Ni milanesa con papas fritas: el plato que dejó de entrar en el presupuesto porteño

97,8 platos: el número más bajo para un mes de junio en toda la serie del Índice Milanesa. El dato que revela cuánto perdió el salario porteño frente a la mesa del restaurante.

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Ni milanesa con papas fritas: el plato que dejó de entrar en el presupuesto porteño
Ni milanesa con papas fritas: el plato que dejó de entrar en el presupuesto porteño

El deterioro del poder de compra de los trabajadores porteños ya se mide hasta en milanesas. Un salario promedio de la Ciudad de Buenos Aires alcanzó para comprar 97,8 platos de milanesa de ternera con guarnición al cierre del primer semestre, el registro más bajo para ese mes en toda la serie del Índice Milanesa con Papas Fritas, elaborado por la consultora I Ciudad.

La caída es del 12,9% frente a junio de 2023: son 14,5 milanesas menos, cuando el salario alcanzaba para 112,3 platos. El motivo está en la brecha entre la evolución de los ingresos y la del precio del plato.

El precio corrió más rápido que el salario

Entre junio de 2023 y junio de 2026, la milanesa pasó de $3.293 a $26.014, una multiplicación de 7,9 veces. En el mismo período, el salario promedio avanzó de $369.746 a $2.542.943, es decir, 6,9 veces. Aunque el ingreso nominal creció, no logró acompañar el encarecimiento de comer en un restaurante tradicional.

La tendencia tampoco se limita a la comparación con 2023. En junio de 2026 el índice cayó 1,8% interanual, de 99,6 a 97,8 milanesas: el precio del plato subió 33,7% y el salario promedio, 31,3%. Según el informe, ya son cinco las caídas interanuales consecutivas desde 2022.

Frente al máximo histórico la brecha es mayor: en junio de 2017 un salario promedio compraba 160,2 milanesas. Hoy son 62,4 platos menos, una pérdida del 39% respecto de aquel pico.

El semestre dejó 21 milanesas menos por mes

Si se mira todo el primer semestre, el deterioro es más evidente. Entre enero y junio de 2026, un salario promedio alcanzó para 110,2 milanesas por mes, contra las 131,3 del mismo período de 2023: 21,1 platos menos por mes, una reducción del 16%. La comparación también es negativa frente a 2025, con un promedio 4,3% inferior y cinco de los seis meses por debajo del año anterior.

Los restaurantes sienten el golpe

El índice de volumen físico de restaurantes tradicionales, que mide la cantidad de cubiertos vendidos, registró en junio 151,4 puntos y cayó 3,7% interanual. Frente a 2023 el retroceso llega a 21,2% y, contra noviembre de 2023, la caída acumulada alcanza el 29%.

En el primer semestre, el índice gastronómico quedó 14,4% por debajo de 2023 y 2% por debajo de 2025. Los datos provisorios de julio y agosto muestran una profundización: bajas de 7,2% y 7,1% interanual, respectivamente.

Menos empresas, menos empleo

El deterioro del poder adquisitivo ocurre en un mercado laboral que también perdió puestos. Entre noviembre de 2023 y junio de 2026, los empleadores en la Argentina bajaron de 512.357 a 481.015: 31.342 unidades productivas menos, una reducción del 6,1%. En la Ciudad de Buenos Aires pasaron de 122.155 a 119.017, 3.138 menos (-2,6%).

El empleo asalariado registrado también se contrajo: en el país se perdieron 354.128 puestos en el período, de los cuales 246.312 fueron del sector privado. En el último año, el empleo asalariado privado cayó en 126.201 puestos.

La gastronomía, el sector usado para construir el índice, no escapó al impacto: los trabajadores registrados de hoteles y restaurantes pasaron de 287.774 a 275.824, 11.950 puestos menos (-4,2%). En CABA, la pérdida de empleo privado registrado llegó a 44.955 puestos entre noviembre de 2023 y junio de 2026: la Ciudad pasó de 1.529.955 trabajadores privados registrados a 1.485.000, y en el último año perdió otros 24.840.

Aunque suene risueño, el Índice Milanesa resume tres movimientos que avanzan en la misma dirección: salarios que pierden frente a los precios, menor empleo registrado y un consumo gastronómico que se retrae. La cantidad de platos que puede comprar un trabajador no es solo una curiosidad estadística: es una medida concreta de cómo la crisis económica impacta en el bolsillo y modifica los hábitos de consumo.

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