Una nena de 11 años se cayó del caballo en plena competencia nacional. Lo que hizo después la llevó directo al podio: la historia de Luisana, la amazona neuquina que volvió a montar cuando todos le decían que esperara.
Luisana Pía Piccoli tiene 11 años, vive en Neuquén y acaba de volver de Córdoba con una copa que la consagra como campeona federal de equitación en su categoría. La competencia se disputó en el Jockey Club cordobés y reunió a 436 caballos con sus jinetes y amazonas.
La historia de la nena con los caballos no empezó con un triunfo, sino con una frustración. A los cinco años, cuando le pidió a su papá que la llevara a montar, la profesora consideró que no tenía la fuerza suficiente y el caballo la tiró un par de veces. Le recomendaron esperar.
Mientras tanto, probó con el tenis, el deporte de su hermana mayor. No le encontró la vuelta. “No la veía con interés en las clases de tenis. Cuando le pregunté qué quería hacer, me dijo: ‘equitación de vuelta’”, recordó su papá, Donato.
La segunda oportunidad fue distinta. Ya reunía las condiciones y desde entonces no se alejó más de los caballos. Hoy entrena de lunes a sábado en Costa Nogal, club al que llega después del colegio. “Salimos del colegio y nos vamos rápido para el club”, contó la joven amazona.
Del colegio a la pista: una rutina exigente
Luisana cursa sus estudios en el Colegio 82 de Neuquén y combina las clases con los entrenamientos diarios. Algunos días entrena por la mañana antes de entrar; otros, después. Las prácticas duran una o dos horas, pero el trabajo no termina cuando baja del caballo: también hay que bañarlo y ocuparse de sus cuidados.
“Vivimos más en el club que en nuestra casa”, resumió su papá sobre la dinámica familiar. La casa queda cerca del Paseo de la Costa y los traslados atraviesan buena parte de la ciudad. Aunque termina cansada, Luisana asegura que disfruta de lo que hace y que el esfuerzo vale la pena.
Para llegar al Federal, los jinetes y amazonas de la región de Neuquén y Río Negro compiten en seis fechas clasificatorias a lo largo del año. Luisana participó del Torneo Bienvenida en el Rincón Club de Campo, de una fecha en El Candil del Valle, en Fernández Oro, y de la última jornada en Costa Nogal. Los puntos acumulados le dieron la clasificación para representar a la zona en Córdoba.
El susto en la antepista y el regreso triunfal
La competencia se desarrolló durante tres jornadas, el 16, 17 y 18 de octubre. Era la primera vez que Luisana participaba de un concurso de esa magnitud. Hasta entonces había competido en la región y en otras localidades como Puerto Madryn.
El primer día arrancó con un segundo puesto. La familia había viajado con la idea de conocer el nivel y darle rodaje a la yegua, Cahuel Quimey Mañega, que todavía necesitaba acostumbrarse a otras pistas y al movimiento de un concurso grande.
Pero el segundo día llegó el momento de tensión. Cuando faltaban apenas dos participantes para su turno, Luisana se cayó del caballo en la antepista, el espacio donde los competidores hacen los ejercicios de preparación antes de entrar a la pista principal.
A pesar del golpe y de la incertidumbre, volvió a subirse y salió a competir. Lo que vino después fue una de las mayores alegrías del viaje: se quedó con el primer puesto de esa jornada.
El tercer día volvió a sumar puntos y terminó en cuarto o quinto lugar. La suma de los resultados de las tres fechas le permitió alcanzar el puntaje necesario para consagrarse campeona federal y quedarse con la copa.
“Me sentí muy feliz y emocionada por participar de un concurso tan grande”, contó Luisana. La alegría fue mayor cuando supo que había conseguido el primer lugar. “Me pareció un concurso muy lindo y con muy buena organización”, destacó sobre los días en Córdoba.
El orgullo de la familia y el regreso a la escuela
Luisana viajó acompañada por su papá, su mamá y su entrenador, Alejandro Figueroa. Las mañanas en Córdoba empezaban temprano: preparar a la yegua, darle de comer, hacerle masajes y recorrer la pista. Después, buena parte del día en el club y regreso al departamento para descansar y volver a empezar.
Para Donato, acompañar a su hija en este recorrido también fue una experiencia especial. Cuando Luisana empezó, él no sabía casi nada del mundo de los caballos. Con el tiempo se fue involucrando cada vez más. “Los caballos me terminaron encantando a mí también”, reconoció.
Por eso, cuando la clasificación se concretó, decidieron hacer el esfuerzo de viajar desde Neuquén. La posibilidad de conocer una competencia de esas características ya era una oportunidad importante para su desarrollo deportivo. El campeonato, en cambio, fue una sorpresa que superó las expectativas. “Fuimos a conocer y nos encontramos con esta sorpresa tan linda”, expresó.
La emoción fue compartida con la mamá de Luisana, aunque también hubo nervios y preocupación, sobre todo después de la caída del segundo día. El papá explicó que la equitación implica riesgos y que los familiares atraviesan cada competencia con cierta inquietud, porque los chicos deben desenvolverse sobre caballos de gran tamaño.
Al regresar a Neuquén, Luisana llevó la noticia de su consagración a la escuela. Sus compañeros y docentes la felicitaron y le propusieron que llevara la copa para que todos pudieran verla.
La consagración se sumó a una buena participación de los representantes de la región. Según contó Donato, Neuquén tuvo tres campeones nacionales en diferentes categorías y un tercer puesto. Entre ellos Julia Poma Ramos y Mateo González, quienes también entrenan en Costa Nogal.
Ahora, Luisana continúa con sus entrenamientos y tiene por delante nuevas competencias. Entre sus próximos compromisos se encuentra un campeonato que se realizará en la región el 14 y 15 de noviembre, mientras que la posibilidad de participar del Nacional todavía está por definirse.
Por lo pronto, la joven amazona ya tiene un recuerdo que la acompañará durante mucho tiempo: a los 11 años, después de insistir para volver a montar cuando era apenas una nena, consiguió convertirse en campeona federal de equitación y llevar el nombre de Neuquén a lo más alto del podio.