Ustedes tal vez sean muy chicos para recordarlo, pero en la década del ochenta hubo una serie televisiva que causaba furor donde Richard Dean Anderson interpretaba a un agente secreto llamado MacGyver cuya principal arma era la inteligencia. Siempre valiéndose de su navaja suiza, este héroe con más cabeza que músculos podía inventar cualquier artilugio con lo que tuviera a mano.
Con un ingenio que parecía no tener límites a la hora darse maña y ducho como pocos para adentrarse en el corazón de los cerros Tucumanos y rescatar a personas pérdidas en los senderos, así se lo recuerda a José Jesús Villagra. Ciclista, endurista, baqueano, mecánico y rescatista, quienes lo conocieron lo llamaban, simplemente, MacGyver.
El hombre fallecido por Covid semanas atrás a los 47 años deja un legado imborrable en el mountain bike de la provincia, actividad de la que fue uno de sus principales pioneros. Quién fue nuestro Mac y de qué se trata La Mac.
“Cuando lo conocí ya era MacGyver. Cualquier cosa que te diga de él va a sonar a poco. ¿Has visto que cuando alguien se muere todos dicen ‘qué bueno que era tal’? Este era realmente bueno. Te juro que se me eriza el cuerpo ahora que lo recuerdo… Es una pérdida muy importante para nosotros los Monterizos”, dice aún conmovido Horacio “El Rey” Nain quien lo conoció cuando era apenas un niño y todavía lo llora.
Al hombre de 36 años no hace falta que nadie le cuente de las virtudes del MacGyver tucumano, hace diez años lo agarró la noche mientras hacía enduro en la senda de la Quebrada del Portugués. Mientras su familia estaba desesperada al no saber nada de él, José Jesús salió a buscarlo. No fue la primera ni la última vez que lo hizo.
Cada vez que alguien se perdía en las zonas más inhóspitas de los cerros tucumanos, él era quien encabezaba la búsqueda en moto o a pie. Conocía la montaña y sus secretos como nadie: “Esa vez, gracias a él, hemos logrado salir esa misma noche. Él conocía perfectamente toda la zona del pedemonte, tanto es así que la gente del liceo militar lo buscaba todos los años para organizar la expedición de supervivencia que hacen todos los años”.

Todos los que lo conocieron coinciden en un punto: lo que tenía de baqueano también lo tenía de solidario. “Se caracterizada por la generosidad, le daba una mano a quien sea y como sea. Si se te cortaba la cadena o se te doblaba la llanta en medio de la senda, sea como sea, él te la arreglaba… Te llegaba a encontrar en la ruta con la bici pinchada, te subía en la bici de él y traía la otra a la par.
Era una máquina para la bicicleta”, comenta Horacio. Por el taller de bicicletas de MacGyver en la calle Nuñorco del centro de Monteros pasaron muchos bikers tucumanos. También era muy reconocido por los enduristas de la provincia: “A él le gustaba mucho la naturaleza. Ha arrancado en el 90 con el mountain bike acá, ha sido uno de los pioneros. También ha incursionado en el enduro, en el trekking…
Le gustaba mucho la bici, era el que trazaba las sendas, él las creaba y se ponía al hombro el armado de la senda para las carreras”.











