Netanyahu ganó, pero un general retirado y los partidos árabes le preparan la salida
El primer ministro israelí no logró la mayoría parlamentaria que buscaba y ahora un general retirado negocia con los partidos árabes para reemplazarlo. Lo que está en juego cambia el mapa político de Medio Oriente.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no logró este martes la mayoría parlamentaria que buscaba para seguir al frente del gobierno. Con casi el 78% de los votos escrutados, su partido, el Likud, se mantiene como la fuerza más votada, pero la coalición de derecha y extrema derecha que lo sostiene no alcanza los 61 escaños necesarios para gobernar.
El escenario, inédito en casi dos décadas, abre una negociación compleja en la que los partidos árabes israelíes, que obtuvieron un resultado histórico, podrían inclinar la balanza para desplazar al mandatario que gobierna Israel desde hace casi 17 años de forma ininterrumpida.
El factor Eisenkot
El centrista Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar, quedó en segundo lugar y es quien tiene la chance de formar un gobierno alternativo si consigue reunir los apoyos necesarios.
Para lograrlo necesita 61 de los 120 escaños de la Knesset. La llave podrían dársela las dos principales listas árabes: la Lista Unificada, que agrupa a tres partidos de mayoría árabe, y la Lista Árabe Unida, que encabeza Mansour Abbas. Ambas emergieron como actores potencialmente decisivos.
Sin embargo, Eisenkot deberá lidiar con las resistencias políticas y sociales que persisten en Israel hacia una alianza con esas formaciones. Él dejó la puerta abierta a cooperar bajo ciertas condiciones, como el reconocimiento de Israel como Estado judío y el rechazo a Hamas como organización extremista. Pero algunos de sus posibles socios ya descartaron esa alternativa, por lo que no está claro si modificarán su postura para impedir la continuidad de Netanyahu.
Netanyahu descarta depender de los árabes
El primer ministro fue tajante al respecto. “Debemos establecer un gobierno fuerte, de derechas y nacionalista”, afirmó después de votar. “No debemos poner en peligro a Israel y establecer un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas”, agregó.
Los votantes árabes representan alrededor del 20% de la población israelí. Uno de sus principales dirigentes, Yussef Jabareen, llamó el miércoles a construir una “verdadera alianza judeoárabe” para terminar con el gobierno de Netanyahu. “Quien quiera ofrecer una alternativa real y auténtica al gobierno de Netanyahu, cuyas manos están manchadas de sangre, deberá dirigirse a nosotros y allanar el camino hacia el cambio”, declaró a medios israelíes.
Mansour Abbas, por su parte, celebró el resultado en la sede de su partido: “Estamos aquí, no estamos al margen”. La Lista Árabe Unida ya integró brevemente una coalición de gobierno en 2021, la primera formación árabe en hacerlo.
Una sociedad atravesada por la guerra
La votación estuvo marcada por el cansancio de una sociedad golpeada por las guerras y las consecuencias del ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. También pesó el malestar por las exenciones del servicio militar obligatorio para los judíos ultraortodoxos, un privilegio que indigna a amplios sectores.
El resultado, sin embargo, también mostró los límites de la oposición para capitalizar el descontento. Los detractores de Netanyahu lo acusan de prolongar el conflicto por conveniencia política, debilitar la independencia judicial y permitir que los ultraortodoxos eludan el reclutamiento. Sus partidarios, en cambio, lo ven como un dirigente capaz de defender la seguridad nacional y la identidad judía frente a las presiones internacionales.
Eisenkot construyó su perfil sobre su trayectoria militar y la promesa de recuperar la confianza de la sociedad israelí. Su hijo y dos sobrinos murieron en Gaza, una experiencia que sus simpatizantes consideran una muestra de su cercanía al dolor de las familias afectadas por la guerra. Entre las prioridades de las fuerzas que podrían respaldarlo figuran avanzar en el reclutamiento de los ultraortodoxos y reforzar la independencia del Poder Judicial.
Qué puede pasar ahora
Aun si el Likud conserva la primera posición, el presidente israelí, Isaac Herzog, no está obligado a encomendarle a Netanyahu la formación del gobierno. Su decisión dependerá de las posibilidades de cada candidato de reunir los apoyos necesarios en el Parlamento.
También existe la alternativa de un gobierno minoritario, que necesitaría la cooperación de fuerzas ajenas al Ejecutivo para aprobar leyes. Si las negociaciones fracasan, Israel podría volver a las urnas a comienzos del próximo año, una posibilidad que evocaría el prolongado bloqueo político que llevó al país a celebrar cinco elecciones entre abril de 2019 y noviembre de 2022.
Desde el exterior, el resultado tampoco parece anticipar un cambio sustancial en la política regional israelí. Un funcionario político de Hezbollah, que pidió permanecer en el anonimato, declaró que un eventual cambio de gobierno no modificaría la posición de Israel en el Líbano, Siria, Gaza y Cisjordania. “Un cambio de poder no modificará la postura expansionista de Israel”, afirmó el dirigente del movimiento chiita, que insistió en que su organización mantendrá su apoyo a los palestinos y su política de resistencia frente a la ocupación.