Milei convierte a Malvinas en su nuevo caballito de batalla: las contradicciones que lo persiguen

El Presidente cambió de eje y ahora abraza la causa Malvinas. Pero su pasado like a Thatcher y las leyes que ya existían lo ponen en una encrucijada. Mientras, en Misiones, la política se reconfigura y los productores yerbateros esperan respuestas.

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Milei convierte a Malvinas en su nuevo caballito de batalla: las contradicciones que lo persiguen
Milei convierte a Malvinas en su nuevo caballito de batalla: las contradicciones que lo persiguen

Javier Milei encontró en la causa Malvinas el eje discursivo que necesitaba para volver a manejar la agenda pública, descolocar a la oposición y dejar en segundo plano los temas de la economía cotidiana que más le duelen. Pero el giro en su postura sobre las islas dejó al descubierto contradicciones que le restan credibilidad, un capital difícil de recuperar. Y la posible injerencia de Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, suma suspicacias a un tablero ya de por sí complejo.

El admirador confeso de Margaret Thatcher, que hasta hace poco defendía la autodeterminación de los kelpers, anunció en cadena nacional un cambio drástico: ahora los considera una población implantada por una potencia extranjera que ocupa ilegalmente territorio argentino. Milei ya no sueña con que los isleños “nos elijan con los pies” y prometió sanciones a empresas que operen en la zona sin aval del Gobierno nacional.

El problema es que esas leyes que anunció ya existen, algunas desde hace más de veinte años. De hecho, las gestiones de Cristina Kirchner y Mauricio Macri las usaron para actuar contra petroleras como Rockhopper, Premier Oil, Borders & Southern, FOGL, Argos y Navitas. El gobierno libertario, en cambio, miró de costado los planes de inversión de Navitas y Rockhopper y hasta favoreció con el RIGI a proyectos con participación de Harbour Energy, la heredera de Premier Oil.

Qué hay detrás del interés de Trump

El otro argumento que esgrime Milei es el posible cambio de postura de Estados Unidos. Históricamente, Washington se mantuvo neutral en el conflicto, lo que en la práctica siempre benefició al Reino Unido. Pero en las últimas semanas corrió el rumor de que Trump podría revisar esa posición para presionar a los británicos a que aumenten su gasto militar y acompañen sus aventuras en Medio Oriente.

El propio Trump alimentó las especulaciones con una respuesta ambigua: “Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, dijo. El contexto es un reordenamiento de los intereses estratégicos de EE. UU. hacia el eje Norte-Sur, con especial atención al control de los pasos interocéanicos: el Mar del Norte (por eso Groenlandia), el canal de Panamá y el Estrecho de Magallanes.

Difícil que, si ese cambio se concreta, el favor le salga gratis a la Argentina.

Un giro que también es agenda

Más allá de la diplomacia, el impacto mediático fue inmediato. Milei le sumó a su discurso un costado nacionalista que hasta la semana pasada era su punto más flojo. Quedó en evidencia durante la euforia mundialista, cuando cuestionó con un tuit los gestos patrióticos de los jugadores tras el triunfo sobre Inglaterra. Y también cuando su gobierno impulsó la ley para eliminar restricciones a la compra de tierras por extranjeros, mientras el canciller Pablo Quirno tildaba de “anticuado” el concepto de soberanía.

Con la cadena nacional del jueves, el Presidente no solo cambió el eje: corrió el foco de la economía diaria, donde su gestión no muestra resultados a la altura de las expectativas. Cuando se habla de empleo, salario o consumo, la narrativa oficial pierde fuerza. En cambio, el histrionismo de Milei rinde mejor contra enemigos como el kirchnerismo.

Pero instalar Malvinas en la agenda requerirá más que anuncios: harán falta resultados concretos. En su breve paso por Misiones, Milei descartó medidas heterodoxas para reactivar el consumo o aliviar a los endeudados, y ratificó que el ajuste monetario se profundizará hasta que la inflación “desaparezca”.

La yerba, en el centro de la polémica

La primera visita de Milei a Misiones como presidente duró unas horas en Puerto Iguazú, donde cerró la convención anual del IAEF. Hasta allí llegaron también productores yerbateros para reclamar por la crisis del sector. Para ellos, la desregulación impulsada por el Gobierno derrumbó el precio de la hoja verde y destruyó la rentabilidad del pequeño colono.

El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, presente en el encuentro, defendió la medida: “La regulación llevó a la yerba a precios que superaban su valor de mercado y eso frenaba el crecimiento del negocio global”. Para el funcionario, la desregulación “sinceró” el precio y favoreció las exportaciones.

“No hay ningún motivo por el cual la industria yerbatera le pueda brindar yerba al 96% a las familias argentinas y no pueda hacer lo mismo en todo el resto del mundo con el producto espectacular que tiene, ¿no? Entonces me parece que tenemos que poner el foco en ese crecimiento y no necesariamente en poner, en Argentina, un precio que la yerba no tiene”, argumentó. Y fue tajante sobre la asistencia a los eslabones débiles: “Todas las industrias tienen sus distintos eslabones y sus distintos participantes, y eso genera un precio que es el que está en el mercado”.

Del lado oficial, que la hoja verde esté barata no es una mala noticia: los precios en las góndolas son hoy relativamente más bajos que hace tres años y eso también impulsa la exportación. Los productores misioneros son, en ese esquema, parte de los “sacrificios necesarios para la transformación de la economía” de los que hablan funcionarios y referentes del círculo rojo, como Mario Grinman. Aunque todavía no está claro el destino final de la economía, lo que sí se ve es que los costos no los paga ninguna casta.

La nueva política en Misiones

Con la fractura de la Renovación y el ocaso de Carlos Rovira, la política misionera entró en una nueva etapa. El poder dejó de concentrarse en una sola persona y la estructura provincial empezó a tomar una forma más republicana. Demandas que antes quedaban obturadas ahora encuentran cauce: se suspendió la aduana paralela y los cobros compulsivos de IIBB a transferencias y billeteras virtuales, y en la Legislatura se habilitó la revisión de la ley que buscaba prohibir el glifosato, algo que entidades como AFOA, FARM, CEM, la Sociedad Rural y APICOFOM venían reclamando.

En el Congreso, los diputados misioneros del bloque Argentina Federal, que preside Oscar Herrera Ahuad, ya no acompañan automáticamente al Gobierno nacional. Su voto fue clave para forzar el debate sobre el endeudamiento de las familias y la prórroga de la ley de discapacidad. Y la reducción del IVA para la fécula de mandioca consiguió media sanción. Pero el gobernador Passalacqua tiene un límite: administrar la provincia en un contexto de caída de recursos nacionales y propios.

El tablero hacia 2027

El viernes, los libertarios celebraron la primera visita de Milei a Misiones con un acto en Iguazú que reunió a más de 800 personas, con Karina Milei, Martín Menem, Adrián Núñez y Diego Hartfield. El partido avanza en la construcción territorial para llegar a 2027 con oferta propia en la mayoría de los municipios, aunque Núñez no descarta alianzas: hay conversaciones con el PRO de Martín Goerling y sectores de la UCR.

“Si las distintas fuerzas políticas que piensen parecido no son capaces de construir una alternativa en una alianza o frente, va a ser muy difícil ganarle al oficialismo”, admitió. Pero puso un límite claro: no hablará con Carlos Rovira ni con Encuentro Misionero. Con Ramón Amarilla hubo diálogos solo por agenda legislativa, no por candidaturas.

Hoy, la carrera hacia 2027 tiene dos competidores: el oficialista Movimiento por lo que Viene y La Libertad Avanza. El PRO y la UCR, más atrás, evalúan si sumarse a los libertarios o ir solos. Encuentro Misionero no aparece con chances reales, pero conserva poder de daño: en el oficialismo temen que Rovira guarde “el abrazo del oso” como despedida, y no descartan que algún interés libertario esté operando para eso. Amarilla sigue siendo una incógnita: tiene apoyo popular, pero le falta estructura y su proyecto, por ahora, se limita a prometer mejores salarios.

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