Misiones: la edad que muchos esperaron toda la vida y el beneficio que nunca llegó
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Misiones: la edad que muchos esperaron toda la vida y el beneficio que nunca llegó

Cumplió los años que pide la ley, pero el beneficio nunca llegó. El informe del IPEC revela qué pasa con miles de misioneros que ya están en edad jubilatoria y el dato que más preocupa: quiénes son los que quedan afuera.

Más de la mitad de los misioneros que ya cumplieron la edad para jubilarse no recibe ningún tipo de prestación previsional. Lo revela el Dosier Estadístico de Personas Mayores del IPEC, que retrata a una franja de la población que, en muchos casos, sigue trabajando para subsistir.

El informe del Instituto Provincial de Estadística y Censos se apoyó en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2025. El resultado principal es contundente: apenas el 45,6% de la población en edad jubilatoria de Misiones contaba con cobertura previsional. El 54,4% restante quedaba afuera de todas las prestaciones que el relevamiento contempla.

Quiénes quedan afuera

El indicador abarca a las mujeres de 60 años o más y a los varones desde los 65, las edades que fija el régimen jubilatorio general. Dentro de la cobertura entran las jubilaciones ordinarias, los beneficios por moratoria, las pensiones contributivas y las prestaciones no contributivas, como la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM).

La desprotección golpea a ambos sexos casi por igual. Entre los hombres de 65 años y más, el 46,4% cobraba algún beneficio, lo que deja a un 53,6% sin cobertura. En las mujeres de 60 años o más la proporción era algo menor: el 45,1% percibía una prestación, frente a un 54,9% que no tenía ninguna.

El IPEC no precisa cuántas de esas personas carecen de ingresos propios ni explica por qué no lograron acceder a una prestación. Aun así, los números alcanzan para dimensionar uno de los desafíos sociales más pesados de la provincia: cómo dar protección económica a una población que envejece y que, en muchos casos, tiene cada vez más difícil insertarse o mantenerse en el mercado laboral.

La jubilación que no llega y el trabajo que no se abandona

El dosier también analiza qué hacen los adultos mayores en materia laboral. Una porción importante sigue trabajando después de los 60, aunque con brechas marcadas según el género.

Entre los varones de 60 años o más, el 37,1% estaba ocupado durante el período relevado, el 62,1% se mantenía inactivo y apenas el 0,8% estaba desocupado. En las mujeres el panorama cambia: solo el 16,6% tenía una ocupación, mientras que el 83,4% no participaba del mercado de trabajo. Son 20,5 puntos porcentuales de diferencia que hablan de trayectorias laborales muy distintas y de una presencia femenina mucho menor en la actividad económica durante la vejez.

El organismo advierte que seguir trabajando puede responder a motivos variados: necesidades económicas, nivel educativo o las oportunidades de empleo disponibles. Lo que el relevamiento no permite establecer es cuántos lo hacen por necesidad de ingresos y cuántos por elección personal.

Un cruce con los ingresos familiares suma otro dato llamativo. Entre los adultos mayores del segundo quintil de ingresos, la tasa de actividad llegaba apenas al 9,4%. En el quinto quintil, el de los hogares con más recursos, trepaba al 72,8%. El IPEC aclara que no puede determinarse si esos ingresos facilitan la continuidad laboral o si, al revés, es el trabajo el que mejora la posición económica del hogar.

Las mujeres, más expuestas en el empleo informal

El informe también encuentra diferencias fuertes en las condiciones de quienes siguen trabajando pasados los 60. Entre los adultos mayores con empleo formal, el 69,2% eran hombres y el 30,8% mujeres. La relación se invierte en la informalidad: las mujeres representaban el 81,5% de los trabajadores no registrados y los varones apenas el 18,5%.

Esa concentración femenina en el empleo sin aportes a la seguridad social pesa después a la hora de acceder a una jubilación. La cobertura previsional depende, entre otras cosas, de la trayectoria de aportes y de los mecanismos disponibles para acceder a las prestaciones. Por eso las desigualdades laborales acumuladas a lo largo de la vida explican buena parte de las brechas que aparecen en la vejez.

La salud, la otra cara de la moneda

El acceso a la salud muestra indicadores mucho mejores que los previsionales. Según el IPEC, el 90,2% de las personas en edad jubilatoria tenía obra social, medicina prepaga o algún plan público de salud. La cobertura llegaba al 92,4% de las mujeres y al 87% de los hombres.

El 9,8% restante no contaba con esas modalidades, aunque eso no implica que quedara fuera de la atención sanitaria: podía recurrir a los establecimientos públicos de salud.

La comparación entre ambos indicadores es elocuente. Nueve de cada diez personas en edad jubilatoria tienen alguna cobertura de salud, pero menos de cinco de cada diez cobran una prestación previsional. El dosier deja así una radiografía de las condiciones de vida de los adultos mayores en Misiones y un interrogante que crece: cómo ampliar la protección económica de quienes llegaron a la edad jubilatoria en una provincia que, aunque conserva una estructura demográfica relativamente joven, también avanza en un proceso de envejecimiento poblacional.

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