Milei recorta impuestos a los más ricos mientras el consumo se derrumba: ¿quién paga la cuenta?
Milei recorta impuestos a los sectores más ricos mientras el consumo se hunde y el IVA cae por la pérdida de poder adquisitivo. ¿Quién termina pagando la cuenta del ajuste?
El presidente Javier Milei predica austeridad fiscal para justificar vetos a jubilados y trabajadores, pero al mismo tiempo reduce impuestos a los sectores más concentrados de la economía. Un informe del IARAF revela que la presión tributaria caerá al 20,8% del PIB en 2026, el nivel más bajo en 20 años, pero la baja no es pareja: beneficia sobre todo al comercio exterior y al capital, mientras el IVA se hunde por la pérdida de poder adquisitivo de las familias.
El doble discurso del ajuste
Milei exige un tributo nuevo o un recurso que compense cada vez que el Congreso aprueba una mejora para jubilados o trabajadores, y luego la veta. Sin embargo, reduce impuestos a sectores privilegiados sin pedir nada a cambio. La política tributaria del Gobierno sostiene que bajar impuestos impulsará la inversión privada, pero las cuentas públicas muestran una caída de recursos que no se compensa con crecimiento económico ni consumo.
¿Quiénes ganan y quiénes pierden?
Según el IARAF, entre 2023 y 2026 la presión tributaria efectiva bajará 1,8 puntos del PIB. Las mayores pérdidas vienen del IVA (-0,83 puntos), la desaparición del Impuesto PAIS (-0,79 puntos) y la reducción de Bienes Personales y derechos de exportación. En cambio, solo suben el impuesto a los combustibles y los aportes a la seguridad social, que apenas compensan una parte.
El IVA, el impuesto más regresivo, cae porque el consumo se desploma por la caída del poder adquisitivo, no por una rebaja de alícuota. Mientras tanto, los impuestos al comercio exterior se reducen 0,94 puntos del PIB, explicando el 52% de toda la baja neta. El 70% de esa disminución corresponde a la baja de retenciones a exportadores.
El comercio exterior, el gran beneficiado
La presión tributaria sobre el comercio exterior pasará de 2,29% del PIB en 2023 a 1,34% en 2026. Si se compara con 2022 (sin sequía), la caída es de 1,85 puntos. El Gobierno argumenta que así mejora la competitividad, pero la contracara es un ajuste feroz sobre jubilaciones, salarios, obra pública, universidades y salud.
El impuesto a los combustibles sube de 0,27% a 0,64% del PIB, el mayor incremento relativo, por la actualización de impuestos congelados. Así, mientras se alivian las cargas a los exportadores, aumentan los costos logísticos y de transporte que pagan todos los argentinos.