Milei es el pasado: la economía que repite deuda, ajuste y FMI
El plan económico del Gobierno repite el esquema de la dictadura, el menemismo y Macri: deuda, ajuste y FMI. La estabilidad del dólar y la baja de la inflación esconden un costo que ya se pagó antes.
El Gobierno insiste en que su programa económico es una novedad, pero el esquema que aplica repite punto por punto el menú de la dictadura, el menemismo y la gestión de Mauricio Macri. La pregunta "¿querés volver al pasado?" funciona como una trampa: mientras la derecha se presenta como el futuro, sus políticas de ajuste, endeudamiento y apertura importadora ya demostraron su fracaso en la Argentina.
La mayor victoria cultural de la derecha fue sacar del debate sus reiterados fracasos económicos. Cada experiencia conservadora se vende como una novedad, aunque repita las mismas recetas y provoque consecuencias sociales similares. En paralelo, los gobiernos que mejoraron los ingresos, ampliaron derechos y recuperaron empleo son etiquetados como "el pasado" al que no hay que regresar.
La repetición del fracaso
El núcleo de la política liberal-libertaria no ofrece ninguna innovación. Remite a los proyectos de la última dictadura, el menemismo y Macri: apertura importadora, valorización financiera, atraso cambiario, endeudamiento externo, pérdida de capacidades industriales y deterioro de los ingresos. La derecha representa el peor pasado y se presenta como el mejor futuro. Milei reproduce esa matriz con retórica agresiva y un ajuste a mayor velocidad.
La modernización de la desindustrialización
La apertura comercial se vende como una estrategia para aumentar la competencia y beneficiar a los consumidores. Pero combinada con atraso cambiario y caída de la demanda interna, el resultado es la destrucción de la economía real. La desindustrialización no es solo el cierre de fábricas: implica abandonar conocimientos, proveedores, redes de innovación y capacidades tecnológicas. Milei presenta esa destrucción como modernización. Ocurrió durante la dictadura, en los '90, con Macri y reaparece ahora.
El regreso de la deuda y el FMI
La propaganda libertaria insiste en que el gobierno no toma deuda porque exhibe superávit fiscal. El nuevo acuerdo con el FMI y la acumulación de compromisos financieros lo desmienten. El organismo no es un observador neutral: audita cuentas, establece metas, reclama reformas y condiciona la política cambiaria, monetaria y fiscal. El país concentra una porción extraordinaria de la cartera del Fondo y afronta vencimientos exigentes. Milei profundiza esa dependencia y convierte cada elogio del FMI en una certificación de calidad.
La secuencia de la bicicleta financiera es conocida: ingresan capitales especulativos y préstamos para sostener la estabilidad cambiaria; luego, al obtener una renta extraordinaria en dólares, esos capitales se retiran y dejan un cronograma de vencimientos. La economía queda condicionada por obligaciones crecientes hasta que la deuda se convierte en la fuente principal de la crisis.
El espejismo del dólar
La estabilidad cambiaria es uno de los argumentos más eficaces. La sociedad valora que el dólar no aumente todos los días, y la memoria de las devaluaciones le da potencia política. Pero la clave es cómo se alcanza esa estabilidad y cuánto puede sostenerse. El esquema actual descansa en el atraso cambiario, el ingreso de deuda, los desembolsos del FMI, el blanqueo rebautizado "Inocencia Fiscal" y las privatizaciones. Se usan ingresos extraordinarios, que ocurren una sola vez, para sostener una paridad atrasada.
La estabilidad no revela fortaleza: posterga el desequilibrio. Se acumulan obligaciones financieras y se entrega patrimonio estatal para sostener un dólar barato que debilita la producción nacional y estimula la demanda de divisas. La convertibilidad ofreció durante años la certeza de que un peso valía un dólar; cuando los recursos se agotaron, estalló una crisis devastadora. Macri volvió a usar deuda para contener el dólar y terminó en la corrida de 2018 y el préstamo más grande en la historia del FMI.
Los gobiernos kirchneristas enfrentaron restricciones externas y aplicaron controles cambiarios. Esas regulaciones pueden haber tenido errores, pero respondían a un problema real: cuando la economía no genera los dólares suficientes para importaciones, turismo, ahorro, remisión de utilidades y vencimientos, debe administrar divisas, endeudarse o devaluar. La regulación hace visible la restricción y provoca rechazo; la deuda la oculta hasta que llega el momento de pagarla.
La inflación contenida
La baja de la inflación es el otro gran éxito que presenta el Gobierno. Pero no puede analizarse aislada del derrumbe inicial de salarios e ingresos de los jubilados. Los precios aumentan menos porque millones de personas compran menos, porque las empresas no trasladan todos sus costos y porque el dólar funciona como ancla. Es una inflación reprimida por ingresos devastados, consumo deprimido y atraso cambiario. En los '90 se logró una estabilidad similar con la misma receta.
No se trata de desconocer el daño de la inflación alta, sino de discutir cómo se reduce y quién paga. No es lo mismo hacerlo con salarios en recuperación e inversión productiva que mediante recesión, pérdida de ingresos y endeudamiento externo.
La construcción del olvido selectivo
El éxito de la narrativa conservadora también se explica por la colaboración, culposa o cómplice, de dirigentes de experiencias populares. Algunos aceptan el balance histórico escrito por el mundo conservador, piden disculpas por políticas que mejoraron la vida de las mayorías y renuncian al debate sobre "el pasado". Es insólito que se acepte que el deterioro argentino comenzó con los gobiernos que recuperaron salarios, empleo y producción, mientras se absuelve a quienes endeudaron, ajustaron y desindustrializaron el país.
La derecha consiguió apropiarse de la palabra "futuro". Esa victoria cultural permite que cada ciclo conservador empiece sin hacerse cargo del desastre anterior. La economía liberal-libertaria no conduce a un territorio desconocido: se sabe cuál será el desenlace. Cuando Milei o las figuras que el poder económico propone preguntan si la sociedad quiere volver al pasado, hay que interpelar de cuál hablan. Porque el pasado más doloroso para la mayoría es el que Milei presenta hoy como futuro.