 11 años, contó que hace danza española desde los cinco y que ensayó intensamente su coreografía. Sobre lo que significa para ella, dijo: “Es mucha pasión para mí”. Reconoció que sentía nervios antes de salir a escena, pero destacó lo que más disfruta del festival: “Bailar, porque me gusta mucho que me miren y me aplaudan”.

Abuelos que volvieron con sus nietos

La celebración reunió a abuelos que habían acompañado a sus hijos en ediciones anteriores y que ahora regresaron con sus nietos. Abel, de Crespo, fue para acompañar a su nieta de ocho años.

“Es espectacular. Hace muchos años que digo lo mismo: ojalá se practicara en otras provincias, porque esto hace que se integren chicos de distintas ciudades y pueblos. Nuestra provincia tiene tantos pueblitos chiquitos que no los conoce nadie y, sin embargo, acá nos reconocemos todos”, destacó.

Isabel, vecina de Bovril y colaboradora histórica de la cocina del festival, pudo disfrutar este año de las presentaciones de su nieto. Recordó que varias generaciones de su familia participaron del encuentro y subrayó la importancia que la celebración tiene para la comunidad.

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