“Muevo 400.000 euros al mes”: el campo que ya no rinde como antes
Factura 400.000 euros al mes y aun así asegura que el campo ya no le rinde como antes. La comparación que hizo con lo que ganaba hace 30 años deja en evidencia el problema.
Pedro Fernández Martínez cultiva 600 hectáreas en Valladolid, España, y factura 400.000 euros mensuales, pero asegura que los márgenes se redujeron a niveles que hacen imposible repetir su camino. El productor, de 50 años, contó en una entrevista con el diario El Español cómo la suba de costos transformó la ecuación de su negocio.
Fernández Martínez vive y trabaja en Urones de Castroponce, una localidad de la provincia de Valladolid. Su explotación combina la producción propia con servicios agrícolas para terceros y la comercialización de cosechas. “Se puede vivir de mi negocio porque hago todo el ciclo”, explicó al periodista Alvar Salvador, de El Español de Castilla y León.
El agricultor comenzó a los 17 años ayudando a su padre en una explotación de 90 hectáreas que no era de la familia. Hace unas tres décadas, tras terminar sus estudios y con la jubilación de su padre, pudo continuar esas tierras bajo un régimen de aparcería. “Sigo labrando esas 90 hectáreas. Con el paso de los años, y en la actualidad, labro unas 600 hectáreas”, relató.
Un negocio que abarca todo el ciclo
La mayor parte de la superficie que cultiva está en su localidad y el resto se reparte en un radio de unos 20 kilómetros. Produce principalmente cebada, trigo y girasol, además de leguminosas como guisantes y garbanzos. Con los trabajos que realiza para terceros calcula que puede alcanzar unas 2000 hectáreas al año.
Su esquema empresarial abarca varias etapas: vende las semillas, siembra las parcelas de sus clientes, cosecha y compra la producción. Luego unifica esa mercadería con la de su propia explotación y la comercializa a fábricas o distribuidores. Según explicó, la concentración de volumen y calidad le permite negociar precios y acceder a compradores que le resultarían inalcanzables como productor individual.
“Compro el producto que siembro en tierras de otros agricultores. Unifico todo. Después voy a la fábrica y vendo ese producto. Todo para que, al profesional del campo que contrata mis servicios, le salga más rentable hacerlo así que por sí mismo”, detalló.
La ecuación que ya no cierra
Entre maquinaria y naves, Fernández Martínez calcula una inversión de unos dos millones de euros. Aunque construyó su negocio sin ser propietario de las tierras, considera que los precios actuales harían mucho más difícil repetir ese recorrido. “Vería inviable hacerlo ahora porque un tractor ya no vale 60.000 euros sino 400.000”, afirmó.
Para graficar el cambio, comparó la explotación con la que empezó con la que trabaja hoy. “Antes, con una explotación de 90 hectáreas, se vivía. Ahora con 600 se saca el mismo beneficio que hace años”, sostuvo.
Durante la cosecha utiliza dos cosechadoras que trabajan unas 12 horas por día. Según indicó, entre ambas consumen alrededor de 1000 litros diarios de gasóleo. Al precio de 1,60 euros por litro que mencionó en la entrevista, ese consumo representa un gasto diario de 1600 euros únicamente en combustible.
“El precio de la maquinaria, desde hace unos años, se ha triplicado. Todo ha subido de una manera bestial”, expresó. A esos costos sumó las exigencias administrativas que, en su opinión, recaen sobre los productores. La combinación de actividades le permite sostener el negocio, pero su evaluación sobre la posibilidad de comenzar de cero fue tajante: “Si tuviera que volver a hacer lo completado desde hace 30 años, ahora, sería inviable”.
“Recuerdo que, cuando era pequeño, quería ser agricultor y ganadero. Llevo toda la vida dedicado al campo y he tenido una infancia buena. La considero feliz”, sintetizó.