Monseñor Vecino y su duro mensaje en San Cayetano: “Son personas, no estorbos”
En plena fiesta de San Cayetano, Monseñor Vecino sorprendió con un mensaje que incomoda: “Son personas, no estorbos”. ¿Qué más dijo sobre la pobreza y la indiferencia?
La fiesta de San Cayetano reunió a miles de fieles en el santuario de barrio Guadalupe Oeste, pero el mensaje más fuerte llegó desde el altar: el arzobispo auxiliar Matías Vecino llamó a dejar de lado la indiferencia y a mirar de frente a quienes sufren la pobreza.
El viernes 7 de agosto, el santuario de Padre Genesio 1644 volvió a ser el epicentro de la fe y la devoción popular. Con el lema “Enséñanos a compartir el pan y a sembrar la paz”, la jornada incluyó misas, procesión y una convocatoria multitudinaria que transformó el barrio.
“Son personas, no estorbos”
En la misa central, Monseñor Vecino no dejó tema sin tocar. Cuestionó con dureza la indiferencia social y puso el foco en los más vulnerables. “A veces el necesitado para nosotros es un estorbo, el pobre que está en la calle”, advirtió.
Y fue contundente: “Son personas, personas, no estorbos”. Una frase que resonó entre los presentes y que resume el espíritu de su homilía.
El arzobispo auxiliar también reflexionó sobre la fe como experiencia comunitaria. “El Padre es rostro misericordioso, el Padre que se preocupa por nosotros, el Padre providente”, expresó. Y agregó: “El Padre que quiere darnos el Reino. Él es la fortaleza de nuestra debilidad”.
“Compartir el pan y sembrar la paz”
Vecino retomó el lema de la fiesta y admitió que, aunque suene simple, ponerlo en práctica es todo un desafío. “Hay dos acciones tan simples de hacer: compartir el pan, sembrar la paz. Parece súper fácil decirlo. Sin embargo, son tan difíciles”, afirmó.
En ese marco, defendió el rol social de la Iglesia y salió al cruce de las críticas. “Si compartimos el pan con los pobres, podemos caer en que se nos acuse de que la Iglesia está haciendo una especie de cuestión política que no deberíamos hacer, o que nos transformamos en una ONG. Pero en realidad eso es evangélico, está en el Evangelio”, sostuvo.
Para el arzobispo, la fe debe traducirse en acciones concretas. “San Cayetano, la fe lo movió a decir: ‘Están los pobres, no puedo quedarme de brazos cruzados. No voy a solucionar el problema de todos, pero algo tengo que hacer’”, ejemplificó.
La peor discriminación
Otro de los ejes de su mensaje fue la atención espiritual de los más necesitados. “La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual”, afirmó. Y cuestionó una actitud que también ve entre los cristianos: “Nos sentimos más a gusto sin los pobres”.
“No sin la pobreza, sin los pobres”, reforzó. Para Vecino, la fe no puede quedar encerrada en el ámbito privado. “Nuestra fe nos empuja a ayudar a los demás”, resumió.
Diego Sosa: “Un día hermosísimo”
El párroco del santuario, padre Diego Sosa, celebró la masiva participación y el clima vivido. “Un día hermosísimo. Después del susto de ayer, por el temporal, hoy fue realmente un día hermoso. Mucha gente durante todo el día, este es como el momento principal y todos contentos: los peregrinos, los voluntarios de la parroquia. Un día con mucha alegría y entusiasmo”, contó.
Sosa también destacó que los fieles llegan con diversas intenciones. “Todos vienen a agradecer, algunos también a pedir, algunos expresan alguna situación particular que están pasando. En general hay mucho clima de agradecimiento, de pedir la ayuda de Dios, aunque en algunos casos con más preocupación”, relató.
El santo de la vida cotidiana
El sacerdote explicó por qué la devoción sigue vigente. “San Cayetano es el santo de la vida cotidiana. La gente viene a experimentar que la vida sigue teniendo una belleza, un sabor especial cuando Dios está presente”, afirmó.
Además, señaló que la devoción se transmite entre generaciones. “A veces uno en broma les dice: ‘¿Seguís pidiéndole trabajo a San Cayetano?’. Y responden: ‘No, ahora es para mis hijos, para mis nietos’”, contó entre risas.
La celebración también movilizó al barrio. “Los vecinos de la cuadra, que les llenamos la calle de gente y les cortamos el tránsito, tienen buena relación y lo toman bien. Los comerciantes están muy contentos porque tienen mucha gente hoy”, explicó Sosa.
Así, entre pedidos de trabajo, agradecimientos y expresiones de fe, la fiesta de San Cayetano dejó un mensaje claro: compartir el pan, mirar al que necesita y sembrar la paz.