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Mitos y leyendas: ¿Qué esconde el Chalet del diquecito de Acheral?

Mitos y leyendas: ¿Qué esconde el Chalet del diquecito de Acheral?

Desde fantasmas espeluznantes, sonidos extraños, historias de vecinos llenas de relatos, personajes tucumanos de la época, e incluso enfrentamientos beligerantes.

Esta historia, es uno de los tantos relatos que Sebastián Galván integrante de Exploradores Urbanos.

En el pueblo de Acheral, departamento Monteros, supo existir en cercanías del famoso diquecito, un Chalet en el que solían realizarse fiestas para las personas de la alta clase de Tucumán. El Sr. Frías Silva fue su primer habitante, un hombre de mucha riqueza.

Según algunos relatos, la leyenda comenzó cuando el hombre desapareció casi sin dejar rastro, dejando atrás todos sus bienes misteriosamente.

Algunas historias cuentan que con el tiempo, este lugar se convirtió en un famoso balneario, sobre todo los fines de semana, donde las familias frecuentaban hasta que una serie de extraños hechos comenzaron a suceder y la gente se ahogaba inexplicablemente, como el mito del joven que fue hallado en las profundidades del agua, pero incrustado en las paredes de barro de estas aguas estancadas. O la persona que fue arrastrada al agua por una fuerza extraña y luego perdió la vida.

Existen innumerables historias que relacionan al lugar con la tragedia. Otro ejemplo, la figura de una persona aparece en varias historias y una sombra negra flota sobre el diquecito por el centro del agua.

Hasta el momento oscuro de la historia de Tucumán, la protagonista fue esta casa, donde ambos bandos libraron una batalla decisiva, dejando muchas víctimas, lo que contribuirá aún más al mito de que si te acercas al lugar podría ocurrir algo malo.

En la actualidad esta famosa casa está casi en ruinas, pronto desaparecerá. Sin embargo, Galván cuenta que el lugar aún mantiene la alerta de «peligro». Los vecinos de la zona  evitan pasar por allí. Tal es así, que el camino se encuentra a poco de desaparecer.  Únicamente las huellas que suelen dejar algunos pescadores o recolectores de caña de azúcar, mantienen viva una senda que conduce hasta allí.

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