Nadie quería atenderlos: la odontóloga de 26 años que se hizo cargo de los casos que otros rechazaban
Familias que recorrieron más de diez consultorios sin respuesta llegaron a su puerta. Lo que esta odontóloga de 26 años hace con esos pacientes explica por qué los padres terminan llorando de emoción.
Camila Hihadeh tenía claro desde chica que quería dedicarse a la salud. Lo que no imaginaba era que su carrera terminaría tomando un rumbo marcado por una historia familiar: su tía Malak, que tiene parálisis cerebral y vivió con ella desde que llegó al país.
Hoy, a los 26 años y recibida de odontóloga, Camila atiende a pacientes con discapacidad, un área que en la Argentina todavía no cuenta con una especialidad formal y que muchas familias recorren sin encontrar respuestas.
La tía que lo cambió todo
Malak llegó a la Argentina de la mano de la madre de Camila para recibir cuidados. Desde entonces vive con la familia, y esa convivencia marcó la infancia de la profesional: “Antes dormíamos en el mismo cuarto y cuando era chica y no podía dormir, me pasaba a su cama”, recuerda en diálogo con TN.
Esa relación se convirtió con los años en una referencia central para su vida profesional. “La cuido de toda la vida. Es mi musa y mi inspiración para todo lo que hago”, define Camila.
De medicina a odontología: un desvío que terminó siendo vocación
Al terminar el secundario, su plan era estudiar medicina. Aprobó el examen de ingreso, pero no había cupos y la derivaron a odontología. La carrera no la convencía del todo: “Hasta cuarto año de la Facultad de Odontología me quise cambiar de carrera. Me empezó a gustar cuando empecé a atender pacientes”, repasa.
El clic llegó en cuarto año, cuando cursó una materia obligatoria sobre atención odontológica de personas con discapacidad. “Se cruzaron mis dos mundos, la odontología y la discapacidad”, cuenta.
El mismo día que rindió el final de esa materia se anotó como ayudante de cátedra y empezó a atender pacientes en la universidad, todos los martes y de forma gratuita, junto a profesionales con experiencia. Uno de ellos fue Gustavo Molina, a quien señala como clave en su formación: “Me abrió las puertas, me enseñó y abrió la cabeza de par en par. También me invitó a una edición del Congreso Mundial de la Discapacidad en Odontología”.
Lo que no se aprende en los libros
Las consultas le mostraron que el conocimiento técnico no siempre alcanza. “Hay cosas que se pueden estudiar, como las enfermedades raras, las patologías o los síntomas, pero hay cosas que no se estudian, por ejemplo, la empatía”, sostiene.
También aprendió que el vínculo con cada paciente es parte del tratamiento y que hay necesidades que solo se entienden desde la experiencia cotidiana. “Yo sé que puede haber pacientes que durante el turno necesiten masajes para tranquilizarse. Eso no me lo enseñaron en la facultad, yo lo viví”, relata.
Para Camila, es fundamental dirigirse directamente a la persona que recibe la atención y no solo a quien la acompaña. Si puede escuchar y comprender, aunque tenga dificultades para comunicarse verbalmente, merece participar de la conversación y de las decisiones sobre su tratamiento.
El desafío de encontrar un odontólogo
En su consultorio, Camila asume tratamientos que otros profesionales no siempre se animan a realizar. Muchas familias llegan después de haber recorrido distintos consultorios sin encontrar quién pueda atender a sus hijos.
“Están cansados de recurrir a más de 10 odontólogos distintos y que ninguno les dé una solución”, explica. Cuando logra dar resultados positivos, el efecto se multiplica: “Los padres, cuando me ven a mí y lo que hago, lloran de emoción, como si por fin hubieran encontrado alguien que pueda hacer este trabajo”.
Según su experiencia, la dificultad no pasa por desconocer el tratamiento necesario, sino por animarse a realizarlo y adaptar la consulta a las necesidades de cada persona. En algunos casos, el procedimiento requiere más tiempo, paciencia y recursos para que el paciente pueda tranquilizarse y atravesar la atención de la mejor manera posible.
Una especialidad que todavía no existe
Camila continúa formándose para responder a necesidades diversas. En la Argentina no existe una especialidad odontológica formal dedicada específicamente a este campo, por lo que busca herramientas en otras disciplinas que enriquezcan su práctica.
Actualmente está terminando una especialidad en estética orofacial, que espera completar en diciembre, y proyecta seguir capacitándose en el exterior, en un área donde advierte que todavía falta información y formación específica.
Lo que empezó como un camino que no había elegido terminó siendo una vocación que une su profesión con su historia familiar. Malak sigue siendo una de las principales motivaciones de Camila para seguir formándose y encontrar nuevas maneras de mejorar la atención odontológica.