Misiones reunió a 120 líderes del continente: el dato que dejó al descubierto una brecha con Europa
Más de 120 líderes de América Latina y Europa se sentaron en Puerto Iguazú a discutir cómo financiar la conservación. Esteban Carabelli, de FSC Argentina, tiene el diagnóstico y una advertencia sobre lo que falta para que los bancos pongan los dólares donde está el bosque.
El II Foro de Servicios Ecosistémicos FSC para América Latina se realizó en Puerto Iguazú y expuso que apenas el 10% de las declaraciones de servicios ecosistémicos de la región cuenta con financiamiento efectivo. El encuentro, que convocó a más de 120 participantes, dejó un diagnóstico incómodo y un desafío pendiente: cómo pasar del impacto medido al impacto financiado.
Entre el 8 y el 9 de septiembre de 2026, Puerto Iguazú fue el epicentro del debate sobre conservación de la biodiversidad y finanzas sostenibles. En el corazón de la ecorregión del Bosque Atlántico, FSC Latinoamérica, FSC Argentina y FSC Brasil organizaron el II Foro de Servicios Ecosistémicos FSC® para América Latina, que reunió a comunidades rurales e indígenas, científicos, propietarios y ejecutivos de empresas, gobiernos, academia, organizaciones conservacionistas y expertos financieros internacionales.
La primera jornada combinó debate técnico con trabajo de campo: los asistentes visitaron la Reserva Privada San Jorge, propiedad de Arauco Argentina SA, para comprobar en terreno cómo el manejo forestal responsable conserva el bioma de la Selva Paranaense. El programa incluyó cinco paneles de especialistas, transmisión por streaming y una feria de proyectos.
Los números que expuso el foro
Uno de los ejes fue la presentación de 21 proyectos de conservación de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México y Perú. De ese total, 13 exhibieron impactos verificados y 8 mostraron procesos de verificación en curso, con modelos que abarcan desde reservas privadas y ONGs hasta comunidades locales.
El contraste con Europa quedó a la vista: mientras en el Viejo Continente los puentes crediticios están más consolidados a través de las oficinas más activas de FSC (Italia, España, Portugal y Holanda), en América Latina se estima que solo el 10% de las declaraciones de servicios ecosistémicos accede hoy a financiamiento efectivo. Entre los casos ya financiados se mencionaron el Proyecto Tucabaca (Bolivia), Amazon By (cooperativa de Brasil) y el Grupo Herdes con Ejido Topia (México).
“Entre los participantes hubo un consenso claro en que la herramienta del FSC de impacto verificado y los estándares existen y funcionan. Ahora el gran reto sigue siendo activar puentes prácticos con el sector financiero mediante un diálogo con proyectos piloto creíbles, evitando cualquier práctica de greenwashing”, remarcó Esteban Carabelli, director de la Oficina Nacional FSC Argentina.
El directivo también hizo balance del operativo: “Fue un desafío doble con toda la complejidad logística que implica la coordinación de un evento de estas características; con satisfacción podemos decir que el equipo logró el 90 % del plan previsto y participó activamente con sus exposiciones”.
La barrera del idioma entre el bosque y el banco
Para cerrar la brecha, Carabelli planteó un cambio metodológico en la negociación. El primer punto es superar la barrera del lenguaje: ciencia, conservación, gobierno y sector financiero hablan idiomas distintos, por lo que la conversación con los bancos debe darse caso por caso y en términos técnicos de riesgo.
El segundo es ampliar los proyectos elegibles: las fuentes de financiamiento no se limitan a la herramienta de Impacto Verificado, sino que incluyen proyectos certificados en Manejo Forestal FSC y de conservación con servicios ecosistémicos asociados. El tercero es garantizar integridad sin doble contabilización, midiendo los beneficios de la naturaleza sobre una línea de base seria.
“La banca busca proyectos que reduzcan riesgos o que generen impactos positivos vinculados al propio proyecto. La conversación con las entidades financieras debe ser casi ‘uno a uno’ para entender qué riesgo específico buscan mitigar y en qué lenguaje técnico se comunican”, detalló Carabelli.
Del impacto medido al impacto financiado
En sus 30 años de trayectoria, FSC pasó del foco inicial en el manejo responsable de plantaciones y la cadena de custodia a una visión integral de los ecosistemas. Desde el programa voluntario FSC Ecosystem Services, lanzado en 2018, hasta las herramientas de Impacto Verificado consolidadas a 2026, la organización sostiene que los resultados ambientales son cuantificables.
El rol institucional actual es acercar a las partes: orientar a los propietarios en la recolección de evidencia científica e instruir a las entidades financieras sobre los riesgos operativos y reputacionales que se mitigan al invertir en manejo sostenible. El objetivo de fondo es que los bosques sean reconocidos formalmente como un activo estratégico dentro de las empresas.
“En la medida en que la región logre unificar el lenguaje técnico entre el territorio y el sistema bancario, creo que la valoración del bosque en pie se consolidará como el pilar central para atraer inversiones internacionales, reducir riesgos operativos y asegurar la rentabilidad a largo plazo de la actividad forestal”, concluyó Carabelli.

