Misiones en alerta: los arroyos que crecen en horas y la advertencia de Protección Civil

Enrique “Kike” Parra comparó dos temporales recientes y el número lo dejó pensando: menos familias afectadas, pero el doble de municipios. Qué dijo sobre los arroyos que crecen en horas y por qué el río Uruguay sigue siendo la zona roja.

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Misiones en alerta: los arroyos que crecen en horas y la advertencia de Protección Civil
Misiones en alerta: los arroyos que crecen en horas y la advertencia de Protección Civil

Los temporales recientes en Misiones dejaron una marca distinta a la de otros episodios: menos familias afectadas, pero muchos más municipios alcanzados. Para Protección Civil, ese cambio revela que la emergencia se está corriendo de lugar y que ya no se trata de un golpe concentrado, sino de un problema que se reparte por todo el territorio.

El subsecretario de Protección Civil, Enrique “Kike” Parra, comparó dos de los últimos eventos relevados por el organismo en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones. En uno se contabilizaron alrededor de 500 familias afectadas en 12 municipios; en el más reciente, el número bajó a unas 250 familias, pero repartidas en 20 municipios.

“Significa que la emergencia se extendió, que el mal tiempo y las tormentas se extendieron”, explicó el funcionario. Y agregó que las últimas lluvias resultaron menos graves porque no estuvieron acompañadas por viento fuerte ni granizo, la combinación que suele multiplicar los daños sobre viviendas, tendidos eléctricos, árboles y caminos.

Parra sostuvo que este proceso recién empieza a hacerse tangible para buena parte de la población. Fenómenos como El Niño suelen percibirse como algo lejano hasta que alteran la vida cotidiana. “A todo el mundo nos va a afectar”, advirtió, aunque de manera diferente para un trabajador urbano, un productor con una chacra o los equipos de emergencia. Y lanzó una frase que resume su mirada: “Creo que todavía no llegamos al ‘para tanto’. Estamos en proceso”.

Arroyos que suben y bajan en cuestión de horas

Los últimos días dejaron ver con claridad uno de los desafíos que más preocupa a los equipos de emergencia: la velocidad con la que reaccionan los arroyos después de lluvias intensas. En Andresito, ocho familias debieron abandonar preventivamente sus viviendas por el crecimiento de un curso de agua, y en Wanda se registró otra evacuación. No hubo, según el relevamiento disponible al momento de la entrevista, evacuaciones masivas en ninguna localidad.

La particularidad está en los tiempos. Un arroyo puede crecer rápidamente tras precipitaciones de 70, 80 o 90 milímetros y forzar decisiones casi sobre la marcha, pero también puede bajar pocas horas después. En Andresito, las familias fueron trasladadas a casas de familiares y, aunque el nivel ya había descendido a la mañana siguiente, todavía no habían regresado por una decisión preventiva.

“Los arroyos suben muy rápido y bajan muy rápido”, diferenció Parra. Los grandes ríos, en cambio, suelen dar más margen para anticipar una crecida y organizar una evacuación, aunque una vez que salen de su cauce tardan bastante más en volver a la normalidad.

Esa diferencia explica por qué Protección Civil insiste tanto en la respuesta municipal. Cuando un arroyo puede desbordarse dos o tres horas después de una lluvia intensa, la información útil para una familia no es solo la alerta meteorológica general, sino saber cuánto llovió en su localidad, cómo está reaccionando el curso de agua cercano y en qué momento debe dejar su casa.

En Andresito, Bomberos utiliza grupos de WhatsApp para mantener informados a los vecinos sobre la evolución de determinados arroyos. Esa proximidad es clave porque desde Posadas es imposible seguir con la misma precisión lo que ocurre en cada municipio. Por eso Parra recomendó a quienes viven en zonas inundables seguir la información oficial de su propio municipio y actuar antes de que llegue el agua.

“No le tenemos que decir al vecino de cada pueblo que mire lo que dice el Servicio Meteorológico Nacional, porque eso lo mira el municipio, lo miramos nosotros y se lo informamos al municipio”, planteó. La persona que vive en una zona vulnerable debe estar atenta a los canales locales, porque son los equipos municipales, Bomberos u otros organismos territoriales los que pueden advertir que determinada cantidad de lluvia hará crecer un arroyo en las horas siguientes. Anticiparse no solo reduce el riesgo para las personas: también permite evacuar con tiempo para proteger pertenencias.

El río Uruguay, la “zona roja” de Misiones

Aunque las evacuaciones recientes estuvieron ligadas a los arroyos, Protección Civil no pierde de vista las grandes cuencas. Para Parra, el sector de mayor riesgo en Misiones sigue siendo el río Uruguay. “El río Uruguay es nuestra zona roja”, afirmó, y mencionó especialmente a El Soberbio, Alba Posse, Panambí y San Javier, donde hay más familias asentadas en zonas ribereñas y una crecida importante puede obligar a movilizar a mucha gente.

El Paraná, en cambio, tiene otra dinámica. La existencia de represas y mecanismos de regulación permite manejar parte de los aumentos de caudal, por lo que la cantidad de familias potencialmente afectadas tiende a ser menor. Pero Parra aclaró que una crecida del Paraná puede darse incluso sin lluvias intensas en Misiones, porque el agua también llega desde Brasil, aguas arriba.

Ese era el escenario al momento de la entrevista: lluvias abundantes pero sin tormentas severas en la provincia, mientras el Paraná crecía por precipitaciones registradas fuera de Misiones. Parra mencionó afectaciones y cortes en sectores de Iguazú, Eldorado, Montecarlo y Puerto Rico, y señaló que el Uruguay también mostraba crecimiento, aunque con un comportamiento relativamente tranquilo.

La situación obliga a mirar más allá del cielo de cada localidad. Lo que pasa a cientos de kilómetros aguas arriba también puede modificar el nivel de los ríos, mientras que una lluvia muy localizada puede generar en pocas horas una emergencia en un arroyo que hasta ese momento parecía estable.

“La cosa es diaria”

Parra pidió no interpretar una mejora temporaria del tiempo como el final del período de riesgo. Según los modelos de Protección Civil, no se esperan tormentas importantes en los próximos días, pero tampoco un regreso pleno de jornadas soleadas y estables. El extremo norte provincial permanece bajo condiciones de alerta y se aguarda una mejora hacia el jueves.

La palabra “mejora”, insistió, debe leerse con cautela. “Acá la cosa es diaria”, resumió. Puede haber días de relativa calma y, poco después, volver un escenario de tormentas fuertes. Incluso mencionó la posibilidad de que hacia el sábado reaparezcan condiciones compatibles con una alerta naranja.

Su expectativa es que esta sucesión de calma e inestabilidad continúe durante octubre, noviembre y diciembre, y que eventualmente se extienda hacia enero o febrero. No se trata de vivir bajo una emergencia permanente, sino de asumir que los intervalos entre un episodio y otro pueden ser más cortos y que la preparación no puede empezar cuando la tormenta ya está encima.

El planteo coincide con advertencias previas de Protección Civil. El 7 de octubre, Parra ya había señalado que Misiones debía prepararse para alertas naranjas cada vez más frecuentes en los próximos meses. En septiembre había anticipado que los temporales de entonces podían ser solo una antesala de una etapa más inestable.

La diferencia es que ahora aparecen elementos concretos para medir cómo se distribuye el impacto. No necesariamente cada tormenta deja más familias damnificadas que la anterior, pero sí puede alcanzar a más municipios a la vez, lo que obliga a desplegar respuestas en un territorio mucho más amplio.

Municipios preparados para responder antes

Parra hizo un balance positivo del funcionamiento de los equipos locales. Consideró que la mayoría de los intendentes viene respondiendo adecuadamente y vinculó esa capacidad con un trabajo previo de capacitación y conformación de estructuras municipales de emergencia.

La idea fue evitar que la respuesta dependa exclusivamente del personal municipal. Un equipo local ampliado debe incorporar también a Policía, Bomberos, Salud, Educación y organizaciones de la sociedad civil, para que cada localidad pueda resolver las primeras necesidades sin esperar que todos los recursos lleguen desde un organismo provincial.

Ese esquema cobra especial importancia cuando una misma tormenta afecta a veinte municipios. Si todas las decisiones se centralizaran, los tiempos de respuesta se multiplicarían justo cuando cada hora puede ser decisiva para trasladar a una familia, asegurar una vivienda o asistir a personas aisladas.

“Eso facilita y acelera la velocidad de respuesta hacia los vecinos afectados”, sostuvo Parra.

Para la población general, la recomendación ante una alerta —especialmente si es naranja— sigue siendo reducir al mínimo la exposición: evitar circular si no es necesario, permanecer en lugares seguros y no trasladarse durante los momentos de mayor intensidad.

Pero para quienes viven al lado de un río o un arroyo, la preparación requiere un paso más: conocer de antemano cómo informa su municipio, tener identificado el canal oficial de Bomberos o de los equipos locales y responder cuando llegue la indicación de evacuar, sin esperar a comprobar personalmente hasta dónde subirá el agua.

En definitiva, el vecino no puede evitar que llueva. Lo que sí puede hacer es recibir la información a tiempo y actuar antes de que una emergencia previsible se convierta en una situación de rescate.

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