Murió a los 95 años en España el piquense que cantó 36 años con los Quilla Huasi
Tenía 16 años cuando empezó a cantar en las orquestas de General Pico y terminó recorriendo el mundo con Los Quilla Huasi. A los 95 años, en España, se apagó una de las voces más queridas del folklore: su despedida quedó marcada por un detalle que lo unió para siempre a su amigo Juancito Venturucci.
El cantante Roberto Palmer, una de las voces históricas de Los Quilla Huasi, falleció en España a los 95 años. Estaba radicado en Pozuelo de Alarcón, cerca de Madrid, donde había armado su vida desde fines de los 90 junto a su esposa Belén.
La noticia la difundió Maracó Digital y la confirmó el músico y cantor Oscar García en su cuenta de Facebook, con un mensaje cargado de dolor.
Detrás del nombre artístico estaba Jorge Roberto Paglia, nacido el 24 de septiembre de 1931 en la esquina de las calles 20 y 25 del “Barrio de las Ranas”, en General Pico. Sus amigos lo llamaban “Tabaco”.
Una despedida que se repite
La muerte de Palmer llegó apenas un mes y medio después de la de Juancito Venturucci, su compañero de guitarreadas y serenatas desde la adolescencia. García lo contó así: “Me acaba de llamar Naldo Labrin para darme la noticia que temía; falleció Roberto Palmer, un amigo entrañable. Había vivido mucho, pero uno siempre quiere más. Dos noches atrás soñé con él. Breve pero intenso. Lo sentí muy cerca. Lo sentí como despedida”.
Y agregó: “Con él se va un inmenso cantante, pero sobre todo una de las mejores personas del ambiente artístico. Querido y reconocido por todos. Era de una estirpe que sabía llevar la vida y la amistad con una calidez y una elegancia imposibles de olvidar. Nos deja un amigo, un referente para los que pretendemos llevar con dignidad la canción popular. Un pampeano maravilloso”.
Los primeros acordes en General Pico
El menor de cinco hermanos —Adela, Sara, Arturo y Carlos—, Palmer creció en una familia humilde y cristiana. Cursó hasta cuarto grado en la escuela Nº 66 y, ocho años después, se mudó con su madre y Adela al centro, donde terminó la primaria en la escuela Nº 64. Su maestro de 5º y 6º, un puntano de apellido Muñoz, fue, según sus propias palabras, el mejor que tuvo: lo recordó en su canción “Canto de Añoranza”.
En el nuevo barrio hizo amigos que lo acompañaron toda la vida: “Lalo” Vivalda, Rolo Roggero, Julio Chevelesco, el “Negro” Aguiló, el “Loco” Vattuone, Juancito Venturucci y Puncho Yapur. También estuvo Juan Cabrino, guitarrero y cantor, que le enseñó los primeros tonos en la guitarra y que él después le transmitió a Venturucci.
A los 16 años empezó a cantar en la Orquesta de Domingo Pellizari, que lo descubrió como cantante. Pasó luego por la Orquesta Continental y por la Ideal, todas de General Pico.
En 1950 formó junto a Venturucci, Cabrino y el pianista Benuzzi el conjunto “Páginas de América”, con incursiones en tango, melódico y ritmos. Dos años más tarde, en unas vacaciones de verano, viajó por primera vez a Mar del Plata para sumarse a sus amigos Rule Yapur y el Gringo Morales, guardavidas en las playas, y hasta participó de algún salvataje.
Había aprendido natación en el Club Cultural Argentino y también jugó al fútbol: fue arquero en las inferiores de Cultural Argentino y Pico Football.
El salto a Los Quilla Huasi
La llegada al conjunto más importante de su carrera se dio en Mar del Plata, donde reemplazaba a uno de Los Playeros, el grupo de Rosamel Araya. Allí lo fue a buscar Oscar Valles para ofrecerle entrar en lugar de Carlos Vega Pereda, que se iba como solista.
“Fue medio difícil en el primer momento; yo estaba trabajando bien, cada vez más; había grabado un disco con cuatro boleros con una orquesta de cuarenta músicos dirigida por Carlos García, en el sello Disc Jockey, que manejaba Rodríguez Luque (fue el que me puso Palmer como nombre artístico, porque los apellidos italianos no parecían sonar bien en esa época)”, contó años después en una entrevista. “Pero claro, los Quilla tenían un éxito impresionante. Así que al otro día le dije que sí y debuté en el auditorio de Radio El Mundo. Fue el 1 de marzo de 1962”.
En el grupo alternaba la primera voz con Lastra. “Mi voz era un poco más aguda y en la mayoría de los casos hacía la primera. Se trabajaba mucho, con mucha seriedad y prolijidad. Después, cuando entró Ramón Navarro, también fue un aporte importante. Buen cantante, muy buen compositor y como persona un fuera de serie”, recordó.
El adiós sobre un escenario
La decisión de dejar el conjunto se fue gestando con su mujer, que tenía un hermano en España insistente con la idea de que se radicaran allá. Para esa época, el trabajo en Argentina había empezado a decaer. En 1998 los contrataron en España y Palmer tomó la determinación: “Hago esta gira y me despido allá”.
Vendieron el departamento de Buenos Aires y se fueron. Actuaron en Madrid, en el Centro Cultural de la Villa, y después tenían un festival en Jaén donde también se presentaba Alberto Cortez. “Compartimos el escenario esa noche, que fue la última mía con los Quilla. Recuerdo que Alberto hizo un comentario sobre mi retiro en el escenario y me dedicó su bella canción «Cuando un amigo se va». Eso fue en junio de 1998, después de treinta y seis años”, relató.
Después vino una gira contratada por la Secretaría de Cultura de Jaén junto al guitarrista René Farías, y una presentación en Los Patios del Conde Duque, en el centro de Madrid, en un festival de tango con el Sexteto Mayor y Beba Pugliese. Allí cantó temas folklóricos del repertorio de Gardel acompañado por Martín Ochoa, Daniel Barrera y “Rabito” Vélez.
El mundo, Malena y una vida plena
Con Los Quilla Huasi recorrió Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Estados Unidos, Canadá, Portugal, España, Francia, Alemania, Italia, Japón, Hong Kong, India, Israel y Australia.
Entre sus historias personales, siempre recordaba su vínculo con Malena, la mujer que inspiró el tango de Homero Manzi. La conoció en el night club Montmartre, antes de entrar al Trío Azul. “Una noche llegó un pianista que se llamaba Armando Aranjuelo, con una mujer rubia, mayor pero muy interesante. La presentó diciendo ‘Malena’. Yo, en broma, le dije ‘¿canta el tango?’; ‘sí’, me respondió, y entonces supe que era la que había inspirado el tango de Manzi”, contó.
Se llamaba María Elena Tortolero y se había iniciado como cantante de tangos en Buenos Aires. Con Malena y su esposa Elsa Ramos —con quien tuvo a su hija Mónica, que vive en Palma de Mallorca— se hicieron muy amigos, y ella les consiguió varios trabajos, incluido un contrato en el cine Metro. Malena murió en 1960 en Uruguay.
En una de sus últimas entrevistas, Palmer hizo un balance sin vueltas: “Viví de lo que quise, de lo que más me gusta; conservo afectos de muchos años. No se puede pedir más. Me siento un poco privilegiado, sinceramente”.