Misiones recuerda a un guardaparque que murió rescatando visitantes en el Moconá
Hace 34 años, un guardaparque murió en el río Uruguay mientras rescataba visitantes en el Moconá. Hoy Misiones lo recuerda, pero dos veteranos del cuerpo advierten que la selva no se cuida sola: qué pasó con el incendio que casi les costó la vida.
Este lunes 19 de octubre, Misiones conmemora el Día del Guardaparque Provincial con un nombre que pesa en la historia del sistema de áreas protegidas: Horacio Foerster, el guardaparque que perdió la vida en 1992 mientras cumplía funciones en el Parque Provincial Moconá.
Foerster murió en aguas del río Uruguay durante un operativo de rescate de visitantes. Aquel episodio marcó a fuego al cuerpo de guardaparques y quedó ligado para siempre a la fecha que hoy los homenajea.
La conmemoración no se limita al recuerdo. También es una ocasión para reconocer a quienes, día a día, conservan la selva, protegen la fauna y la flora nativas y resguardan el patrimonio natural de la provincia.
Dos historias que sostienen la memoria
Los testimonios de Onecimo Olivera, guardaparque desde 1991 y actual coordinador de la Zona Sur, y de Ricardo Otto Freyer, con 36 años de servicio, permiten reconstruir la evolución de una profesión atravesada por la vocación y el trabajo en equipo.
Olivera acumula 35 años en el Ministerio de Ecología. Arrancó en el Parque Provincial Urugua-í y desde allí también se trasladaba a Moconá y a otras áreas protegidas. Cuando le preguntan por qué eligió este camino, la respuesta es breve: “Por vocación”.
Su ingreso se dio en una época en la que todavía no existía la carrera formal de guardaparque. Se formó como guardaparque baqueano y aprendió en el territorio, junto a otros trabajadores que fueron armando las bases del sistema provincial de conservación.
“En ese entonces teníamos dos o tres parques y había que ir sumando”, recuerda sobre aquellos primeros años. Con el tiempo, la creación de nuevas áreas amplió los desafíos y las responsabilidades de los equipos.
También cambiaron las herramientas: de la máquina de escribir se pasó a las computadoras, los GPS y las imágenes satelitales, hoy centrales para el monitoreo, la planificación y el control. Para Olivera, la actualización no se negocia: “Todo el tiempo tiene que estar aprendiendo. Es todo un desafío, la verdad”.
El compañero de guardia que no olvida
Cuando a Olivera le preguntan por Horacio Foerster, no habla de una figura lejana. Fue su compañero de trabajo y compartió con él un relevo en el Parque Provincial Moconá antes del fallecimiento.
Olivera recuerda que había cumplido una guardia de 30 días junto a otro compañero y que Foerster llegó para cubrirlos. Después ocurrió el episodio que conmocionó al cuerpo y que, desde entonces, quedó atado a la fecha que los homenajea.
Su historia integra la identidad del cuerpo de guardaparques provincial. De hecho, su nombre también identifica un área natural protegida de Misiones, como una forma de mantener viva esa memoria ligada al compromiso con la conservación.
Freyer y el incendio que todavía duele
Ricardo Otto Freyer también es parte de la historia del cuerpo. Su recorrido comenzó como guardaparque baqueano, en los primeros años de consolidación de una estructura provincial que surgió para custodiar los recursos naturales y la biodiversidad.
Para Freyer, la conservación excede lo que ocurre dentro de un parque: es una responsabilidad que involucra a toda la sociedad y que debe sostenerse para que las próximas generaciones puedan conocer y proteger el patrimonio natural.
Entre las experiencias que marcaron su carrera hay una que permanece especialmente presente: el incendio que afectó al Parque Provincial Cruce Caballero, en San Pedro, en agosto de 1999. Freyer trabajaba en la zona cuando una combinación de condiciones ambientales adversas y una acción humana imprudente desató un fuego de enormes proporciones.
Recuerda que en la primera semana de agosto hubo una helada intensa que afectó la vegetación. Después llegó una sequía de unos 30 días, con fuertes vientos del norte y altas temperaturas. En ese contexto, según su testimonio, tres cazadores furtivos provocaron el incendio que terminó avanzando sobre el área protegida.
“Fue una tragedia”, sostiene. Para dimensionar lo que pasó, describe cómo las llamas avanzaban rápido y alcanzaban árboles nativos de gran porte, incluidas las araucarias, que ardían como antorchas. La situación puso en peligro a quienes intentaban contener el fuego y proteger el monte.
Freyer recuerda que estuvieron cerca de perder la vida en medio de esa emergencia. La intensidad del incendio superaba las posibilidades de control y dejó una marca profunda en quienes presenciaron su avance y sus consecuencias.
La investigación posterior permitió identificar y detener a los responsables, según relata el guardaparque. Aun así, para él las consecuencias ambientales no pueden medirse solo por las responsabilidades individuales: el daño sobre la vegetación y el ecosistema persistió durante años.
“El monte recién ahora se está reponiendo o recomponiendo de semejante quemazón”, expresa sobre la recuperación del área. La experiencia le mostró de cerca tanto la fragilidad de los ambientes naturales frente al fuego como la capacidad de regeneración de la naturaleza, aunque ese proceso lleve tiempo.
A más de dos décadas de aquel episodio, Freyer sigue considerando el incendio una de las experiencias más dolorosas de su carrera. Su relato pone en perspectiva el trabajo de los guardaparques en situaciones donde la prevención importa tanto como la respuesta ante la emergencia.
La conservación, una tarea de todos
La experiencia de Freyer refuerza una idea que atraviesa su trayectoria: la protección de la biodiversidad no puede quedar solo en manos de quienes trabajan dentro de las áreas protegidas.
Para el guardaparque, la responsabilidad ambiental debe involucrar a toda la ciudadanía. Turistas, productores, visitantes y habitantes tienen un papel en el cuidado del suelo, el agua, la vegetación y la fauna. Las decisiones individuales pueden tener consecuencias que trascienden el momento y afectan el equilibrio de los ecosistemas.
En ese sentido, destaca la importancia de la educación ambiental y de los medios de comunicación para generar conciencia. Considera que las posibilidades actuales de difusión permiten acercar estos temas a más personas y fortalecer el conocimiento sobre la necesidad de conservar la naturaleza.
Su reflexión parte de una convicción: los seres humanos no son ajenos al ambiente, sino parte de él. La biodiversidad, el agua, el suelo y el monte forman un sistema del que depende la vida y cuya alteración puede generar consecuencias para toda la sociedad.
Por eso sostiene que la conservación exige tanto el trabajo especializado de los guardaparques como el compromiso cotidiano de la comunidad. Cuidar la naturaleza implica entender que cada acción tiene un efecto y que preservar los recursos naturales es también una forma de proteger el futuro.
El valor del reconocimiento y del equipo
Cuando Olivera mira hacia atrás, también observa los cambios ambientales que se produjeron durante sus años de servicio. Esa realidad, dice, refuerza la importancia de sostener el compromiso de quienes trabajan en la conservación y de involucrar a la sociedad en el cuidado de los recursos.
Para el guardaparque, la conservación debe estar presente en las escuelas, las universidades y los distintos ámbitos de la comunidad. Conocer y valorar el patrimonio natural es una condición fundamental para protegerlo y transmitirlo a las nuevas generaciones.
En su mirada, el trabajo de los guardaparques también tiene una dimensión de servicio público: una responsabilidad que exige compromiso permanente y que se construye con el aporte de muchas personas, dentro y fuera de las áreas protegidas.
Las experiencias de Olivera y Freyer coinciden en un punto central: la conservación no es una tarea concluida, sino un trabajo que requiere aprendizaje, adaptación y participación colectiva.
A la hora de destacar lo más gratificante de la profesión, Olivera menciona el reconocimiento de la comunidad. Saber que los ciudadanos valoran la tarea de los guardaparques es, para él, un estímulo para continuar.
También subraya que el resultado depende de un equipo amplio, integrado no solo por guardaparques, sino también por personal administrativo y otros trabajadores que hacen funcionar el sistema.
“Es el día a día que uno recoge de los compañeros de trabajo”, señala sobre las satisfacciones de una actividad en la que el reconocimiento muchas veces no llega con premios ni recompensas materiales, sino con el acompañamiento de quienes comparten la tarea y de la sociedad.
En este Día del Guardaparque Provincial, su mensaje apunta tanto a quienes llevan décadas de servicio como a las nuevas generaciones que se suman a la profesión. Olivera destaca la llegada de nuevos integrantes con ideas renovadas y alienta a seguir trabajando de manera conjunta.
“Que sigamos trabajando fuertemente para que las nuevas generaciones sigan cuidando y valorando lo que tenemos y lo poco que nos queda”, expresa.
Freyer, por su parte, invita a reflexionar sobre el sentido de esta conmemoración y sobre la continuidad del compromiso con las áreas naturales protegidas. Su mensaje también alcanza a quienes no forman parte del cuerpo de guardaparques, pero pueden contribuir desde sus actividades cotidianas al cuidado del ambiente.
Sus testimonios, atravesados por el recuerdo de Horacio Foerster y por las vivencias que marcaron sus carreras, ponen en valor la dimensión humana de una tarea esencial para Misiones. Ser guardaparque significa custodiar las áreas naturales protegidas, pero también transmitir conocimientos, construir conciencia ambiental y defender un patrimonio que pertenece a toda la sociedad.
En este 19 de octubre, la memoria de quienes dieron su vida en cumplimiento de su deber se une a la experiencia de quienes continúan trabajando por la conservación. El desafío es sostener ese compromiso, fortalecer el sistema provincial de áreas protegidas y lograr que las generaciones futuras encuentren en la selva misionera una riqueza viva que merezca ser cuidada, respetada y preservada.